Letras Desnudas
Mario Caballero
Muchas son las cosas por las que puede ser reconocido el presidente Andrés Manuel López Obrador, pero también hay muchas otras por las que es muy cuestionado. Por mi parte, critico su discurso de superioridad moral del “nosotros no somos iguales” cuando en su paso hacia el poder y durante su gobierno estableció alianzas con políticos impresentables, auténticas meretrices que le restan credibilidad a su proyecto de transformación.
LOS GONZÁLEZ
Uno de ellos es sin duda el Partido Verde, quizá uno de los más corruptos que ha existido en la historia democrática de México. Más que un instituto político propiamente dicho, que sirva de escuela para políticos y como formador de futuros gobernantes, es una empresa familiar que ha medrado con el dinero de los contribuyentes.
Fue fundado por la familia González en 1986, y desde entonces siempre ha estado cercano al poder, sabiendo que es ahí, en las alianzas y complicidades, donde se obtiene más dinero.
Por eso lo vimos como socio del PRI de Carlos Salinas, del PAN de Vicente Fox, del PRI de Enrique Peña Nieto y ahora de Morena de López Obrador. No tiene ninguna convicción y su ideología está basada en las componendas.
La historia de alianzas comenzó en 1994, cuando Jorge González Torres, padre del “Niño Verde”, se lanzó como candidato presidencial, pero bajo el refugio de Cuauhtémoc Cárdenas, siendo candidato del PRD. Esta unión era supuestamente para ganarles las elecciones al PRI y a Ernesto Zedillo.
Cárdenas perdió, mas no el Verde, que logró la votación necesaria para mantener su registro y González Torres aseguró un puesto para su hijo.
Para el 2000, los González, padre e hijo, se aliaron con Vicente Fox en la elección presidencial. Como en el pasado, no volvió a cuestionarse la corrupción y el tráfico de influencias de estos personajes y su partido veleta, quienes se ostentan como dueños de la cadena de las Farmacias Similares.
Para las elecciones intermedias de 2003, pactaron con el PRI, siendo su interlocutor el mismo Carlos Salinas. Este acuerdo contemplaba la unidad para ganar la mayoría en la Cámara de Diputados, pero también para las gubernaturas en los estados de Baja California Sur, Chihuahua, Durango, Aguascalientes y Oaxaca.
En 2012 se alió con Peña Nieto hacia la presidencia de la República y en 2013, inclusive, se sumó al Pacto por México, integrado por el PRI, PAN y PRD, y desde ahí coadyuvó a la aprobación de las reformas educativa, energética, de telecomunicaciones, electoral, judicial, entre otras, mismas que criticó como partido aliado del presidente López Obrador, con cuya sociedad se benefició, entre otras cosas, multiplicando sus escaños en el Congreso de la Unión.
El Verde es un partido sin convicciones, que ha venido ganando espacios en la estructura del poder vendiéndose al mejor postor, poniéndole precio a sus votos en el Congreso, apoyando al partido gobernante en turno. Es una institución prostituta y corrupta, igual que el otro aliado de la 4T, el Partido del Trabajo.
EL PT
El PT también contó con el amparo de Carlos Salinas, quien lo nutrió de dinero y prebendas políticas con el propósito de darle competencia a la izquierda que se estaba conjuntando y fortaleciendo en el PRD. Como el Verde, esta otra institución partidista es un negocio familiar, perteneciente a los Anaya, que estuvo aliada con el PRI, el PRD y ahora con Morena.
En las elecciones de 2015 este partido perdió su registro. No obstante, el PRI de Peña Nieto, con el apoyo del desaparecido Sol Azteca y Movimiento Ciudadano, llevó a cabo una serie de piruetas para conseguir que se repitiera la elección de un distrito en el estado de Aguascalientes y alcanzar con ello los votos que le hacían falta para conservar el registro.
Irónicamente, tres años después de que el PRI le salvara el pellejo, se fue a apoyar a López Obrador en la elección presidencial. Así de congruente. Así de ético.
Los Anaya han amasado una fortuna incalculable con su empresa. Lo han hecho por medio de las prorrogativas de los partidos políticos, los cargos legislativos que han ocupado, la venta de candidaturas y por los miles de millones de pesos que han recibido por parte del gobierno durante décadas para los Centros de Desarrollo Infantil (Cendi), que son administrados por integrantes de la familia, así como por gente del partido en los estados.
En el caso de Chiapas, Hugo Roblero Gordillo es el que se encarga del manejo de los Cendis, quien desde hace años ha sido acusado por malversación, desvío de recursos públicos y enriquecimiento ilícito.
Actualmente, el líder estatal del partido es Abundio Peregrino García, pero en los hechos el que manda es Amadeo Espinosa Ramos, en una especie de caciquismo político con el que aparte de ejercer el control sobre los recursos de la institución, manipula las candidaturas a su antojo y en cada elección se autoasigna una plurinominal.
Amadeo ha vivido más de treinta años pegado al presupuesto. Ha sido diputado local, senador suplente y por lo menos cinco veces diputado federal. Por controlar la franquicia del PT en Chiapas, es multimillonario.
Así como las rémoras se alimentan de las migajas que caen de la boca del tiburón, Espinosa Ramos se ha llenado el buche con las insultantes cantidades de dinero de los gobernadores. Como Julio César Ruiz Ferro, Pablo Salazar y, sobre todo, Juan Sabines Guerrero, el más corrupto de los exmandatarios en la historia contemporánea de Chiapas.
Tanto a nivel nacional como local, el PT es un negocio redondo que, como partido político, nunca ha representado nada.
OTROS ALIADOS
Los Murat también son cófrades de la 4T. Son parte de una herencia priista. El padre, José, fue gobernador de Oaxaca, periodo en el que estuvo implicado en diversos escándalos de corrupción. Fue otro de los que impulsó las reformas neoliberales de Peña Nieto y el Pacto por México.
A todo esto, se dieron a conocer los negocios que sostuvo con Sabines Guerrero. Se cuenta que a través de empresas fantasmas desviaron varios miles de millones de pesos. En especial, mediante la simulación de compra de insumos de toda índole y la contratación de obra pública.
Alejandro, hijo de José Murat, también fue gobernador de Oaxaca respaldado por el PRI. Hoy es obradorista y morenista. Hace unos días, durante la aprobación de la reforma judicial en el Senado, repetía una y otra vez la frase de “nosotros no somos iguales”, como si no supiéramos su historia.
Últimamente, la 4T sumó como aliados a los Yunes. El padre militó en el PRI, pero luego se puso la camiseta panista y con ella llegó a ser gobernador de Veracruz. Ha sido acusado por el enriquecimiento ilícito de más de 3 mil millones de pesos y la periodista Lydia Cacho, en su libro Los demonios del edén, lo acusa de presunta pederastia.
Hoy, junto con su hijo Miguel Ángel Yunes Márquez, votan a favor de las reformas constitucionales de Morena, aunque siguen siendo del PAN. Seguramente, los amenazaron con “voto o bote”, pues tienen varios procesos legales en su contra.
Morena podrá tener el firme propósito de transformar la vida pública del país, pero con socios como el PVEM, PT, Amadeo Espinosa, los Murat y los Yunes, no transformarán nada. Tan sólo logrará revolverse con políticos que han estado metidos en el estercolero.










