Letras Desnudas

Mario Caballero

Marcelo Toledo Cruz busca nuevamente ser candidato de Morena a la presidencia municipal de Tuxtla Gutiérrez, aspiración que ha tenido desde que se integró al partido gobernante y que se le ha negado con justa razón y para bien, sin duda alguna, de los tuxtlecos. ¿O acaso alguien se atrevería a decir que merece ser alcalde de la ciudad más importante del estado? No lo creo.

En Tuxtla Gutiérrez se concentran la mayoría de las decisiones políticas y el poder económico. A pesar de eso, es una ciudad con muchas carencias, con inseguridad, que trienio tras trienio ve crecer el número de pobres que la habitan. Su grandeza histórica y política contrasta con la mala calidad de vida de sus habitantes. Esto es resultado de gobiernos corruptos, incompetentes e ineficaces.

Por tanto, para que Tuxtla refleje su grandeza e importancia necesita de alguien que la gobierne con capacidad, honestamente y con empeño. Y Marcelo Toledo Cruz no es ese alguien.

SEMBLANZA

Empecemos por decir que ni siquiera es de Tuxtla. Es originario de Villaflores. Nació en una pequeña comunidad llamada Progreso Agrario, situada a unos 32 kilómetros de la cabecera municipal y cuyo número de habitantes es menor a 300. Las personas son pobres y se dedican al trabajo del campo.

 No censuro, en ninguna manera, que el diputado haya nacido y crecido en una comunidad rural, sino que nadie que haya gobernado Tuxtla sin ser tuxtleco hizo algo por mejorar la situación de la ciudad.

El arraigo de un político por el lugar que quiere gobernar no es un asunto menor. La casa es cuidada por los mismos de la casa. Marcelo Toledo tal vez viva en Tuxtla, pero eso no quiere decir que le interese. Tal vez conozca la importancia de la capital, pero no es señal de que tenga el pulso de lo que sucede en las colonias, de lo que siente su gente, de que sepa la problemática. Y si de algo está verdaderamente urgida Tuxtla Gutiérrez es de un político que tenga empatía con los ciudadanos y un conocimiento profundo de la dolorosa realidad que viven miles de familias.

Otro aspecto de Toledo Cruz es su inexperiencia política y administrativa.

Es un contador público con maestría en contaduría, cuyo desempeño más destacable son los casi 20 años como docente en el Colegio de Bachilleres de Chiapas (Cobach). En adelante, sin contar los dos periodos que lleva en la diputación local que actualmente desempeña, ha ocupado un solo cargo en la administración pública y de rango menor, como fue el de subcontador mayor de Hacienda en el Congreso del Estado. Dicho sea de paso, ese puesto lo ejerció nada más dos años y eso fue hace dos décadas.

Como militante de Morena logró escalar hasta la dirigencia estatal, pero bajo su liderazgo el partido no ganó ningún puesto de elección popular en las votaciones de 2015.

No faltará quien diga que muchos políticos han alcanzado grandes puestos sin tener experiencia. Entre ellos muchos alcaldes de Tuxtla, por cierto. No lo discuto. Pero ¿cuáles han sido las consecuencias de tener un gobernante aprendiz?

Vayamos al ejemplo de Yassir Vázquez Hernández, quien no sólo ganó la presidencia municipal bajo acusaciones de fraude electoral y uso ilegal de recursos públicos en campaña, sino también protagonizó uno de los casos de corrupción más escandalosos de la historia reciente. Como fue la obra “Que Viva El Centro”, que no terminó y con la que dejó endeudada a la ciudad por alrededor de 900 millones de pesos.

Marcelo Toledo, un caso similar, nunca ha gobernado nada. Es un novato. Y lo peor de todo es que la primera vez que tuvo una responsabilidad importante salió salpicado de corrupción y presuntos desvíos de recursos públicos, como fue su paso como presidente de la Junta de Coordinación Política del Congreso del Estado.

Fuentes a este columnista refieren que en la nómina del Congreso tuvo incrustados a varios miembros de su familia y amigos, como Estrella Marisol Camacho Toledo, su sobrina, que cobraba 32 mil pesos mensuales como trabajadora de mando medio.

Aparte, el 19 de octubre de 2019, Toledo Cruz quiso robarse la elección interna de Morena del Distrito 9 de Tuxtla Gutiérrez, y con personal, recursos materiales y dinero supuestamente del Congreso local.

De entrada, no dejó que participaran miembros del partido que fueran de grupos diferentes al suyo. Ni siquiera los dejó pasar al lugar donde se llevó a cabo la elección. También acarreó cientos de gentes de comunidades indígenas para que votaran por uno de la capital. Ilógico. Esas personas llegaron en estaquitas, en camiones, en carros de tres toneladas y en Urvan, y no eran del partido.

Además, gente que trabajaba o trabaja para él en el Congreso fue la encargada del evento. Uno de ellos fue Josué Blanco, su secretario particular, quien dio la orden de no dejar pasar a los verdaderos morenistas. También lo apoyaron sus amigos Luis Vicente Guillén Pérez, entonces director del plantel 33 del Cobach, en Tuxtla, que participó en la elección sin ser militante y acarreó personal y alumnos de esa escuela a los que metió por una puerta trasera del lugar, y todos votaron. Hasta hubo quienes lo vieron afuera del recinto pagando 500 pesos por voto.

Quien resultó electo fue su compinche José Martín Ramos Calvo, exempleado de la Junta de Coordinación Política del Congreso.

¿Con qué dinero pagó Marcelo Toledo el transporte, el acarreo y los votos? Seguro no de su bolsa. Esto también sirve para saber que Toledo Cruz no tiene ideales, ni convicciones y que no está comprometido con el partido, pues haciendo todo esto lo traicionó.

Durante 2021, el nombre de Toledo Cruz fue mencionado como uno de los implicados en el fraude que financió las actividades de Morena con dinero no fiscalizado en las elecciones de 2015. Precisamente cuando fue dirigente estatal del partido. Incluso, el mismo presidente López Obrador fue quien lo confirmó en una de sus conferencias mañaneras, diciendo que se trataba de él y no de Marcelo Ebrard.

¿QUÉ PUEDE OFRECER?

Con esta breve semblanza no hay motivo para pensar que Marcelo Toledo es la mejor opción para gobernar Tuxtla Gutiérrez. Peor todavía, ante los abusos, errores y desatinos del actual gobierno municipal no ha dicho ni media palabra. Ni en su anterior periodo ni en el reciente. Parafraseando a López Obrador, ha callado como momia.

En fin, me aventuro a decir que ni a Morena le conviene hacerlo candidato a la alcaldía tuxtleca. Pues ¿quién lo conoce? ¿Qué confianza inspira en los electores? ¿Qué ha hecho por el pueblo tuxtleco que según representa? ¿Con qué méritos pediría el voto a los ciudadanos? ¿Qué seguridad tendrán los morenistas de que no los volverá a traicionar? Con esas cartas credenciales hasta el peor priista arrasaría con él.

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