Letras Desnudas
Mario Caballero
De acuerdo con los registros, el gobierno de Absalón Castellanos Domínguez fue responsable de al menos 153 asesinatos políticos, 692 encarcelamientos, 327 desapariciones y 503 secuestros y torturas.
En la práctica, el general Castellanos no era más que una figura decorativa en el gobierno. Los que en verdad gobernaban eran su secretario particular Manuel Salinas Solís, a quien acusaron de cometer fraude electoral y por la represión en contra de las organizaciones campesinas. El otro era el “fiscal de hierro”, Javier Coello Trejo, el temible exsecretario de gobierno del que se cuenta que tenía por costumbre resolver los conflictos a punta de balazos y amenazas de muerte.
Nadie olvida que de 1982 a 1988 se suscitó una serie de eventos brutales contra el pueblo indígena de Chiapas, orquestados desde el gobierno. En 1983, por ejemplo, fueron asesinados a tiros once indígenas tzotziles en el municipio de Chalchihuitán, en la región Altos. En 1984 fueron masacrados nueve tzotziles pertenecientes a una comunidad de Venustiano Carranza, en la región Centro. En 1986, otros siete tzotziles fueron asesinados en Jitotol y, en 1988, ocho campesinos más fueron ultimados en el municipio de Pijijiapan, en la Costa.
HOMOFOBIA CRIMINAL
El viernes 20 de abril de 2007, fue detenido en la Ciudad de México Ignacio Flores Montiel, conocido como “El General”. Había sido jefe de policía durante la administración de Patrocinio González Blanco Garrido, que fue acusado por el homicidio del periodista Roberto Mancilla Herrera, ocurrido el 2 de febrero de 1993.
Lo que se sabe de Flores Montiel es que fue un policía corrupto e inhumano. Muchos lo calificaron de ser un asesino en serie que obró siempre bajo la protección del exgobernador y que la muerte de Mancilla había sido una orden suya. También se le achacaron los homicidios de los periodistas Humberto Gallegos Sobrino, asesinado a tiros en 1989, y de Alfredo Córdoba Solórzano, en 1990, también baleado.
Una noche, un joven travesti con pestañas rizadas, peluca pelirroja, colorete, labios color rojo escarlata, minifalda, tacones de aguja y bolso Versace de imitación, fue asesinado de dos disparos en la escalinata de una institución bancaria ubicada en la esquina de la Avenida Central y tercera Poniente, a solo tres calles del Palacio de Gobierno. El asesino que viajaba a bordo de un coche blanco, sin placas, presumiblemente un vehículo de la policía, desapareció como el humo.
Según informes periodísticos, el gobierno de González Blanco Garrido emprendió una brutal cacería en contra de los homosexuales. Los reportes oficiales hablan de 15 homicidios, pero activistas y organizaciones defensoras de los derechos humanos de la comunidad lésbico-gay afirman hasta el día de hoy que se trata de más de 30 asesinatos, y culparon a Ignacio Flores como el ejecutor de la matanza.
En vano fueron las marchas en los días de la detención de Flores Montiel, que exigían al gobierno de Juan Sabines Guerrero que no lo dejara en libertad y que se le investigara también por las muertes de los homosexuales. Empero, éste quedó en libertad meses más tarde por influencias de su antiguo protector. Murió en la pobreza.
CACERÍA DE INDÍGENAS
Después del levantamiento armado del EZLN nadie creía que Chiapas volvería a ser el foco de atención mundial, pero lo fue y con una noticia que enlutaría a todo México.
En la mañana del lunes 22 de diciembre de 1997, noventa paramilitares armados con Ak-47 y rifles de alto impacto irrumpieron en una capilla pentecostal, donde 45 indígenas tzotziles del municipio de Chenalhó estaban terminando un ayuno de tres días. Estas personas se encontraban orando en el momento que fueron salvajemente acribilladas. El acontecimiento se conoció internacionalmente como la “Masacre de Acteal”.
Esas 45 gentes eran miembros de la organización Las Abejas, que desde el año 1993 se habían separado del movimiento zapatista. Eran todas personas humildes, pacíficas, que no se metían con nadie, dedicadas al trabajo del campo y que ese día fueron cazadas literalmente como animales.
Entre ellos murieron 15 niños, uno de tan sólo un año de edad, más 21 mujeres y 9 hombres. Increíblemente, los hechos sucedieron apenas a 200 metros de un retén militar, pero nadie ahí escuchó nada.
Julio César Ruiz Ferro era gobernador interino en ese momento, y según algunos informes estuvo comunicado todo el tiempo de la matanza con el expresidente municipal de Chenalhó, Mariano Arias, quien lo mantuvo al tanto de lo ocurrido a través de radiocomunicación.
Las investigaciones señalan que el atentado tardó alrededor de siete horas y que había sido planeada por el gobierno federal en complicidad con el del estado. Y trascendió, además, que en los últimos minutos del operativo Ruiz Ferro le dijo a Mariano Arias: “Mi presidente, no te preocupes, ¡deja que se maten! Después yo voy a mandar a recoger los cadáveres”.
Para mayor inri, lo de Acteal se manejó como un simple reporte de nota roja cuando luego se supo que se había tratado de un operativo paramilitar antizapatista que se ejecutó con la autorización del despacho principal de Palacio de Gobierno.
35 ANGELITOS
Del atentado de Acteal una niña de dos años quedó ciega, quien pedía entre sollozos que le encendieran la luz. Otro, un niño de cuatro años, de nombre Gerónimo Velázquez, sus victimarios le amputaron cuatro dedos de la mano. Si este nivel salvajismo contra menores de edad pudiera ser comparado con otro episodio, éste sería el infanticidio ocurrido durante el gobierno de Pablo Salazar.
Entre diciembre de 2002 y enero de 2003, en el Hospital General K de Comitán murieron 35 recién nacidos a causa de una infección contraída en la misma institución. Se dio a conocer que la emergencia pudo ser controlada con la sola intervención de especialistas en neonatología e infectología, pero el gobierno de Salazar no quiso pagar los gastos.
De hecho, en el Ejercicio Fiscal de 2002 la Secretaría de Salud estatal recibió un presupuesto de mil 298 millones 835 mil 242 pesos, de los cuales dicho hospital tan sólo obtuvo 4 millones 713 mil 487 pesos, que nada más alcanzaron para solventar el pago de los servicios básicos.
Cuando los niños comenzaron a ponerse graves, el exdirector del hospital y los médicos le solicitaron a Pablo Salazar el helicóptero del gobierno, llamado “El Chamula”, para que los bebés fueran llevados a la Ciudad de México. Aún había tiempo para salvarles la vida. Pero Salazar se los negó y prefirió prestar la aeronave para traer del país de Guatemala a Tuxtla Gutiérrez al jugador Guillermo “El Pando” Ramírez, que se integraría al desaparecido equipo Jaguares de Chiapas.
Luego de ocurrido el lamentable acontecimiento, el director del hospital fue destituido y en su lugar fue designado el Dr. Omar Gómez Cruz, quien fue señalado por la Sección 97 del Sindicato de Salud de haber sido el responsable de limpiar los expedientes y justificar la muerte de los infantes.
Por tanto, cuando a Salazar le giraron una orden de aprehensión por la muerte de los bebés, no aportó pruebas a su favor y ni siquiera respondió las preguntas del Ministerio Público. Simplemente, le valió.
Aquí cuatro episodios donde la herida sigue abierta.
X: @_MarioCaballero










