Letras Desnudas

Mario Caballero

¿Por qué los gobiernos construyen mal y caro?

De acuerdo con el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado, son muchas las razones para que esto suceda, pero son dos las principales: la incompetencia y la corrupción.

La primera se refiere a la gente a la que se le delega la responsabilidad de ejecutar la obra pública del estado, que en su mayoría sólo llegan al puesto sólo por la amistad que tienen con el gobernante. Ahí que se programen y planeen construcciones erráticas y fuera de toda norma.

Lo otro es el mal endémico del país. La corrupción de los funcionarios públicos nos cuesta miles de millones de pesos cada año. Tan sólo en 2019 el costo de la corrupción fue de 14 mil 141 millones de pesos. En cuanto a la obra pública, son comunes los sobornos, las licitaciones fraudulentas y la inflación de los costos.

Por eso, los gobiernos construyen mal y caro.

Lo cierto es que no podemos negar que la inversión pública traducida en obras es uno de los aspectos claves para impulsar el desarrollo y el crecimiento del país. De ello depende que se cuente con escuelas, hospitales, desarrollos inmobiliarios, carreteras, presas, ductos para combustibles, suministro de agua, entre otros.

Desgraciadamente, la industria de la construcción ha sufrido los embates de la corrupción y la ineptitud gubernamental.

Nada más aquí en Chiapas hemos sido testigos de cómo en los gobiernos anteriores se planearon y ejecutaron obras con presupuestos sobregirados, con malos materiales, falta de estudios y terminando por ser enormes “elefantes blancos”.

Sumado a ello se antepusieron los compadrazgos, el amiguismo, los intereses políticos y económicos, factores que arrojaron obras mal construidas, entregadas a destiempo y, por lo general, a costos muy superiores a los presupuestados originalmente.

EL SABINISMO

En el gobierno de Juan Sabines Guerrero las obras fueron licitadas en las sombras y así, lo que debió verse como símbolo de progreso y desarrollo, acabó siendo un festín de corrupción y rapiña, representado por construcciones con vicios ocultos, daños estructurales, materiales de mala calidad e inservibles.

Como se ha dicho hasta el cansancio, esa administración que en 2007 contó con un presupuesto de 27 mil millones de pesos y que para 2012 casi lo duplicó con una cifra por arriba de los 46 mil 123 millones, fue la causante del mayor descalabro financiero que haya sufrido la entidad en la historia contemporánea.

El sabinismo maquilló los registros contables para ocultar faltantes, desvió recursos, contrató servicios innecesarios. Con decir que el 95 por ciento de los contratos los entregó por adjudicación directa, utilizando asimismo empresas fantasma, dejando obras inconclusas y realizando pagos excesivos.

En esos seis años, Sabines Guerrero recibió un presupuesto de 231 mil 887 millones de pesos, del que buena parte fue malversado y desviado a través de la obra pública. Una obra pública cara, deficiente, inutilizable y en no muy pocos casos invisible.

Fueron conocidos los casos de varios funcionarios del círculo íntimo de Sabines que utilizaron a la antigua Secretaría de Infraestructura para meterse dinero del pueblo a sus bolsillos. A través de una auditoría se descubrió que en esa dependencia operaban alrededor de nueve empresas de papel, a las que se les asignaron millonarios contratos de obra.

En 2013, se supo que más de cien contratos fueron enviados a proceso de anulación ya que los proyectos que amparaban fueron abandonados por las empresas constructoras. Sin embargo, el monto que se pagó por esas obras inexistentes ascendió a mil 509 millones 628 mil 69 pesos.

Dentro de esos cien contratos hubo 19 de los que no se reportaron avances en la ejecución de las obras, pero sí se pagaron en su totalidad. Lo que el gobierno sabinista pagó por ellas fue 101 millones 367 mil pesos. Para mayor inri, derivado de las 57 auditorías realizadas entre 2010 y 2011 por la Secretaría de la Función Pública federal, resultaron observaciones directas a funcionarios estatales por más de 5 mil 618 millones de pesos.

OTRA ÉPOCA, MISMAS MAÑAS

La administración de Manuel Velasco no fue la excepción. Muchos exfuncionarios de la Secretaría de Obras Públicas fueron señalados de construir grandes fortunas con dinero de los contribuyentes.

Los empresarios del ramo de la construcción los acusaron de pedir diezmos que iban desde el 10 hasta el 25 por ciento del valor de la obra. También de que los contratos iban a parar a las manos de empresas foráneas, especialmente del Estado de México y la capital del país, que por lo regular eran amigos del secretario y de otros funcionarios con mucho poder en el estado.

La obra púbica durante ese sexenio fue pura simulación. Bochornosos fueron los escándalos en la prensa nacional, que exhibía que las clínicas eran vaciadas y cerradas con candados dos o tres horas después de haber sido inauguradas por el exgobernador. El equipo médico, el mobiliario, las camas, todo, los subían a los camiones y era llevado a otro municipio o comunidad rural, donde el gobierno mavequista “inauguraría” otro centro médico. Y así sucesivamente.

EN LA 4T

Durante el gobierno del doctor Rutilio Escandón hay cambios sustanciales en el tema de la obra pública.

De entrada, más del 90 por ciento son ejecutadas por empresarios chiapanecos y mediante concursos de licitación transparentes. Además, ahora sí existe una correcta planeación y programación de las mismas, y debido al ahorro que se ha generado por el combate a la corrupción y la política de austeridad se ha garantizado el pago en tiempo y forma de los proyectos, factor que ha abonado a tener una buena relación con el sector privado.

En otras palabras, el dinero de la obra pública se queda en Chiapas y se ha ejercido con responsabilidad y en proyectos de mayor prioridad y de gran impacto social. Tan sólo en 2020, en plena pandemia, se desarrollaron 901 contratos por el orden de los 4 mil 500 millones de pesos, lo que generó empleos directos e indirectos.

Sin duda, Ángel Torres Culebro, como titular de la Secretaría de Obras Públicas, fue una pieza importante en la transformación de este importantísimo sector, que como dijimos antes es clave para el desarrollo del estado.

Torres Culebro fue uno de los funcionarios que mejores resultados le entregó al gobernador Escandón Cadenas.

Sin protagonismos, sino con compromiso firme, desarrolló un beneficioso programa con el que se construyeron clínicas, plantas de tratamientos de aguas residuales, pavimentación de calles, rehabilitación y modernización de infraestructura urbana, como alcantarillado sanitario, electrificación y agua potable. En este último caso, el programa “Agua Limpia”, que se ejecutó en conjunto con el gobierno federal, permitió atender con efectividad esta necesidad básica en 121 municipios de la entidad.

Bien por Tuxtla. Al decidir a favor de Ángel Torres como próximo presidente municipal eligió a un político comprometido, quien puso orden en la Secretaria de Obras Públicas, que impulsó la modernidad de la infraestructura de Chiapas, que hizo justicia social en la mayoría de los municipios de la entidad y que hoy, por estas mismas razones, encarna la esperanza de toda la población de la capital del estado.

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