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En contra de la persecución política

Letras Desnudas

Mario Caballero

Alejandro Moreno Cárdenas, presidente nacional del PRI, junto con los líderes del PAN y PRD, acompañados por los titulares y miembros de diversos organismos autónomos, representantes de los medios de comunicación y sociedad civil, realizaron hace unos días una conferencia de prensa bajo el título: “En contra de la persecución política”.

En ella, afirmaron que el gobierno federal y los morenistas han emprendido una campaña de difamación, represión y actos autoritarios contra la libertad de pensamiento y las fuerzas opositoras del país. Alertaron, también, que los detentores del poder buscan, a través del amedrentamiento y la judicialización de la política, instaurar una dictadura.

Lo dicho por el priista no cae en ninguna falsedad considerando que el actual régimen ha asumido una actitud feroz contra los que no coinciden con las decisiones, iniciativas, proyectos, pensamientos y reformas constitucionales del movimiento cuatroteísta. Es más, no importa de dónde o de quién provenga la oposición. Las más de las veces han arremetido con toda la fuerza del poder, utilizando incluso a la Fiscalía General de la República, para silenciar las voces disidentes.

Lo más reciente es haber llamado “traidores a la patria” a los diputados federales que votaron en contra de la reforma eléctrica. ¿Fue eso traicionar a la patria? No lo creo. El Código Penal, en su título primero del segundo libro, establece 15 supuestos de los que se puede considerar traición a la patria. Estos son:

Realizar actos contra la independencia, soberanía o integridad de la nación; atentar contra el país mediante acciones bélicas a las órdenes de un Estado extranjero; formar parte de grupos armados dirigidos o asesorados por extranjeros, dentro o fuera del país; reclutar gente para hacer la guerra a México, con la ayuda o bajo la protección de un gobierno extranjero; ocultar o auxiliar a quien cometa actos de espionaje; proporcionar información a otros Estados para invadir el territorio nacional o facilitar la entrada a puestos militares, o bien, que cometa rebelión, terrorismo, sabotaje, una vez que haya sido declarada la guerra, entre otros.

Por tanto, votar en contra de una iniciativa de reforma no se considera una traición a la patria, así como tampoco lo es cuestionar al gobierno. Todo lo contrario, que los partidos políticos de oposición se hayan unido para impedir la entrada de una ley que consideraron retrógrada es lo que en países democráticos se llama pluralismo y además refuerza los contrapesos y los equilibrios indispensables en el ejercicio del poder.

En ese sentido, cuestionar las acciones y resoluciones del gobierno es llanamente libertad de expresión. Reflexionemos en esto: ¿desde cuándo ejercer la crítica es ilegal? ¿Desde cuándo pensar distinto en México se juzga como una trasgresión que merece ser castigada? Tanto lo uno como lo otro, son derechos garantizados en la Constitución. Así que perseguirlos, castigarlos o vilipendiarlos, sí va contra la ley y es –como lo asegura Alejandro Moreno- “una amenaza manifiesta contra todas las personas que se atrevan a alzar la voz”.

TIEMPOS MÁS OSCUROS

Aquí no vale aquella frase de “y dónde estaban cuando…”, porque lo que en verdad interesa en ver la realidad con los dos ojos bien abiertos. Y tampoco interesa sí se es priista, panista, perredista o de ningún partido, pues también es cierto lo que dijo el líder del PRI de que “jamás habíamos visto un ataque tan brutal desde el gobierno de la República contra todos aquellos que piensan distinto, a quienes estigmatizan y tachan de reaccionarios, de no querer construir por el país”.

Claro, no se puede ocultar que en el pasado reciente vivimos una época oscura en la que líderes políticos, activistas, periodistas y medios de comunicación fueron silenciados.

Ahí está el caso de Carmen Aristegui y su reportaje de la Casa Blanca, que según le costó ser despedida de MVS Radio en marzo de 2015 por presiones del gobierno de Peña Nieto a esta empresa. O el acoso judicial del periodista Sergio Aguayo, quien había sido condenado a pagar medio millón de dólares por denunciar la corrupción del exgobernador de Coahuila, Humberto Moreira. Empero, todo esto no se compara con lo que vivimos hoy en día.

Ejemplos hay muchos. Para empezar, la satanización de los intelectuales Héctor Aguilar Camín y Enrique Krauze, tildados por el primer mandatario como corruptos al servicio de “la mafia del poder”. Fueron acusados de obtener enormes beneficios al amparo del poder. Inclusive, la revista Nexos, de Aguilar Camín, fue inhabilitada y multada por la Secretaría de la Función Pública. No obstante, resultó que la acusación fue falsa e injustificada. El también escritor e historiador comprobó que los contratos que había obtenido por publicidad oficial fueron realizados en un marco de legalidad y por los cuales pagó los impuestos correspondientes.

Últimamente, los ataques contra Carlos Loret de Mola ejemplifican el escarnio, la violencia verbal y la campaña de desprestigio contra medios y periodistas. Si de por sí ya era un atropello por parte del Ejecutivo federal tacharlo de corrupto y mafioso por el pecado de cuestionar y hacer públicos los privilegios, lujos y excesos del hijo mayor del presidente de la República, ahora exhibir los supuestos ingresos del periodista fue un acto ilegal y un abuso de poder.

¿Y qué decir de los activistas y ambientalistas que, tratando de denunciar los daños al medioambiente en la construcción de un tramo de la vía del Tren Maya, fueron fustigados y calificados de oportunistas, conservadores, falsos ambientalistas e hipócritas?

¿Qué de los papás de los niños con cáncer que, exigiendo tratamientos para sus hijos, fueron desestimados por el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, quien los llamó impunemente golpistas?

¿Qué del llamado del dirigente nacional de Morena, Mario Delgado, quien expresó que a los “traidores” que votaron en contra de la reforma eléctrica había de mandarlos a “fusilar de manera pacífica”?

Repito: si antes vivimos tiempos oscuros, los actuales son mucho pero mucho peor. Porque descalificar desde la tribuna del poder y llamar traidores, conservadores, reaccionarios, hipócritas y pedir fusilamientos pacíficos para los que piensan diferente, cuestionan o critican al gobierno, no es un asunto cualquiera. Es la voz del que gobierna la que habla y pide ajusticiamientos multitudinarios, y puede empujar a la sociedad a cometer acciones que nadie desea y que pueden atentar contra la vida de las personas.

¿HACIA UNA DICTADURA?

Hay que reconocer que el gobierno actual ha logrado avances importantes en algunos temas, como el incremento de los salarios mínimos y la dignificación de las pensiones. Sin embargo, abrir investigaciones contra la oposición y perseguirla políticamente está manchándolo todo y trasgrediendo la democracia.

No sé si el gobierno de la Cuarta Transformación quiere instaurar una dictadura, pero la reforma que busca desbaratar al INE, al Tribunal Electoral, a los organismos electorales locales, los cargos plurinominales y militarizar la seguridad pública, da la apariencia que para allá se dirige. La verdad, preocupa.

yomariocaballero@gmail.com

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