Letras Desnudas
Mario Caballero
Hace unas semanas, traje a la memoria el proyecto con el que el gobierno de Juan Sabines Guerrero nos vendió la idea de que el río Sabinal, en Tuxtla Gutiérrez, sería nuevamente navegable. Fue éste uno de los tantos proyectos fallidos de esa corrupta e inepta administración que nos costó a los chiapanecos alrededor de 300 millones de pesos.
A continuación, presento otro proyecto fallido del sabinato que fue presumido hasta el cansancio, que supuestamente iba a ser la panacea para combatir el cambio climático y la pobreza en Chiapas y que terminó en un rotundo fracaso, pero a través del cual muchos funcionarios y políticos terminaron millonarios.
Me refiero al proyecto de producción de biodiesel. ¿Se acuerda de él?
Sabines Guerrero lo anunció en 2007 con bombo y platillo. Fue uno de sus proyectos icónicos. Estaba orgulloso de él y convencido de que nos permitiría dar un gran salto al prescindir de los combustibles fósiles y contaminantes, pues Chiapas se convertiría en paradigma nacional al producir biodiesel a partir de la siembra, cosecha e industrialización de piñón mexicano.
ASÍ SE VENDIÓ LA IDEA
La idea sonaba bien. Sabines estableció contactos con organizaciones ambientalistas de Estados Unidos para sembrar más de 40 mil hectáreas de jatropha curcas o piñón, una planta nativa de México, que serviría para producir biodiesel que se comercializaría inicialmente en la nación del norte y para el uso de vehículos del transporte público de los municipios de Tuxtla Gutiérrez y Tapachula, que se conocieron como Conejobús y Tapachulteco.
Desde el 2008, Roberto Morales Domínguez, entonces presidente de la Comisión para el Desarrollo Rural, encabezó reuniones en diferentes zonas del estado para alentar a los campesinos para que sembraran piñón. Por lo que se tuvo previsto sembrar un promedio de 10 mil hectáreas en los municipios de Mapastepec, Acacoyagua, Acapetahua, Escuintla, Pijijiapan y Huixtla, con un rango de ganancias para los campesinos de 380 millones de pesos. Muy buenos.
Posteriormente, se anunció la apertura de oficinas en Comitán, Tuxtla Gutiérrez y Arriaga, donde se pretendía concentrar toda la producción que se generaría en Chiapas.
Para darle más sabor al asunto, la financiera Cesagro les decía a los campesinos que “tenía los recursos listos” para apoyarlos hasta con 18 mil pesos para la siembra de la planta, así como para asistencia técnica y seguro agropecuario.
Esto entusiasmó tanto a los agricultores que muchos de otros municipios como Frontera Comalapa, La Trinitaria, Las Margaritas, Las Rosas, Socoltenango, Comitán y Tapachula se apuntaron para entrarle a la producción de piñón.
En abril de 2010, Juan Sabines ordenó la creación del laboratorio de bioenergía, con una inversión de 10 millones de pesos, el primero en su tipo en México, orientado a la producción de aceites y biodiesel, con lo que Chiapas, dijo, “se ponía a la vanguardia” en este ramo.
Sin embargo, como se tenía previsto una producción de 20 mil litros de este combustible en la planta de Puerto Chiapas, esa cuota no se lograría con la producción de jatropha en el estado. Así que para asegurar la producción, la empresa Energy Fox anunció que invertiría 650 millones de pesos en Veracruz para la siembra de 100 millones de plantas. Aparte, dijeron que se promovería la siembra en Campeche, Tabasco, Quintana Roo y Yucatán.
De hecho, el presidente de Energy Fox, Lowel Fox, recorrió varios municipios de Chiapas para hablar de las bondades de sembrar piñón en las parcelas. Los campesinos supieron de los beneficios económicos de esta siembra y comenzaron a sustituir la producción de otros productos, ya que les aseguraron que se generarían más de 80 mil empleos formales y una derrama económica de 2 mil millones de pesos.
