Letras Desnudas / Mario Caballero
Si algo no tiene José Uriel Estrada Martínez es un pelo de tonto.
En la entrevista que concedió hace unos días obviamente iba a aprovecharla para deslindarse del robo ocurrido el pasado fin de semana a la Auditoría Superior del Estado. Dijo que no tiene ninguna responsabilidad en el asunto y menos con la institución, pues él abandonó el cargo desde el mes de febrero. Inclusive, asegura que nadie tiene siquiera por que llamarlo a declarar y tampoco incriminarlo, como dando a entender que su conciencia está tranquila.
Pero, ¿por qué deberíamos creerle? Si existe alguien en este sexenio que demostró ser digno de toda desconfianza es precisamente él.
Mis lectores conocen que no es mi estilo descalificar y emitir juicios a rajatabla en contra de tal o cual personaje. Siempre trato de que mis opiniones estén sustentadas en datos e información comprobable. No me gusta especular y jugar al agorero. El análisis político no es de nigromantes y el periodismo no utiliza bolas de cristal.
Sin embargo, en este caso específico he de confesar que considero el atraco a la Auditoría Superior como un autorobo y que hay elementos de peso suficientes para sospechar de Uriel Estrada como el o uno de los autores intelectuales del mismo.
Si hace el gran favor de seguirme con su lectura, trataré de explicarlo en las siguientes líneas.
LOS ELEMENTOS
Ernesto Sábato, en su libro Sobre héroes y tumbas, decía que “no hay casualidades sino destinos”.
Partiendo de esa premisa, observemos el robo al órgano fiscalizador, el cual sucedió en la misma semana en que Uriel Estrada fue duramente criticado en la prensa local, que dio pormenores de los señalamientos en su contra por corrupción, nepotismo, extorsión y enriquecimiento ilícito.
Incluso, el que esto escribe denunció en la columna que pareció en estas páginas el martes cinco de noviembre haber sido informado de que un grupo de empleados de la ASE estaba trabajando a marchas forzadas en la limpieza de las cuentas de los presidentes municipales salientes con los que Uriel tenía tratos. Y en la columna del miércoles seis se exhibió una lista de nombres de los principales funcionarios presuntamente implicados.
En esa misma semana, aparecieron diversos artículos de opinión y editoriales en los que se manifestó la procedencia de un juicio político en su contra. Sin duda, el hoy diputado indígena debe ser desaforado y llamado a rendir cuentas a la justicia por las muchas acusaciones que pesan sobre él.
Por tanto, creer que el robo a la ASE se trató de un asunto fortuito es muy ingenuo. Más bien, parece haber sido planeado.
Primero, los que entraron a robar sabían dónde se encontraban las cosas que se llevaron. Segundo, no hurtaron nada más, ni siquiera un lápiz. Tercero, los vigilantes no vieron ni escucharon nada a pesar de que las cerraduras de las puertas de las oficinas fueron violadas. Cuarto, e insisto, el atraco se llevó a cabo en los mismos días que comenzó a hablarse de la procedencia de un juicio político contra Uriel Estrada.
Como dijo Sábato, “no hay casualidades sino destinos”.
IMPRECISIONES
Otro elemento estriba en la imprecisión de los comunicados emitidos tanto por la Fiscalía General del Estado como por la Auditoría Superior.
La Fiscalía fue la primera en dar a conocer el robo, después el órgano fiscalizador, pero éste dijo que se había tratado de un asalto, lo cual no es lo mismo.
Luego, la Fiscalía dijo que el delito se había cometido el sábado por la noche, mientras que la ASE aseguró que fue en los últimos minutos del viernes, pero lo dio a conocer hasta el día domingo y eso porque los presidentes de la Mesa Directiva y la Junta de Coordinación Política de Congreso del Estado se habían manifestado al respecto, exigiendo que los hechos fueran investigados, ya que calificaban el acto como un atentado a la transparencia y la rendición de cuentas.
Ergo, la Fiscalía anunció el robo de cajas de documentos, así como dos laptops. Y la Auditoría afirmó que los ladrones no se llevaron expedientes, sino tres equipos de cómputo.
Fuentes consultadas por este columnista aseguran que el robo se ejecutó el viernes en la noche y que las cosas sustraídas fueron tres computadoras.
A la sazón, ¿por qué la Fiscalía fue tan inexacta en sus comunicados? ¿Por qué la ASE dio conocer los hechos delictivos hasta el día domingo si éstos se suscitaron en la noche del viernes?
Algo que he aprendido en los años que llevo como comentarista político es que si algo tiene pico de pato, patas de pato y grazna como pato, entonces se presume que es un pato.
De este modo, si la Fiscalía se demoró en comunicar el robo y erró tanto en las particularidades de éste, no podemos más que presumir que o trataba de ocultar algo o simplemente desinformar.
Es más, de acuerdo con mis fuentes, los elementos de la Fiscalía encargados del caso obtuvieron desde el primer momento los videos de las cámaras de seguridad del órgano fiscalizador. ¿Por qué no lo dijeron?
Todo parece indicar que desde un principio tuvo la intención de encubrir a los responsables del robo. Tal como también parece tenerlo ahora que dio a conocer la detención del presunto autor material del hurto, más otras dos personas que según habían comprado dos equipos de cómputo, ya que dice seguir con la investigación del paradero de los equipos porque al final no fueron tres sino cuatro las computadoras sustraídas.
Por si fuera poco, no es un secreto la relación que Uriel Estrada tiene con muchos altos mandos de la Fiscalía General del Estado.
LOS EQUIPOS
Ahora bien, se sabe que en esos equipos hay información contable, presupuestal y respecto a los avances de las obras de todos los municipios de Chiapas, y Estrada Martínez es acusado precisamente de extorsionar a los presidentes municipales a cambio de no hacerles observaciones en las auditorías y limpiar sus irregularidades en el ejercicio de los recursos públicos.
Además, por lo menos dos de las tres computadoras robadas pertenecían a Jesús Sotero Vidal Gómez, director de Análisis y Desarrollo de la Hacienda Pública, y Aymer Oskar Cruz Cerda, subdirector de Desarrollo de la Hacienda Pública, quienes nunca dejan sus equipos en la oficina, salvo el día que fueron robados.
Ambos funcionarios están ligados a Uriel.
¿A QUIÉN LE CONVENÍA?
Por último, ya con todas las miradas encima, se intentó desviar el objeto del robo queriendo minimizar los hechos. El mismo Wenceslao Calderón Maza, al que Uriel Estrada impuso como su sucesor, dijo que no había problema ya que la documentación generada en el proceso de fiscalización cuenta con respaldo digital en los diversos sistemas informáticos.
Pero una cosa es que haya un respaldo de la documentación y otra que la información que había o hay en las computadoras robadas estuviera realmente respaldada.
En fin, todo visto en su conjunto supone que se trató de un autorobo y que el principal sospechoso es el diputado indígena y exauditor superior del estado, Uriel Estrada Martínez, al que más le convenía que esa información desapareciera.
Si no, ¿por qué se dijo que eran cajas y no computadoras y por qué se demoraron tanto las autoridades en dar a conocer el robo? Porque posiblemente en esos equipos se encontraban las pruebas de la corrupción de Uriel Estrada y se necesitaba tiempo para eliminarlas o, en todo caso, respaldarlas en otros dispositivos.










