Letras Desnudas

Mario Caballero

Damián Estrada Moreno era un niño de tres años de edad, que apenas comenzaba a abrir los ojos a la vida.

No entendía de rencores, de odios, ni de maldad. No sabía más que del amor, el cariño y la protección de sus padres.

Hacía poco tiempo que había empezado a hablar entre balbuceos, a jugar con sus juguetes y le gustaba ver caricaturas en el celular de su mamá. A su corta edad había dado muestras de ser un niño inteligente, y de seguro la vida le deparaba un futuro brillante y exitoso.

Empero, por la negligencia de varias personas que estaban a su cuidado en la guardería “Piguin & Babe” su futuro se vio truncado y al momento de redactar estas líneas nadie había dado una explicación veraz de la causa de su extraño fallecimiento y mucho menos alguien había sido responsabilizado.

Ante una situación así, ¿qué se les puede decir a sus padres? O, mejor dicho, ¿qué consuelo pueden tener?

Como padre de familia que soy no intuyo que exista un dolor más grande que la pérdida de un hijo. Y considero que todos los que hemos sido bendecidos con hijos o hijas, deberíamos ser solidarios con esta familia que llora desconsolada y deshecha.

Por eso a Amparo Moreno y al señor Estrada, padres de Damián, va toda mi solidaridad. Y me uno a las expresiones de justicia que también el Diario de Chiapas, mi casa editorial, ha hecho suyas sobre este caso. Y hago eco de los reclamos de los diferentes grupos sociales que han manifestado el interés de que las autoridades hagan un exhaustivo ejercicio para la regularización de estas instituciones educativas, pues no sería la primera vez que un menor pierda la vida en una situación similar.

¿CÓMO MURIÓ?

Que se esclarezca la causa real de la muerte de Damián es un asunto de la mayor importancia. No se trata, por supuesto, de venganza, como lo dijo Cristel Ramírez, tía del pequeño, sino de un acto de justicia.

La Fiscalía General del Estado debe comprometerse a realizar una investigación profunda y transparente del caso. No caer en el juego perverso de terceros, incluidos los funcionarios de la Secretaría de Educación estatal, que tal vez quieran manosear el proceso con tal de proteger a los responsables. Sobre todo, conociendo los rumores de que los propietarios de esta guardería tienen vínculos con algunas autoridades de esta dependencia.

Es decir, que la Fiscalía indague e integre los elementos de prueba en la carpeta de investigación correspondiente y determine cuál fue la causa real del deceso del menor. Aunado a ello, que no le tiemble la mano para llegar hasta las últimas consecuencias, sea quien sea. Puesto que, si la muerte de Damián es por sí misma inaceptable, sería todavía más inaceptable que quedara impune por errores o manipulación del proceso.

De acuerdo con la primera versión, el niño murió al mediodía del martes pasado por supuesta broncoaspiración cuando ingería sus alimentos, según declararon los propietarios de la guardería, que lleva por nombre Instituto Educativo Piguin & Babe, ubicado en la 8ª. Norte Poniente, en el barrio Juy Juy, en Tuxtla Gutiérrez.

Sin embargo, la madre del pequeño relató a los medios de comunicación que su hijo le fue entregado “todo mojado” y que la directora de la institución le había dicho que “el niño se había salido del área de recreo y que se había caído a la alberca”.

Entonces, ¿murió ahogado al tomar sus alimentos o ahogado en la alberca? Esto es lo que la Fiscalía tiene que descubrir.

Pero hasta donde se sabe Damián había entrado sano a la guardería, llegó feliz y había desayunado bien.

Por otra parte, Rigoberto Moreno, abuelo del menor, contó que encontró a su hija con su nieto en los brazos “totalmente mojado” (sic) y que el preguntar qué había pasado le dijeron que Damián “se cayó a la alberca y se murió”. Así de fácil e indolente. Una respuesta fútil para un asunto tan delicado, que merece toda la seriedad posible.

En la crónica de los hechos se relata que el menor fue llevado a una clínica particular, pero cuando llegó ya no tenía signos vitales.

El abuelo cuenta: “agarré a mi nieto, lo quise sacudir para ver, lo quería yo revivir, pero ya no. Le dije al de la clínica ‘¿qué pasó con mi nieto?’, y me dijo ‘no pues así lo trajeron, sin signos vitales, no podemos hacer nada ya, es mejor que se lo lleven”.

“Ahí estaba –prosigue-, supongo que era la dueña de la guardería, porque ella me dijo que el niño se había broncoaspirado. ¿Cómo es posible que se broncoaspire si me lo están entregando todo mojado?”.

Esto da a suponer que la dueña de la guardería no sólo pudo haber mentido en la causa del fallecimiento de Damián, sino que también su personal lo atendió a destiempo.

HACE ALGUNOS AÑOS…

El 27 de febrero de 2015, ocurrió un evento similar. La niña Kimberly, de apenas un año y diez meses de edad, murió en la guardería “Pasitos de Colores”, también en Tuxtla Gutiérrez. Y la causa de su fallecimiento, según aseguraron los directivos del lugar, fue broncoaspiración.

No obstante, los resultados de la autopsia arrojaron que la pequeña no había muerto por broncoaspiración sino por asfixia mecánica por ahorcamiento, ya que presentaba dos golpes en la parte frontal de la cabeza, una marca en el cuello y tenía dos huesos fracturados.

A la sazón, la maestra Citlali Díaz de la Cruz y la encargada de la guardería, Yuridia Sarmiento Sánchez, fueron consignadas al penal “El Amate” en calidad de autora material y cómplice del infanticidio, respectivamente.

Pero días después, por presunto tráfico de influencias, el juez Tercero Penal de El Amate reclasificó el delito de homicidio doloso a homicidio culposo o imprudencial, por lo que ambas mujeres fueron puestas en libertad.

JUSTICIA, NO IMPUNIDAD

Por este antecedente, la Fiscalía General del Estado tiene por obligación cumplir con su deber para que la muerte de Damián no quede impune, sino encuentre justicia. Y debe darse por enterado que los ojos y los oídos de todos los chiapanecos estarán atentos a los resultados de sus investigaciones.

Es exigible que esto fije un precedente de justicia para que ningún otro infante muera en una guardería. No importa si es pública o privada.

Mejor todavía, que a partir de la resolución del caso, que esperamos sea la que finque sanciones contundentes contra los responsables del deceso de Damián, las autoridades educativas del estado regulen estas instituciones, se cercioren de que cumplan con la normatividad que determina su funcionamiento y operatividad.

Las estancias infantiles y las guarderías deben ser seguras, confiables, lugares que tengan los permisos correspondientes, donde los encargados de cuidar a los niños cuenten con la correcta capacitación, con estudios en puericultura, que sean educadoras y tengan comprobada experiencia profesional. Pues al final del día no cuidan objetos, sino vidas de niños, como Damián y Kimberly, que en un futuro no muy lejano pudieron haber influido para el bien de las nuestras.

@_MarioCaballero

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