Letras Desnudas
Mario Caballero
De no haber sido por los ataques de bandas criminales a la sociedad civil el jueves pasado en Ciudad Juárez, Chihuahua, jamás nos hubiéramos enterado de la existencia de Yovani Varo Otaño, un joven de 22 años que perdió la vida tras recibir un disparo con arma de fuego, y mejor hubiera sido así. Él seguiría con vida.
La historia de este muchacho es bastante triste. Salió de su pueblo natal, en Chiltepec, Oaxaca, buscando una mejor oportunidad laboral para mejorar la calidad de vida de su familia y lo que encontró fue la muerte.
Yovani había estudiado enfermería en el Conalep, pero en Chiltepec vendía tamales con su mamá.
Hace dos años, la vida de su familia empeoró debido a que a su hermana de 13 años le diagnosticaron leucemia. Ese fue uno de los motivos por el que se fue a vivir a Ciudad Juárez, quería tener la posibilidad económica para apoyar con los gastos del tratamiento. Y lo obtuvo como obrero en una fábrica de acero en la que se hacen arneses para vehículos.
El jueves que murió iba a cobrar su salario de la semana. Así que el dinero que enviaría ya no llegó. Y lo último que le dijo a su novia mientras caminaban por la calle fue que corriera. Ella, al voltear a verlo, lo vio tirado en el suelo con una herida de bala sangrándole.
En el colmo, las autoridades dijeron que la muerte de Yovani y de los otros ocho civiles que perdieron la vida esa tarde del 11 de agosto, entre ellos un menor de edad y una mujer embarazada, fue que tengan confianza y la certeza de que las autoridades van a actuar para recuperar los espacios que la delincuencia les pretende quitar. Eso fue lo que dijo el fiscal de Chihuahua, Roberto Javier Fierro Duarte.
La respuesta del fiscal, por sí misma, es indignante. ¿Cómo que las autoridades van a actuar? ¿No se supone que debieron estar actuando desde hace tiempo para que este tipo de casos no sucediera? Y ¿cómo se puede tener confianza y certeza cuando vemos que las bandas criminales demuestran tener más capacidad de fuego que los cuerpos del orden?
INADMISIBLE
Y la situación empeora cuando vemos que los políticos, en lugar de dar respuestas sensatas, lo primero que hacen es politizar la violencia apuntando el dedo hacia sus adversarios. Es en verdad catastrófico que los encargados de gobernar, de garantizar la seguridad de los ciudadanos, muestran en el dicho y en los hechos (por falta de inacción) que están convencidos de que detrás de la violencia y los asesinatos hay toda una maquinaria que busca desprestigiar y perjudicar al gobierno.
Es triste y lamentable que desde la oposición haya voces que gritan que los actos de terror y muerte en contra de la población civil de Jalisco, Chihuahua, Michoacán, Baja California y Guanajuato fueron una artimaña del propio gobierno para tratar de justificar la necesidad de militarizar a la Guardia Nacional.
Es absurdo, patético, irresponsable, falso, ridículo y reprobable lo que hacen unos y otros echándose la culpa.
Más triste y lamentable todavía es que haya sectores de la sociedad que crean ambas versiones. Prueba de ello son los miles de comentarios en las redes sociales que apoyan que la oposición conservadora tiene metidas las manos en esta situación, y que haya otros miles de mexicanos que respaldan la teoría de que el gobierno lo está provocando todo con fines meramente políticos.
Sí, frente a la crisis de inseguridad y lo que algunos han calificado ya como narcoterrorismo, que lleva dos sexenios completos y lo que va del presente sin resolverse, lo único que nos ofrecen ambos lados de la política son respuestas sin sentido, es decir, una torpe mentira.
¡POR FAVOR!
Es quizá inútil repetir lo que dicen nuestros políticos, pero es necesario mencionarlo para darnos cuenta de la indiferencia y politiquería que se traen, no importa si son de izquierda o de derecha, conservadores o liberales, oposición o gobierno.
La muerte, o mejor dicho, el asesinato de un joven que iba a cobrar su sueldo para después enviarle una parte de éste a su madre para el pago del tratamiento de su hermana enferma de cáncer jamás será un asunto que deba minimizarse y mucho menos politizarse. Tampoco la muerte de una joven que perdió la vida entre ráfagas de fuego mientras era entrevistada para un empleo.
Sin embargo, para nuestros políticos fue fácil decir cosas como estas:
“Son los conservadores los que excitan la violencia a través de los medios de comunicación, que están bajo su control”. O “son los lópezobradoristas los que quieren convertir a México en una dictadura militar”. ¡Por favor! Como dice el dicho, desde que se inventaron las excusas, se acabaron los pretextos.
La realidad es que la gente se está muriendo en las calles. Y mientras nadie está seguro ni en su propia casa, ni en el trabajo, ni en el trasporte público, debido a que en cualquier momento un grupo criminal puede llegar y dispararles a quemarropa y sin motivo aparente más que las solas ganas de infundir terror, de matar, el gobierno y la oposición se culpan entre ellos. ¡Ya basta!
QUIERE SOLUCIONES
Lo ocurrido la semana pasada debe ser motivo suficiente para que gobierno y oposición se pongan a trabajar en una solución. Juntos, darnos seguridad a los mexicanos. Y ambos, recordar que entre todas las responsabilidades del Estado es precisamente esa: salvaguardar la vida de la ciudadanía y generar un clima de paz y tranquilidad.
Es cierto, el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador encontró o recibió un país incendiado en materia de inseguridad. Aunque también es cierto que poco o muy poco ha hecho por apagarlo. Los “abrazos y no balazos” ha sido comprobadamente una pésima estrategia. Como también lo fue abrir una guerra contra los cárteles sin tener objetivos bien definidos, una estrategia real, lo que nos llevó al recrudecimiento de la violencia y a la diversificación de las actividades delincuenciales de las nuevas células del crimen organizado.
En consecuencia, y sin ponerle números, ahí están los muertos de Calderón, de Peña Nieto y de López Obrador. Son cientos de miles de homicidios acumulados durante tres sexenios, homicidios que van acompañados por una horrorosa cifra de secuestros y extorsiones.
Lo que la gente exige desde hace tiempo es que nuestras autoridades se pongan a trabajar. A resolver el problema. Seguramente a ninguna de las familias que han perdido a alguno de sus miembros por una bala del crimen organizado, así sea una bala perdida, le importa si murió porque dos bandas se estaban disputando el territorio, o si éstas se enfrentaron con los militares o la Guardia Nacional tratando de liberar a sus líderes, o si todo comenzó con una riña en un penal y luego se salió de control. No. Quiere soluciones.
¡PÓNGANSE A TRABAJAR!
Así que, señores políticos, pónganse a trabajar. La solución ya la saben: fortalecer la cadena de procuración de justicia y una estrategia real de combate a la delincuencia.
Queremos funcionarios que cumplan con su responsabilidad de bridar seguridad, no politiquería. Se los juro, 129 millones de mexicanos les estaremos agradecidos.
@_MarioCaballero










