Letras Desnudas
Mario Caballero
No hay duda, es tiempo de mujeres.
En todas partes del mundo, de manera especial en México, las vemos destacar en todas las áreas de la vida profesional y laboral. En la academia, en el sector empresarial, en el deporte, en la música, en el arte culinario; como abogadas, ingenieras, doctoras, arquitectas, actrices, pintoras, cantantes y, bueno, en la política ni se diga. Estamos a unos meses de que una mujer rinda protesta como presidenta de la República.
Las mujeres han avanzado mucho a partir de este siglo XXI, donde los cambios y transformaciones huelen a perfume de mujer. Han logrado empoderarse y demostrar que son igual o más capaces que los hombres.
Su presencia ha crecido en el espacio público y en los cargos de toma de decisiones. Muestra de ello es que existe paridad en el Congreso de la Unión, una mujer lidera la Suprema Corte de Justicia de la Nación e instituciones clave como el Inai y el INE. Esto sin olvidar que también tenemos nueve gobernadoras y la mitad del gabinete del presidente López Obrador está integrado por mujeres desde 2018.
La verdad me alegra que el país haya avanzado tanto en la agenda de las mujeres, conquistando mayores garantías para sus derechos y libertades, combatiendo de raíz las causas de la violencia de género, promoviendo la equidad, derribando las barreras de la desigualdad y permitiendo el equilibrio en los cargos públicos. Enhorabuena que estemos superando el machismo histórico. Hay que seguir haciéndole justicia a un segmento que representa la mitad de la población.
RECONOCIMIENTO
He hecho este introito para reconocer a dos mujeres que a la opinión de este columnista sus acciones y carreras en la política han comenzado a dejar una impronta de la que mucho se hablará en los próximos años.
La primera es, por supuesto, Claudia Sheinbaum Pardo.
¿Qué cosa hay que no se haya dicho ya de ella? Que es una científica multipremiada por su trayectoria en el ámbito académico, que fue la primera mujer en acceder al cargo de jefa de Gobierno de la Ciudad de México y también al de jefa delegacional de Tlalpan, así como que tras 24 años de carrera política logró obtener el máximo cargo público del país.
Aunque eso no es poca cosa, no basta para hacerle justicia. Hay que reconocer también que ha sido una mujer que ha brillado con luz propia. Convirtiéndose en inspiración de muchas generaciones de mujeres en el país.
Por el lado académico, contribuyó en el equipo que redactó un capítulo del trabajo del Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), que en 2007 recibió el Premio Nobel de la Paz.
En lo político, también ha recibido reconocimientos desde su desempeño como secretaria de Medio Ambiente en el gobierno de la Ciudad de México con Andrés Manuel López Obrador.
En 2018, ganó la Jefatura de Gobierno de la capital del país con el 47 por ciento de los votos, 16 puntos más que su más cercana contrincante. Y lo hizo gracias a sus buenas propuestas en materia de seguridad, economía y combate a la pobreza. Con ello, le arrebató al PRD el control de la ciudad que ostentaba desde 1997.
Sus logros como jefa de gobierno hablan de su capacidad para enfrentar grandes desafíos. Uno de ellos fue el ahorro total de 100 mil millones de pesos, gracias a la política de austeridad y combate a la corrupción.
La Auditoría Superior de la Federación, por otra parte, le otorgó a la Ciudad de México la mejor calificación tras la revisión de todos los recursos públicos ejercidos, dando como resultado cero observaciones por parte del órgano fiscalizador.
En materia de seguridad redujo en 58 por ciento los delitos de alto impacto, pasando de 117 a 56 diarios; desarticuló 241 células delictivas a través de la inteligencia, la investigación y la coordinación de la policía local con la Guardia Nacional, la Sedena y la Marina.
Aparte, con la instalación de 194 centros comunitarios llamados Pilares y con la implementación de diversos programas sociales, rescató a 11 mil jóvenes de la delincuencia. Logros en verdad notables. Hoy en día, en la CDMX se vive con mayor seguridad y paz social que antes de 2018, cuando el 98% de las personas consideraban que la capital era insegura, según la Encuesta Nacional sobre Seguridad Urbana del Inegi.
Cabe destacar que su administración acumuló un total de 12 premios nacionales e internacionales.
Por todo ello, no dudo que Claudia Sheinbaum, además del enorme respaldo social que obtuvo el pasado dos de junio, siendo la presidenta más votada en la historia del país, tiene toda la legitimidad y todos los incentivos para convertirse en la mejor presidenta de México.
FLOR
La otra mujer es Flor de María Esponda.
Se trata de una joven de 30 años que ejemplifica que la juventud no está peleada con el talento. Lo demostró recientemente durante su participación en los Diálogos Nacionales sobre las reformas constitucionales al Poder Judicial llevados a cabo aquí en Chiapas hace un par de días.
Ante la presencia de jueces, magistrados, consejeros, especialistas en materia judicial, así como el gobernador Rutilio Escandón y el gobernador electo Eduardo Ramírez Aguilar, disertó sobre la necesidad de respetar los equilibrios y los contrapesos del poder, sobre cómo salvar el concepto de República, cómo potenciar y fortalecer la carrera judicial y, especialmente, cómo construir una reforma más amplia que no sólo impacte la estructura de los poderes judiciales, sino que también impacte en el acceso a la justicia de las personas, mediante un Poder Judicial cercano, amable, justo y austero.
Así lo dijo: “La división de poderes simboliza uno de los valores profundos de nuestra democracia institucional. Valores que representan un control al poder político, la salvaguarda de los derechos y las instituciones que emanan de la voluntad popular y se materializan al interior de la Constitución Política”.
Y recalcó: “La reforma al Poder Judicial representa, simboliza y materializa el anhelo del pueblo, que quiere ver en sus jueces, magistrados y ministros a personas como ellos, es decir, honestos, trabajadores y comprometidos con el bien común. La identificación fortalece la confianza en la justicia y, por ende, a todo el sistema democrático”.
A su corta edad, Flor Esponda tiene una clara cosmovisión sobre la realidad del país y de lo que necesita para alcanzar los estándares más elevados de calidad de vida, desarrollo social, estabilidad económica y gobernabilidad. No por nada su desempeño en instituciones como la Secretaría de Relaciones Exteriores, Instituto Nacional de Migración y el Registro Público de la Propiedad, ha merecido el reconocimiento de la clase política local y nacional.
A mí me queda claro que en Esponda se encuentra el paradigma de la mujer joven capaz de asumir liderazgos políticos que respondan a los más complejos cambios sociales. Por tanto, su futuro es promisorio. Auguro buenos logros de su próxima gestión como diputada federal.
Aplaudo que por primera vez en la historia de México una mujer ocupe la Presidencia de la República y que cada día haya más mujeres jóvenes participando en la política, que con preparación y talento se están haciendo cargo de construir un mejor país para las nuevas generaciones. Ya era hora. Estoy convencido que todos vamos a beneficiarnos con menos testosterona al mando de las instituciones.










