Letras Desnudas

Mario Caballero

Un ejercicio democrático del tamaño como el que llevó a cabo Morena y sus aliados en fechas recientes, siempre deja ganadores y perdedores, independientemente de los precandidatos derrotados y el triunfador.

Hay que decir que el bloque oficialista se metió en camisa de once varas al emprender una competencia innovadora que, a la verdad, le salió bastante bien. Cuando medio mundo creía que todo terminaría siendo un cochinero para disimular el “dedazo” presidencial, acabó por darle legitimidad al nombramiento de la que hoy se ostenta como Coordinadora Nacional de los Comités de Defensa de la Cuarta Transformación.

Como ya estaremos enterados, Morena le dijo no al tradicional proceso interno para la selección de su candidato y en cambio optó por el procedimiento de encuestas, donde todos los ciudadanos podrían votar por el aspirante de su preferencia o por el que llenaba sus expectativas. Al final, el que resultara con el mayor porcentaje a favor sería ungido como candidato a la Presidencia de la República.

Así, las “corcholatas”, seis en total, se lanzaron a competir entre sí. Entre ellos el ex secretario de Gobernación, Adán Augusto López Hernández; el ex diputado petista Gerardo Fernández Noroña; el ex líder de la bancada de Morena en el Senado, Ricardo Monreal; el ex senador del Partido Verde, Manuel Velasco Coello; la ex jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, y el ex canciller Marcelo Ebrard.

En resumen, durante varias semanas todos recorrieron el país buscando obtener la confianza de los electores, y la que ganó fue Claudia Sheinbaum, a quien veremos en la boleta de 2024 como candidata presidencial de la alianza Morena-PT-Partido Verde.

Hubo, desde luego, algunas inconformidades por parte de uno de los aspirantes, Marcelo Ebrard, quien hizo berrinche al alegar una cargada a favor de Sheinbaum. Tal como haría su mentor Manuel Camacho Solís cuando el presidente Carlos Salinas eligiera a Luis Donaldo Colosio como candidato del PRI a la Presidencia en 1994.

Empero, de ahí en adelante todo marchó conforme a lo planeado y el famoso dedazo de Andrés Manuel López Obrador nunca apareció, al menos no de manera directa.

Pero no quiero hablar de estos perdedores, sino de los otros perdedores, de los que les apostaron el todo por el todo a los precandidatos. En específico de uno de ellos: Juan Sabines Guerrero.

PERDIÓ CON SU JEFE

Juan Sabines le metió toda la carne al asador al proyecto de Marcelo Ebrard, quien en este sexenio fue su jefe en la Secretaría de Relaciones Exteriores. Inclusive, se sabe que operó en contra del resto de los aspirantes. Pero le falló la apuesta.

A saber, tenía mucho que perder y mucho que ganar al mismo tiempo. Si ganaba, le significarían otros seis años incrustado en el poder, viviendo del presupuesto y con la oportunidad de capitalizarse políticamente.

Si perdía, vería contados sus días de impunidad. Así de simple.

Hemos de saber que todo este tiempo ha ejercido un cargo diplomático que no merecía y para el que no cuenta con ninguna experiencia. Ahí que su desempeño no haya sido inútil, sino mediocre.

Llegó a ocupar el Consulado de Orlando, Florida, por una mera transacción política. Fue designado por el gobierno de Enrique Peña Nieto a mediados de 2015 y se sabe que dicho nombramiento fue porque siendo gobernador de Chiapas desvío recursos del estado para financiar la campaña presidencial del priista. Es decir, fue su premio a la corrupción y su pase directo a la impunidad.

Sabines es, sin lugar a dudas, el gobernador más corrupto en la historia reciente de Chiapas. Su administración se construyó con encarcelamientos injustificados, saqueo al erario público y ocurrencias que nos costaron a los chiapanecos miles de millones de pesos.

Tras los seis años de su “gobierno” dejó endeudado al estado con 42 mil 200 millones de pesos. Sin embargo, no todo el dinero fue a parar a su bolsa, parte de ese dineral que pudo servir para la construcción de escuelas, hospitales, clínicas, carreteras, pavimentación de calles, en fin, para el bienestar de la sociedad, la invirtió en la promoción de su imagen, ya que en sus alucinaciones, producto de su conocido consumo de estupefacientes, quiso ser candidato a la Presidencia en 2012.

Otra parte la repartió entre líderes sociales, dirigentes de partidos políticos, diputados, senadores y diferentes candidatos de elección popular, ya que entendió que con dinero podía comprar impunidad y obtener cargos públicos, como lo hizo con Peña Nieto.

El presidente Andrés Manuel López Obrador lo ratificó en el puesto a inicios de este sexenio, y con ello continuó gozando de impunidad.

En ambos periodos, el puesto lo utilizó para otras cosas menos para las funciones para las que había sido designado. Por ejemplo, lo aprovechó para tomarse fotos con altos funcionarios de Estados Unidos, queriendo demostrar que era importante.

También para hacer política cuando su encargo era asistir a nuestros compatriotas en diferentes trámites, como defensa legal y la expedición de documentos oficiales. Mejor todavía, para refugiarse en la inmunidad diplomática para no darle cuentas a la justicia por las muchas denuncias en su contra que se encuentran congeladas en la Fiscalía General de la República por delitos como abuso de autoridad, tortura, desvío de recursos públicos, enriquecimiento ilícito, entre otros.

¿Sabe qué? Aparte de su inutilidad en el consulado, dejó abandonado el cargo cada vez que le venía en gana. Cuando su lugar de trabajo era en Orlando, se la pasaba despachando en la Ciudad de México y especialmente en Acapulco, Guerrero, donde tiene intereses políticos y múltiples negocios inmobiliarios con la alcaldesa de esa ciudad.

Por el solo hecho de ser cónsul, se creyó indispensable para el proyecto de Marcelo Ebrard, quien lo nombró coordinador regional de campaña. Pero una vez que el ex canciller perdió en las encuestas, Sabines también perdió.

LA OTRA DERROTA

Pero Sabines tiene una derrota más, esta vez en el terreno local.

Desde hace varios años, metió a su gente, a los que fueron sus cómplices en el desfalco millonario a las arcas de Chiapas, a operar a favor de Zoé Robledo Aburto.

Igual que con Ebrard, creyó que con Robledo podía volver al poder en el estado, recuperar injerencia en las decisiones y meter las manos en el presupuesto. Es más, pensando que el director del IMSS llegaría al Gobierno de Chiapas, tendría la oportunidad hasta de impulsar la carrera política de su hijo mayor, Juan Pablo Sabines Aguilera.

No obstante, el negocio se le hizo agua cuando el mismo presidente de la República anunció en una de sus conferencias de prensa matutinas que Zoé Robledo había declinado a sus aspiraciones a ser gobernador del estado.

¿FIN?

Por tanto, si alguien es el gran perdedor en todo este proceso sucesorio es Juan Sabines Guerrero.

Ojalá que los políticos que tomen las riendas del país y de Chiapas el próximo sexenio le pongan un fin a la impunidad de Sabines, quien no merece seguir al frente de un cargo diplomático, sino en la cárcel pagando por los muchos delitos que cometió en contra del pueblo chiapaneco, al que condenó a la miseria, la pobreza y al pago de una deuda que hipotecó la vida de tres generaciones.

X: @_MarioCaballero

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