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¿Será medido Juan Sabines con la misma vara?

Mario Caballero

Letras Desnudas

Hace más o menos seis años, precisamente antes de que comenzara este sexenio, uno de los más fieles colaboradores de Andrés Manuel López Obrador, me refiero a César Yáñez, cometió el enorme pecado de publicar las fotos de su lujosísima boda en la revista de sociales ¡Hola!

Las consecuencias de su exceso fueron devastadoras para él. Yáñez, quien se había soplado años enteros acompañando al actual presidente por todo el territorio nacional como líder de la oposición, fue relegado del gobierno de la 4T.

Por la portada y las 19 páginas que dicha revista le dedicó a su boda, terminó ocupando un puesto insignificante durante casi toda la administración. A AMLO no le gustó que uno de los miembros de su círculo íntimo se comportara como cualquier aristócrata que presume en la prensa rosa su poder, dinero y cercanía con el presidente, como lo hacían los “políticos de antes”.

Total, por sus excesos y presunción, César Yánez acabó en la irrelevancia.

Años después, el extitular de la Unidad de Inteligencia Financiera cometió el mismo error.

A pesar del antecedente, Santiago Nieto y Carla Humphrey decidieron organizar una boda tipo Disney, pero para no pasar por el mismo trago amargo de Yáñez, se fueron hasta Guatemala a matrimoniarse. Buscaban discreción, pero ambos, por su historia y cargos públicos, se olvidaron que tenían muchos enemigos políticos, que filtraron a la prensa los detalles del jolgorio que salió publicado en el periódico que más dolor de estómago le produce al presidente: Reforma.

Para empeorar el asunto, la secretaria de Turismo del entonces gobierno de Claudia Sheinbaum se fue hasta Guatemala en avión privado y al llegar las autoridades de ese país le encontraron siete sobres con cinco mil dólares cada uno.

Cuando le preguntaron al presidente López Obrador sobre lo sucedido, dijo: “Por eso hay que recomendarles a los servidores públicos que actúen con moderación, con austeridad y que sigan el ejemplo de Juárez, que decía que el servidor público debía aprender a vivir en la justa medianía. Todo esto que se echó por la borda durante el periodo neoliberal, durante el periodo de saqueos y de corrupción, que estamos superando, pero que todavía quedan inercias”.

Horas después, se anunció la renuncia de Santiago Nieto.

INERCÍAS

Pregunto: ¿qué dirá el presidente Andrés Manuel cuando se entere de la también lujosísima boda de Juan Pablo Sabines Aguilera, hijo de su cónsul en Orlando, Florida, Juan Sabines Guerrero, realizada el pasado fin de semana?

No se malinterprete. No censuro la boda. Ni todo el lujo que hubo en ella. Total, el hijo del exmandatario y su hoy consorte tienen todo el derecho de casarse como se les pegue la gana mientras él, su esposa o familia haya pagado la pomposa fiesta con sus propios recursos y con recursos bien habidos.

Los lectores frecuentes de esta columna saben que su autor no está en contra de que los políticos sean millonarios y disfruten de sus millones para darse la gran vida, tener enormes residencias, vacaciones de ensueño y hasta excentricidades, como preparar un festín con langosta y ríos de champán en la boda de sus hijos. Lo que sí detesto es que se den esa vida a costa del dinero de los mexicanos.

Lo que censuro, y pongo sobre la mesa, es la hipocresía, el cinismo y el doble discurso.

El presidente López Obrador lleva todo este tiempo machacando que su gobierno no es como los de antes, que ya no hay derroche y que los funcionarios no son corruptos, sino viven con modestia, espíritu republicano y bajo una estricta austeridad.

Pero apelando a lo que él mismo dijo horas antes de despedir a Santiago Nieto, sobre que “todavía quedan inercias” del pasado corrupto, pues una de ellas es sin duda alguna Juan Sabines Guerrero, quien no sólo está desempeñando un cargo diplomático que no merece, sino también es parte de ese pretérito reprobable, siendo el peor gobernador en la historia contemporánea de Chiapas, a tal grado de no atreverse a poner un pie nuevamente en el estado.

