Letras Desnudas

Mario Caballero

Hay mucha gente que los quiere ver como Caín y Abel. Sí, peleados. Peleándose. Enemistados en todos los sentidos. Dándose hasta con la cubeta y de patadas bajo la mesa. Poniéndose obstáculos en el camino. Tratándose con odio y rencor. Causando divisiones en el partido para que en una de esas ellos, sus opositores, tengan chance de colarse en el poder. Y en eso estaban cuando de pronto… ¡pum! La foto. Y con la foto, el tapabocazo.

“Una imagen dice más que mil palabras”. Esta frase le hace honor a la fotografía que se tomaron Rosy Urbina y Yamil Melgar con la bandera de México detrás de ellos.

Como muchos sabemos, ella es presidenta municipal de Tapachula y él diputado local, con la distinción de ser presidente de la Junta de Coordinación Política del Congreso del Estado.

Ambos posaron frente a la cámara con una sonrisa franca. Ella, que luce una hermosa blusa artesanal, tiene su mano derecha recargada en el hombro de Yamil en señal de respeto y apoyo. Él, por otro lado, la abraza por la espalda en un gesto de respaldo y compañerismo.

No hace falta que un experto en lenguaje corporal nos diga que esa imagen representa el anhelo que toda sociedad requiere de nuestra clase gobernante: unidad.

Tampoco hace falta que la foto hable por sí misma para entender que Rosy y Yamil nos están diciendo “entre nosotros hay amistad, lealtad, colaboración y una agenda trazada bajo el compromiso llamado Tapachula”.

Así que todos aquellos que se relamían los labios por verlos enfrentados, pueden frustrarse a gusto.

SE EQUIVOCARON

En ningún momento de la historia de la humanidad ha sido extraña la discordia entre los políticos. Muchos, de hecho, de eso viven, así es como han hecho carrera en lo que hace varios siglos Aristóteles llamó acertadamente como el “arte de gobernar”. Se alimentan de rencores, de odios, mismos que utilizan para enfrentarse a sus rivales y alcanzar el poder.

Ejemplos hay muchos. En el terreno local tenemos a Pablo Salazar, quien convirtió el odio en un arma de represión política y judicial que dirigió en contra de líderes políticos, sociales, magisteriales, campesinos, etcétera, a los que envió a la cárcel sin justificación alguna o simplemente desterró. De esta manera fue como acaparó más poder y logró poner a sus pies a los otros poderes del Estado.

La hechura de éste, Juan Sabines Guerrero, fue incluso peor. Este exgobernador, incluso antes de asumir la titularidad del Ejecutivo estatal, se deshizo de todos los que antes le dieron de comer, un trabajo, ropa para él y su familia y, sobre todo, que le abrió el camino en la política.

A uno de ellos lo obligó a huir del estado bajo amenazas de muerte y tras haber logrado que la Interpol le expidiera una ficha roja para su localización. A muchos otros los envió a prisión, incluido aquel personaje que fue indispensable no sólo para que tuviera una carrera política en Chiapas, sino también para que saltara de diputado local, alcalde y después gobernador: Pablo Salazar.

La discordia no debería, pero es un ingrediente de la política. Por eso cada vez que escuchamos un discurso pidiendo la unidad del partido, es porque no la hay.

A la discordia hay que sumarle el oportunismo. Pues no faltan aquellos que ante la falta de argumentos, propuestas y de un exitoso proyecto político, siembran odio y rencor entre los militantes de su mismo partido o grupo político tratando de destacar demeritando el trabajo de otros, especialmente a los que consideran sus oponentes. Esto, además de despreciable, es patético.

Y es precisamente a esto a lo que le apostaban los detractores de Rosy Urbina y Yamil Melgar para subir en puntos y colarse en la contienda electoral del próximo año. Pero se equivocaron.

LAS COSAS COMO SON

Ciertamente, ambos personajes causan diferentes sentimientos por la relevancia misma de sus respectivas responsabilidades públicas. Es decir, si en unos pueden inspirar confianza, respeto, admiración y aprobación; en otros pueden provocar enojo, tirria o envidia. Pero esto no es extraño porque es lo que pasa cuando un actor político destaca en su profesión.

Ahí tenemos a Churchill, por ejemplo, del que podríamos decir que por sí mismo puso fin a la Segunda Guerra Mundial y que después de eso fue blanco de soberbias campañas de odio. Si el ex primer ministro del Reino Unido no hubiera sido tan importante como lo fue para la historia del mundo, ni siquiera lo hubieran volteado a ver.

ACTIVOS

Rosy Urbina y Yamil Melgar son dos políticos cuyas carreras son encomiables.

La alcaldesa de Tapachula tiene una fortaleza que la ha hecho destacar en un mundo que, a pesar de los grandes avances en materia de paridad de género, sigue dominado mayormente por los hombres. Fortaleza que queda demostrada al gobernar con autoridad y propuesta el segundo municipio más grande del estado.

Ha logrado mejorar la seguridad de Tapachula, los servicios públicos y ha impulsado un interesante plan de obra pública que tanto ha modernizado la imagen urbana de la localidad como ha conseguido hacer justicia social a la población. En pocas palabras, ha demostrado talento para gobernar.

Yamil Melgar, por otra parte, ha hecho honor al trabajo legislativo al conducir con responsabilidad e inteligencia la Junta de Coordinación Política, sacando acuerdos importantes con las distintas fuerzas políticas que integran el Congreso del Estado.

Como buen militante de Morena, su trabajo ha impulsado la transparencia, la democracia, la rendición de cuentas y con todo ello ha coadyuvado a que el parlamento haya puesto su granito de arena en la transformación de la vida pública de Chiapas.

Grande es también el mérito del tapachulteco al lograr que todos estos años el Congreso haya trabajado en una agenda en conjunto con el gobernador Rutilio Escandón Cadenas, a través de la cual se obtuvieron sobresalientes resultados en salud, educación, seguridad y recuperación del Estado de Derecho, pero sin que el Legislativo perdiera su vital y necesaria autonomía. Lejos quedaron esos tiempos de sumisión e invasión de autoridad. Ahora hay equilibrio y contrapeso en el poder.

No podemos obviar que a pesar de la enorme responsabilidad de Yamil en la Jucopo, nunca ha abandonado a su pueblo. Recorre las colonias de Tapachula, encabeza reuniones con la gente, recoge sus necesidades y traza soluciones con ellos, con sus ideas y propuestas, en una actitud democrática y plural.

¿Cuántos políticos como ellos hay hoy en día? La verdad, pocos.

GANAN TAPACHULA Y MORENA

En fin, como dijera el Divo de Juárez: “lo que se ve no se juzga”. La foto revela más de lo que muchos quisieran no ver.

En la estampa que Rosy Urbina y Yamil dejaron para el escrutinio público, es claro que hay en ellos unidad para continuar trabajando por Tapachula y por darle mayores y mejores resultados a la ciudadanía que puso en ellos su confianza para gobernarlos y representarlos. Entienden que esa es su responsabilidad y con esto demuestran estar empeñados en no fallar.

Los que quieren verlos pelear, pueden esperar sentados. Porque, además, no hay pleito, sino una concatenación de ideas y esfuerzos con la que Tapachula y Morena salen ganando.

Twitter: @_MarioCaballero

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