Letras Desnudas
Mario Caballero
“En el año de Hidalgo, chingue a su madre el que deje algo”.
No sé de dónde provenga esa expresión. Lo que sí sé es que no tiene nada que ver con el prócer de la patria y que es utilizada desde la década de los setenta para referirse al último año de gobierno, ya sea de un presidente de la República, gobernador o cualquier servidor público.
Tristemente, está relacionada con la corrupción, cuando el sexenio está disminuido y se abren los espacios para que, quienes pueden, se sirvan con la cuchara grande y roben descaradamente.
De acuerdo con algunos comentarios el que se está dando un buen “año Hidalgo” es el director general del Conalep en Chiapas, Carlos Aymer Albores Constantino, quien de acuerdo con denuncias de los mismos trabajadores de esa institución y algunos funcionarios del Gobierno del Estado está literalmente saqueando el organismo.
Es indignante que este tipo de funcionarios, con pleno abuso de autoridad, asalten las arcas públicas hasta dejarlas sin ningún centavo. Ese dinero es de los contribuyentes, aportado para satisfacer las muchas necesidades de la población, como la salud, educación, vivienda, empleo, etcétera, no para satisfacción y enriquecimiento de los que ostentan los cargos públicos.
CORRUPCIÓN Y ABUSO DE AUTORIDAD
Carlos Albores es conocido por ser un funcionario déspota y arbitrario, además de incompetente y corrupto.
Durante su gestión se han presentado muchas denuncias por despedidos injustificados, hostigamientos laborales, amenazas y acoso en contra de docentes y personal administrativo.
Ejemplo de ello es el despido forzado de Álvaro Cano Salinas, quien tenía más de 13 años de antigüedad en el plantel de Palenque, cuyo último cargo en la institución fue el de jefe de Promoción y Vinculación, Capacitación Laboral y Certificación de Competencias.
A Carlos Albores no le importó que señalado trabajador fuera una persona de la tercera edad y que en el momento de ser separado del puesto atravesara por un proceso de recuperación de pie diabético y problemas en sus articulaciones.
Inclusive, Cano Salinas contaba con licencia médica expedida por el ISSSTE, por lo que tenía varios meses de estar desempeñando sus labores no de manera presencial, sino a distancia. Dicha prescripción le ordenaba tener reposo absoluto.
Pero, repito, a Albores Constantino no le importó: giró órdenes para que el señor Cano fuera obligado a presentarse a trabajar.
No contento con eso le pidió al director de Asuntos Jurídicos y Legales del Conalep, de nombre Jorge Amet Pérez Córdova, y al director del plantel, Luis Humberto Limón González, iniciarle una campaña de acoso laboral y amenazas con tal de orillarlo a presentar su “renuncia voluntaria”.
Y tras tantas presiones y amagos, Álvaro Cano firmó el convenio de terminación laboral el 25 de septiembre de 2023. Para ello, los dos funcionarios mencionados le ofrecieron el pago de un finiquito por la cantidad de 271 mil pesos.
Fue una trampa.
Le dijeron que firmara todos los documentos, incluido el recibo del finiquito, con tal de que no viajara a Tuxtla Gutiérrez en su condición de salud, asegurándole que el pago le sería transferido a la cuenta bancaria.
Al firmar, Cano observó que el finiquito ya no era de 271 mil, sino de 171 mil 930 pesos, y que la fecha del recibo de pago era del dos de octubre de 2023.
Obvio, alegó. La respuesta del jurídico y del director del plantel fue que esa había sido la orden de Carlos Albores. Así que o lo recibía o lo someterían a un procedimiento para destituirlo sin pago alguno.
Indefenso y enfermo, aceptó. Lo último que se supo del caso de este trabajador es que seis meses después de firmar su renuncia no había recibido ni un solo peso.
Por otra parte, la falta de interés de Albores Constantino por los derechos de los docentes propició un paro de labores en los once planteles del estado en pleno arranque de clases en agosto de 2022.
Los docentes manifestaron que el director general se negaba a pagar las becas de posgrado y el estímulo al desempeño académico, así como a cumplir con la demanda de regularizar los salarios y prestaciones en las categorías de las nuevas carreras, entregar los recibos de pagos quincenales y publicar la certificación actualizada de la carrera de enfermería y los reconocimientos a su antigüedad laboral, lo cual había sido parte de los compromisos pactos en el contrato colectivo de trabajo.
Durante los días que tardó la protesta, más de siete mil alumnos resultaron afectados.
En diciembre del mismo año, explotó un nuevo paro laboral y por las mismas razones, pues Albores siguió sin cumplir los acuerdos.
Por si fuera poco, ese mes Albores se fue a descansar por el periodo de vacaciones decembrinas, pero no les pagó a los maestros del Conalep de todo el estado. No les depositó el bono navideño, la quincena, los días económicos, el aguinaldo, los días no laborados, la despensa y la canasta navideña. Ante el reclamo, se lavó las manos dejándoles la responsabilidad a los jefes de área de recursos humanos y financieros y a los directores de las escuelas, que se echaron la bolita los unos a los otros.
Los pagos, simplemente, no aparecieron. Las familias de esos cientos de trabajadores pasaron la navidad y los festejos de año nuevo sin dinero.
AÑO DE HIDALGO
Ahora bien, las denuncias dadas a conocer a este columnista refieren que Carlos Albores se está sirviendo con todo en este “año Hidalgo”. Igual al reto de beber de un solo golpe hasta no dejar ni una sola gota en el vaso o la copa, el director del Conalep quiere dejar sin un solo peso las cuentas de la institución.
Se dice que está obligando a todos los directores de los planteles a que viatiquen diario y a como dé lugar. No importa si se inventan alguna salida de trabajo a la capital, o alguna reunión que implique gastos de traslado, alimentación y hospedaje o lo que sea, el caso es tratar de “justificar” el egreso.
El dinero, aunque efectivamente es cobrado por los directores, termina en las manos de Albores Constantino, según comentan los denunciantes.
¿A cuánto asciende el fraude? Imposible saberlo. Empero, podría ser un mundo de dinero si se toma en cuenta que desde mayo de 2021 hay señalamientos de que cada quincena se les estaba depositando viáticos por alrededor de seis mil pesos a los trabajadores de confianza de todas las escuelas. Dichos recursos también se retiraban de las cuentas personales de los empleados y se entregaban al contador del plantel, quien hacía lo pertinente para que llegara en poder del director general.
En este momento, se dice que el principal recaudador de esos recursos es el jefe de Proyecto de Evaluación del Conalep, Luis Alberto Marmolejo Morales, quien antes ocupó el puesto de secretario técnico operativo del IAP-Chiapas durante la administración de Amador Rodríguez Lozano, exfiscal de Chiapas que en junio de 2008 hizo el milagro de convertir dos toneladas de cocaína en leche en polvo.
Así el “año de Hidalgo” de Carlos Albores, que seguramente al final de este sexenio terminará en la lista de los nuevos millonarios de Chiapas. Con todo respeto, salió cochi… y bien trompudo.