LA BODA

Celebro que AMLO haya señalado el pasado pródigo y pintado su raya con todo lo que éste significó para el país. No creo que haya alguien que se atreva a defender ese periodo de muchos excesos y boato de los gobernantes, donde se utilizaban recursos públicos para pagar los lujos de los funcionarios, quienes daban suntuosos banquetes con cargo al erario.

Pero, pregunto, ¿medirá el presidente a Juan Sabines con la misma vara con que midió a Santiago Nieto y César Yáñez?

Lo cuestiono porque el presidente no ha sido muy consistente que digamos al tolerar conductas nada austeras y honestas de otros de sus colaboradores.

Sin embargo, a diferencia de Nieto y Yáñez, que en su momento fueron piezas claves en el proyecto del presidente, Sabines Guerrero nunca ha jugado un papel relevante dentro del obradorismo. Todo lo contrario, representa un lastre para la imagen y credibilidad de la Cuarta Transformación, y la boda de su hijo mayor podría influir de manera negativa en las votaciones del próximo domingo, por aquello de la incongruencia política.

Es más, la única diferencia importante entre la boda de Juan Pablo Sabines y las de los antes mencionados es que ésta no ha aparecido todavía en las revistas de sociales. De ahí en adelante, el derroche de excentricidad es patente.

Las nupcias se llevaron a cabo en la colonia residencial Jardines del Pedregal, donde se concentra la clase alta del sur de la Ciudad de México, donde Sabines Guerrero tiene una lujosa propiedad que había vendido hace algún tiempo por falta de liquidez, pero que logró recuperar durante su periodo como gobernador de Chiapas.

En esa residencia se realizó la fiesta, y la ceremonia matrimonial fue oficiada en la Parroquia de la Santa Cruz por uno de los prelados más apapachados durante el sabinato, el hoy arzobispo de Monterrey y antes arzobispo de Tuxtla Gutiérrez, Rogelio Cabrera López.

Entre los invitados estuvieron los integrantes del círculo cercano de Sabines Guerrero. Como Mauricio Perkins Cardoso, exjefe de la oficina de la gubernatura quien tiene una carpeta de investigación en la Fiscalía General de la República por los delitos de peculado, desvío de recursos públicos, tráfico de influencias, abuso de autoridad, ejercicio ilegal de funciones, enriquecimiento ilícito, entre otros. También el flamante notario Carlos Octavio Castellanos Mijares, exconsejero jurídico del Gobernador que dejó un cochinero de corrupción en el Registro Público de la Propiedad y en el Catastro. Asimismo, la exdiputada Guadalupe Rovelo Cilias y hasta el cantante Emmanuel, quien aseguró que convertiría el Río Sabinal en la Venecia de Tuxtla Gutiérrez, con paseos en góndolas, jardines, restaurantes, plazas, etcétera, pero al final terminó desapareciendo los casi 300 millones de pesos que fueron destinados para la realización del proyecto de recuperación del afluente.

Si pusiéramos a todos los invitados en fila y sumáramos el número de años que les correspondería por los delitos que se les imputa, diríamos que en esa fiesta habría por lo menos mil años de prisión.

VOLVAMOS A LA PREGUNTA

Insisto: ¿medirá el presidente a Juan Sabines con la misma vara con que midió a Nieto y a Yáñez? Porque, por decir lo menos, la boda de su hijo contrasta, y mucho, con la imagen honesta y austera que ha pretendido reflejar el gobierno obradorista.

P.D. ¿La imagen que ilustra el presente texto habla por sí misma del muy parecido por no decir idéntica similitud física entre el hoy esposado y uno de sus invitados de honor el también cantante Alexander Acha, será acaso que hay alguna historia de consanguineidad en el pasado entre estos dos personajes; y que solo sus padres guarden algún secreto sobre ello?

yomariocaballero@gmail.com

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