No es todo. Les explicaban a las familias que no invertirían en agroquímicos o fertilizantes para el crecimiento de las plantas. Además, que una hectárea de jatropha era capaz de producir 600 galones de aceite y que una planta de éstas vive entre 50 y 60 años. Por tanto, era mejor y más rentable que sembrar maíz, frijol o caña de azúcar.
El 17 de noviembre de 2010, se inauguró la planta de Puerto Chiapas con una inversión de 36 millones de pesos, 21 millones puestos por el gobierno sabinista y 15 por el gobierno federal, entonces presidido por Felipe Calderón.
Cinco meses después de la inauguración, el dos de abril de 2011, se anunció el primer vuelo entre Chiapas y la Ciudad de México, con un avión que usaría exclusivamente bioturbosina.
Y durante el final de las actividades de la Conferencia de las Pares de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático COP 16, llevada a cabo en Cancún, dos camiones del transporte público que serían usados para Tapachula, llamados “TP001 Lic. Felipe Calderón Hinojosa” y “TP001 Ban Kin-moon”, se presumieron como los primeros vehículos funcionando al 100% con biodiesel.
EL ENGAÑO AMBIENTALISTA
Al poco tiempo, nos enteramos que el proyecto fue un engaño. ¿Cuánto nos costó ese chistecito a los contribuyentes?
De acuerdo con lo anunciado por Juan Sabines Guerrero, 117.5 millones de pesos. Aunque hay personas, entre ellos algunos funcionarios de la pasada administración, que aseguran que el fraude podría alcanzar los 2 mil millones de pesos.
De entrada, los 36 millones que se utilizaron para la construcción de la planta de Puerto Chiapas se tiraron a la basura, puesto que las instalaciones hoy día están convertidas en chatarra.
Esa planta nunca produjo los 20 mil litros de biodiesel que tanto se anunció. Es más, ante la insuficiencia de jatropha para continuar con la operación, empezaron a comprar aceite de desecho de los restaurantes de pollo que proliferan en la ciudad de Guatemala. Los primeros camiones de 10 mil litros con ese aceite empezaron a llegar a principios de 2011. Empero, no fue suficiente. Por lo que la planta fue cerrada a mediados de ese mismo año. Al igual que el laboratorio de 10 millones de pesos.
Para mayor indignación, funcionarios sabinistas como Salín Rodríguez Salomón, quien fue titular del Instituto de Reconversión Productiva y Bioenergéticos, creada ex profeso por el tema de biodiesel, se llenó los bolsillos con el dinero de este proyecto.
Se dice que con la protección del llamado “chapitas”, Juan Carlos López Fernández, Rodríguez Salomón recorrió los viveros de los estados de Tabasco, Veracruz y Michoacán comprando plantas de piñón en cinco pesos, que después las vendió al Gobierno del Estado en 35 pesos para la instalación de los viveros. Esto entre los años 2007 y 2011.
Por otra parte, el gobierno de Sabines generó una deuda superior a los 100 millones de pesos con 2 mil 300 campesinos que perdieron su patrimonio al cambiar sus cultivos para sembrar piñón.
Como cereza del pastel, los vehículos que manejaron Felipe Calderón y el expresidente de la ONU, Ban Kin-moon, nunca usaron biodiesel, sino combustibles fósiles, es decir, diésel vendido en los expendios de Pemex. El Conejobús y el Tapachulteco siempre funcionaron con combustibles contaminantes.
¿A CUÁNTO ASCIENDE EL FRAUDE?
Tomemos, pues, esta cifra de 117.5 millones de pesos, que ciertamente podría ser mucho más elevada y alcanzar esos 2 mil millones de los que muchos hablan. Se trata, desde luego, de muchísimo dinero que se perdió y tiró a la basura en otro de los proyectos fallidos del corrupto sabinato.










