Letras Desnudas
Mario Caballero
Felipe Alamilla se ha convertido en un dolor de cabeza para muchos políticos. No es gratuito, con punzante ojo crítico y veloz inteligencia, ha sido de los pocos periodistas que ha tenido el valor de señalar los agravios, la corrupción y los abusos de los hombres del poder en Chiapas.
Este 26 de abril cumple cinco años con su programa Denuncia Pública, y lo celebra con alborozo. Son pocos los programas radiales, sobre todo en esta era digital, que tienen la dicha de alcanzar un lustro con el mismo prestigio, consolidación y aceptación por parte del público que lo ve y lo escucha, porque también se transmite en video en tiempo real desde las cabinas de la llamada Torre Digital del Diario Media Gruop.
Esa aceptación, aunque huelga mencionarlo, tampoco es gratuito. Felipe ha sabido darle un estilo único a su conducción y al contenido de cada programa. Siempre irreverente, con manotazos en la mesa y sin pelos en la lengua, acusa, señala, cuestiona y en no pocas ocasiones ha puesto el dedo en la llega sobre temas de gran interés para la sociedad.
Ahí donde muchos callan, él levanta la voz y apunta con el índice para exigir respuestas, justicia y castigo para los políticos corruptos, a los que él suele nombrar como “lacras y gusanos de la sociedad”.
CRÍTICA CONTUNDENTE Y MORDAZ
Denuncia Pública se ha distinguido entre el mundo de programas de denuncia social que circulan en las distintas frecuencias por dos razones fundamentales.
La primera, por ser auténtico a la hora de darle la voz al pueblo. No censura a nadie, no excluye a nadie y tampoco les impone un diálogo a las personas que salen frente a la cámara y los micrófonos a manifestar sus exigencias o reclamos. Todo lo contrario, ejerce y permite que otros cultiven su libertad de expresión.
Por eso el esfuerzo de visitar las distintas colonias de Tuxtla Gutiérrez, donde con micrófono en mano y con un camarógrafo siguiéndole los pasos, Felipe entrevista a los ciudadanos y les da la oportunidad para que sean ellos mismos, con sus propias palabras, los que den a conocer sus inconformidades.
Como doña María del Rosario Martínez, habitante de la colonia Loma Bonita Terán, quien aprovechó la ocasión de que el programa se estaba transmitiendo desde ese lugar para denunciar las calles en mal estado y la falta de interés por parte del gobierno de Carlos Morales Vázquez por resolver el problema del alumbrado y la inseguridad. “Nunca hay patrullas vigilando y en muchas ocasiones han ocurrido asaltos”, dijo.
Otro colono, Sebastián Toalá, expuso que la colonia no cuenta con drenaje y que hay una terrible escasez de agua.
Como el caballero andante que no sabe quedarse callado ante las injusticias, Felipe cerró la emisión de aquel 19 de agosto de 2022 con duros cuestionamientos al alcalde de Tuxtla Gutiérrez:
“Qué pasó, señor presidente municipal, ¿por qué no le ha cumplido a la gente? Mire, aquí están las personas que confiaron en usted, que creyeron en sus palabras y a las que ahora tiene abandonadas. Tres veces buscaste la presidencia, ¿y para qué? Sólo para servirte con la cuchara grande. No es posible que después de tanto insistir e insistir en que querías ser alcalde de esta gran ciudad, no puedas con el cargo. Y si no puedes, ¡renuncia! Mientras tú estás cómodo ahí sentadito en tu oficina con aire acondicionado en el Edificio Municipal, ese que tú mandaste a enrejar para no atender a la gente, aquí están los tuxtlecos que no tienen agua, drenaje, ni calles. Lo invito señor alcalde a que visite esta colonia y se dé cuenta por usted mismo cómo viven las personas, que ya ni quieren salir a la tiendita de la esquina por miedo a ser asaltados. Pero no fuera tu fraccionamiento, donde en un claro abuso de autoridad mandaste a poner todo nuevo. Carlos Morales, eso no se vale. No seas corrupto. Cumple con tu obligación de atender a los ciudadanos y resuelve sus necesidades, que para eso te pagamos con nuestros impuestos”.
No ha sido la única vez que Felipe Alamilla cuestiona a Carlos Morales Vázquez, y tampoco ha sido el único al que cuestiona.
La segunda razón es la calidad moral con que ejerce el periodismo, que se basa en la crítica al poder.
La crítica no sólo es legítima en las sociedades democráticas, sino también necesaria. Pues no puede haber una sociedad liberal sin una prensa libre y crítica. Ya lo decía Alexis de Tocqueville en La democracia en América: “Mientras más observo los efectos principales de la prensa libre, más me convenzo de que, en el mundo moderno, la libertad de prensa es la principal y en cierto modo el elemento constitutivo de la libertad”.
Felipe Alamilla ha ejercido esa libertad con honradez y compromiso social; ética y profesionalismo.
Lo conocí en los primeros días de febrero de 2020, meses antes de que en Chiapas se registrara el primer contagio de coronavirus. En Tuxtla se habían disparado los índices de inseguridad, los asaltos a cuentahabientes y Carlos Morales Vázquez anunciaba su intención de reelegirse. A la sazón, Felipe me hizo la invitación para participar en su programa y hablar acerca de esos temas.
Hasta ese momento, no lo conocía en persona. Llegué al edificio de la que ha sido mi casa periodística desde hace más de siete años y él mismo salió a recibirme en cuanto le avisaron sobre mi llegada. La primera impresión que tuve fue la de un hombre muy seguro de sí mismo, sincero e implacable. Cuatro años después de ese primer encuentro lo reafirmo y agrego que también sabe ser un gran amigo y es un profesional en toda la extensión de la palabra. Dos cualidades no fáciles de encontrar en las personas hoy en día.
“No lo creas, pero desde un día antes de empezar un nuevo programa siento una enorme emoción”, me confesó en una de nuestras últimas charlas telefónicas. Es fascinante que esa emoción la convierta en una crítica contundente y mordaz. Como la que le hizo en días recientes al exauditor superior del estado, Uriel Estrada Martínez, el diez de abril reciente:
“En este mundo ingrato de la política aldeana hay quienes se comportan como rufianes y aprovechan cualquier oportunidad para escalar puestos de representación popular. Y aun así se dicen, óiganlo muy bien, los ofendidos, porque se ofenden cuando les decimos que son lacras, que son unas verdaderas bestias del desierto. Es el caso de este que se cree indígena, José Uriel Estrada Martínez, quien con su candidatura indígena por Simojovel ha puesto en evidencia que a los partidos políticos con lana se les compra el espacio. De veras, hasta dónde ha llegado el Verde, hasta dónde han llegado los morenos, que venden las candidaturas”, dijo.
MÁS AÑOS EXITOSOS
Me llena de orgullo que el programa Denuncia Pública esté cumpliendo cinco años de transmisión ininterrumpida, y ojalá sean muchos años más. Felipe Alamilla y su gran equipo de trabajo se merecen todo nuestro reconocimiento. Porque cinco años se dicen fácil, pero son mil 825 días en los que han tenido que navegar en aguas procelosas, en medio de un país polarizado y en una época nada fácil para ejercer el periodismo.
Te felicito, querido amigo. No sólo has llegado a esta fecha con todo el éxito por delante, sino también has logrado despertar conciencias a través de la denuncia formal e informada, y a pesar del enorme deterioro de la conversación pública.










