Sobre lo peligroso que es ser periodista

Letras Desnudas

Mario Caballero

Primer Apunte: ARIEL

Antes que cualquier otra cosa, mi primer pensamiento es con la víctima, en este caso el periodista agredido. Iban por él. Trataron de asesinarlo con alevosía y ventaja. Eran unos matones que sabían dónde vivía y tenían planeado el atentado.

Los primeros reportes informaron que Ariel Grajales Rodas había sido llevado al hospital y reportado como grave después de haber sido baleado durante la madrugada de este miércoles en el interior de su hogar en Villaflores, municipio enclavado en la región frailesca de Chiapas que en los últimos años ha sufrido la violencia y el terror de presuntos grupos del crimen organizado.

Desde esta columna le mando a Ariel un abrazo solidario.

Le digo, asimismo, que respeto su trabajo y el profesionalismo con que lo ejerce. No por nada ha recibido diversos reconocimientos por su labor periodística y por su esfuerzo incansable en la difusión cultural de Villaflores, su tierra natal.

No tengo duda que es un buen periodista. Su portal de noticias villaflores.com es una página obligada para estar enterado de los sucesos más relevantes del municipio y el estado. Me gusta el estilo riguroso de sus reportajes y que nunca cae en el lugar común. Siempre cuestiona y les da voz tanto a los ciudadanos como a los personajes del poder, aunque sean muy controvertidos.

Es entendible que muchas personas se sientan incómodas por lo que informa y opina. Eso habla bien de su trabajo, que mantiene un enfoque en materia de seguridad. Últimamente ha publicado información sobre la disputa entre grupos criminales en los municipios de Villaflores y Chicomuselo.

Lamento muchísimo que mi colega, quien fue de los primeros en brindarle un espacio a mi columna, haya sufrido un ataque artero para acabar con su vida. Deseo que se reponga rápido de las heridas y del trauma psicológico de haber vivido un intento de homicidio, porque este país, ahora más que nunca, requiere de personas con la valentía y profesionalismo de Ariel.

SEGUNDO APUNTE: EL PELIGRO DE SER PERIODISTA EN MÉXICO

Ariel Grajales no es el primer periodista que sufre un atentado de esta naturaleza en Chiapas. Él se salvó, pero otros no tuvieron la misma suerte. Ahí está el caso de Mario Gómez, quien fue asesinado a plena luz del día el 21 de septiembre de 2018 por dos sujetos armados que lo interceptaron al salir de su domicilio, en Yajalón. Los disparos que recibió en el abdomen le arrebataron la vida.

O el caso de Fredy López Arévalo, asesinado de un disparo en la puerta de su casa el jueves 28 de octubre de 2021. Él había sido corresponsal de El Financiero y El Universal en Centroamérica, y el día que lo mataron volvía a su hogar acompañado de su esposa e hijos, en San Cristóbal de las Casas.

El suceso más reciente es el del director del portal de noticias Realidades, Víctor Morales, cuyo cuerpo fue encontrado el pasado 28 de junio a la orilla de la carretera con impactos de bala y signos de tortura. Algunas versiones suponen que su asesinato pudo estar relacionado con el ejercicio de su profesión, ya que en sus reportajes abordaba temas como la inseguridad, el desplazamiento de poblaciones por la violencia y los enfrentamientos de grupos armados en varias regiones de Chiapas, especialmente en su lugar de residencia, el municipio de Cintalapa.

Desgraciadamente, estos casos siguen sin castigo.

De acuerdo con un informe de la organización Artículo 19, que defiende la libertad de expresión, cada 16 horas se agrede a un periodista o medio de comunicación por ejercer su profesión en México, que durante varios años consecutivos se ha posicionado como uno de los países más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo.

En 2023, esta organización registró 561 agresiones, incluyendo desapariciones y los homicidios de cinco informadores: Ismael Villagómez, en Chihuahua; Jesús Gutiérrez, de Sonora; Nelson Matus, en Guerrero; Luis Martín Sánchez, de Nayarit, y Marco Aurelio Ramírez, asesinado en el estado de Puebla.

Con 3 mil 408 ataques, el sexenio de López Obrador supera en 62.13% la violencia contra la prensa respecto al gobierno de Enrique Peña Nieto, periodo en el que se registraron 2 mil 502 agresiones.

Además, del primero de diciembre de 2018 al 28 de junio de 2024 han sido asesinados 47 periodistas y cuatro permanecen en situación de desaparecidos.

TERCER APUNTE: NADIE ESTÁ A SALVO

En no pocas ocasiones he manifestado mi repudio contra los ataques a los colegas, incluyendo las ofensas en las redes sociales y, por supuesto, los asesinatos.

Es condenable que un periodista sea víctima de violencia verbal o física, llegando incluso a privarlo de la vida, por el simple hecho de ganarse la vida, aunque eso implique publicar información que compromete a personajes poderosos u opine sobre acontecimientos que tienen impacto en la vida pública. Como Ariel Grajales, quien horas antes del ataque había denunciado en sus cuentas de redes sociales el cobro de derecho de piso que afecta a toda la actividad comercial en la región de Villaflores.

Desde hace tiempo, familiares y amigos me han sugerido tomar mayores medidas de seguridad y solicitar algún mecanismo de protección por parte de las autoridades, temen que llegue a ser víctima de agresión o de algo peor debido a las críticas y cuestionamientos que hago sobre personajes relevantes de la vida pública estatal en mis columnas.

En lo personal, hasta ahora me he rehusado a pedir alguna protección del gobierno como condición para seguir ejerciendo mi labor profesional. Por desgracia, a eso hemos llegado los periodistas. A desear que lo que publiquemos no pase de los insultos y las recordadas de progenitora. Sí, a andar por la calle con miedo y a recelar de cualquier motociclista que se nos empareje en el crucero, no sea que mientras el semáforo está en rojo nos agujereen el cuerpo a punta de balazos.

A Grajales Rodas le dispararon dentro de su casa mientras dormía. Los matones ubicaron su domicilio y se metieron en la madrugada con el fin de matarlo. Qué horror.

Para nuestra mayor tristeza, sabemos que no podemos poner nuestra seguridad en manos del Estado, que ha sido incapaz de proteger y hacer justicia por los atentados contra el gremio.

Peor todavía, si Ciro Gómez Leyva, que radica en la Ciudad de México y tiene una cobertura nacional, fue blanco de un intento de homicidio, y la libró sólo porque viajaba en una camioneta blindada, ¿qué nos espera a los que estamos en los estados? En realidad, nadie está a salvo ni seguro.

CUARTO APUNTE: EL DISCURSO DE ODIO

El 14 de diciembre de 2022, el presiente López Obrador dijo en su conferencia matutina que escuchar a Gómez Leyva “es hasta dañino para la salud, o sea, si lo escucha uno mucho hasta le puede salir a uno un tumor en el cerebro” (sic).

Según él, su comentario fue muy chistoso. Pero, al día siguiente, quisieron asesinar a Ciro.

El discurso de odio y la polarización política sin duda contribuyen a generar un clima de violencia en contra de los periodistas, aunque haya mucha gente que lo niegue. Cuando asesinaron a Colosio en 1994, muchos decían que “los climas no matan”, pero antes del magnicidio había un clima político intenso.

Considero que mientras no cese el ataque hacia medios y periodistas desde la tribuna del poder, tampoco cesarán los ataques, la violencia y los asesinatos.

[email protected]

Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *