Letras Desnudas
Mario Caballero
Seré franco: la opinión que tenía de don Roberto Albores Guillén era la de un personaje muy elegante para la cosa pública, un tejedor inteligente de alianzas y un hombre que supo construir desde el PRI una de las castas políticas más destacadas de Chiapas. En fin, un político de altos vuelos. He cambiado de parecer.
No es que lo considere todo lo contrario a lo antes mencionado, pero sus últimas intervenciones en la política manifiestan una clara incongruencia a lo que tanto decía defender y promover.
¿Dónde está su respeto por los principios democráticos, su postura de que ante cualquier interés personal, de grupo o partidista hay que buscar siempre el bien común? ¿Dónde su argumento de que el ser político, incluso en medio de la adversidad, debe mantener incólumes su integridad, ideología y las convicciones políticas personales, que es de lo que tanto ha venido hablando durante los últimos meses en sus artículos de opinión en la prensa?
La única explicación que encuentro en el cambio existencial del exgobernador, es que le gana la ambición de ver a su hijo Roberto Albores Gleason rindiendo protesta como gobernador de Chiapas.
¿Está mal que busque encumbrar en el poder a su hijo? Para nada. Está en todo su derecho. Lo criticable es que lo busque por el poder mismo e inclusive renunciando a los ideales y principios que tanto dice tener.
INCONGRUENCIAS
Reflexiono en esto por el documento que él mismo hizo circular en las redes sociales el pasado fin de semana, al que tituló “Albores Gleason de regreso a la arena política chiapaneca”, que deja patentes las incongruencias en las que ha caído Roberto Albores Guillén por ambición y amor, ya que éste se trata literalmente de una carta de amor a su hijo, quien busca ser otra vez candidato a gobernador.
El primer párrafo dice: “Roberto, bienvenido a Chiapas. Origen y destino. Después de una tregua política, algunos años de preparación académica en el extranjero, de hermosa convivencia familiar, de reflexión y reencuentro contigo mismo y maduración humana, regresas con energía renovada, mayores herramientas de conocimiento y humildad a la arena política chiapaneca”.
Para empezar, la bienvenida a su hijo está desfasada ya que Gleason tiene varios meses deambulando por Chiapas, pero eso vendría siendo lo de menos. Lo relevante es la descripción que hace de la ausencia y regreso del susodicho que nada tienen que ver con la realidad.
Albores Gleason no se dio una tregua política, sino huyó de Chiapas por vergüenza al quedar en un lejano tercer lugar en la elección de hace cinco años. Se fue y ni siquiera tuvo la decencia o el gesto de agradecerles a todos los que lo apoyaron en la campaña política. Los dejó tirados. Como diciendo que nada más los utilizó.
Aquello de que tuvo una preparación académica en el extranjero, nadie lo contradice. Todo lo contrario, mucha gente sabe que Albores hijo estudió una maestría en la Universidad de Harvard.
Pero que no nos venga a decir que su hijo vuelve más maduro, que tuvo un reencuentro consigo mismo y que su nueva travesía en la arena política local lo hace con humildad y nuevas herramientas de conocimiento.
Haber obtenido una maestría en el extranjero no lo hace ni mejor persona ni un mejor servidor público. Puesto que éste es aquel que demuestra en los hechos fervor por la familia, buenos principios y valores humanos, respeto por la ley, una ideología firme, ética y, especialmente, una calidad moral a prueba de fuego.
Pero lo que hemos atestiguado en los pasados meses, es que Albores Gleason sigue siendo el mismo de siempre. Salvo los 20 kilos de más y la barba de vagabundo, que dan a entender que ese supuesto reencuentro consigo mismo le hizo hasta olvidarse de su cuidado personal.
Aparte, ¿de qué madurez habla don Roberto?
Su hijo regresó más viejo, no más maduro. ¿Qué madurez puede haber en él si en lugar de reconciliarse con la militancia y la gente que dejó tirada tras la elección, lo primero que buscó fue cómo tomar por asalto al PRI con el apoyo de sus antiguos colaboradores?
¿Qué madurez tuvo al renunciar al PRI echando pestes cuando es vox populi que su carrera política no se entendería sin este partido y que él fue partícipe de los abusos de poder, complicidades y corrupción que encabezó durante su periodo como dirigente estatal?
Peor todavía, ¿dónde está la madurez de Albores Gleason si desde que puso un pie en el estado coqueteó con casi todos los partidos? Supongo que don Roberto está enterado que su hijo quiso incrustarse primero en Chiapas Unido, luego en el Verde, después en Movimiento Ciudadano y hasta se dejó ver junto con los operadores de una de las corcholatas presidenciales, como diciendo que también estuvo dispuesto a ponerse la camiseta de Morena. Nada le funcionó.
Madurez, en términos de política, no es andar sin ton ni son buscando saciar sus apetencias políticas a como dé lugar, sino significa tener los ideales bien puestos, caminar con inteligencia y prudencia, respetar las formas y cuidar la integridad, cosas que Gleason no ha hecho ni en sueños.
Otro párrafo dice: “La Asamblea pública y plenaria del Consejo de los 300 delegados del Partido del Trabajo (PT) en Chiapas, en un ejercicio democrático, te dio su apoyo, casi unánime, con 298 votos a favor, uno en contra y una abstención”.
Aquí sería un milagro que al exgobernador no se le haya regado la tinta al escribir esto. Porque muchos saben que Amadeo Espinosa coaccionó a los delegados para que votaran a favor de la aceptación de Albores Gleason en el partido y se rumora que para ello hubo mucho dinero de por medio. Es decir, que el júnior compró su ingreso al PT.
Luego dice: “Viva la política. Enhorabuena la competencia electoral; bienvenida las encuestas para la selección de candidato de gobernador de la alianza de Morena-PT-Verde. Que hablen las encuestas serias y profesionales. Fortalezcamos nuestra democracia. Que gane Chiapas”.
La verdad, no gana ni el PT.
No hay mejor crítica a esto que la del petista Carlos Mario Estrada Urbina, quien ha sido insistente en decir que haber aceptado a Albores Gleason en el partido fue como reciclar la basura, y que la ambición de éste por participar por la candidatura al Gobierno del Estado no es más que oportunismo: “los partidos políticos no están para imponer como candidatos a personajes arribistas, sin presencia ni base social, y que no son más que el resultado de una recomendación”.
AMOR CIEGO
Es cierto que el amor a los hijos enceguece hasta a los padres más sensatos.
Roberto Albores Guillén no sólo ha quedado ciego, sino también ha perdido la brújula de su sensatez: llama democracia lo que claramente es una imposición; habla de competencia electoral cuando se dice que su hijo y su familia van con los maletas de paga por delante y cínicamente le da la bienvenida a las encuestas siendo que hace poco él condenaba en sus artículos periodísticos el método de encuestas para la elección del candidato presidencial de Morena.
Ceguera y oportunismo, lo único que queda de la casta política de los Albores.
Twitter: @_MarioCaballero










