Letras Desnudas
Mario Caballero
“Vamos a seguir apoyando al gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y a su pueblo” (conferencia de prensa del 10 de agosto de 2024).
“Y le creemos al gobernador, es compañero del movimiento desde hace tiempo. Tiene un enorme apoyo popular en Sinaloa, la gente lo quiere mucho” (conferencia de prensa del 12 de agosto de 2024).
“No hay ninguna prueba en contra del gobernador Rocha Moya” (conferencia de prensa del ocho de octubre de 2024).
“No hay que especular (…). Si hay pruebas, que se presenten” (conferencia de prensa del 16 de octubre de 2024).
“Nuestra labor es ayudar como gobierno federal a proteger a las familias de Sinaloa, ese es nuestro trabajo. Había ahí algunas columnas, como si fuera como antes, en donde la presidenta decidía a quién ponía, a quién quitaba. Esa no es la labor del gobierno federal” (conferencia de prensa del 27 de enero de 2025).
RESPUESTAS
Lo arriba escrito son algunas respuestas de la presidenta Claudia Sheinbaum en torno a las acusaciones en contra de Rubén Rocha Moya por sus presuntos vínculos con el narcotráfico y a las recientes protestas ciudadanas en Sinaloa que exigen la renuncia de este gobernador debido a la violencia en el estado.
Y como hemos podido leer, todas son en defensa y en apoyo a este mandatario, quien después del arresto del “Mayo” Zambada, lo cual desató la violencia en Culiacán y en todo Sinaloa, tuvo el cinismo de salir a decir que seguramente ocurrirían más hechos violentos, pero que todo estaba bajo control.
Incluso, tuvo el descaro de burlarse de los ciudadanos que solicitaron la revocación de su mandato, asegurando que no eran capaces de reunir las firmas necesarias para realizar la consulta, y con sonrisa socarrona hasta ofreció su ayuda para alcanzar el número de firmas. Qué tipo.
No lo sé de cierto, pero supongo que cualquier otro mandatario en su lugar, pero uno con la moral bien puesta y con el prestigio a prueba de toda acusación, no andaría con ese tipo de comentarios. Por el contrario, quiero pensar que hasta pondría su renuncia sobre la mesa para facilitar el proceso de las investigaciones en su contra y no afectar la imagen de su partido. Al final, una vez demostrada su inocencia, quedaría su honorabilidad no sólo intocable, sino también fortalecida.
EL CASO
Tristemente, no parece ser ese el caso de Rocha Moya.
Existen por lo menos dos informes de inteligencia que señalan su participación con el Cártel de Sinaloa. Uno de ellos detalla cómo los líderes de Morena financiaron campañas de seis gobernadores, incluido él, con el apoyo de los llamados Reyes del Huachicol.
El otro informe hace referencia a la captura de Ismael Zambada y a la supuesta participación de Rubén Rocha en el asesinato de Héctor Melesio Cuén y en el encubrimiento del crimen.
Además está la carta que Zambada publicó a través de su abogado en las redes sociales, señalando a Rocha Moya como pieza central en las relaciones con dicho cártel. Esta carta fue acompañada de un documento soporte que fue entregado a las autoridades estadunidenses el cual describe la relación de este gobernador con la agrupación criminal.
Por otro lado, la Fiscalía General de la República investiga si en verdad estuvo en Estados Unidos el día de la detención del líder del cártel, ya que fuentes del Departamento de Supervisión e Inteligencia de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza en Estados Unidos no encontraron registros de su entrada a ese país en la fecha en que él mismo afirma haber estado ahí.
“El diablo está en los detalles”. Todo apunta a que el gobernador de Sinaloa ha estado involucrado con el cártel y que participó en el asesinato del empresario y político Cuén Ojeda, el 25 de julio de 2024.
A pesar de ello, ha sido sumamente respaldado por su partido.
PENSÁNDOLO BIEN…
Es comprensible que Morena y la presidenta manifiesten su apoyo a Rocha Moya. Al fin de cuentas, es uno de los suyos. Pero si hasta en la familia hay límites, ¿por qué no debería haberlos en estos casos?
Meditemos en que lo de Rocha Moya no es un asunto en el que sólo esté en juego la imagen pública y el futuro político de este gobernador, lo cual viene siendo lo de menos. El quid del caso tiene que ver con la seguridad, el Estado de derecho, la gobernabilidad y, específicamente, con el bienestar de las personas.
De tal modo, todo apoyo hacia él es un claro gesto de desdén a la legalidad y a la salvaguarda de la sociedad.
Es cierto, ya no estamos en aquellos tiempos en los que el presidente quitaba y ponía gobernadores a su voluntad. De lo cual mucho sabemos los chiapanecos.
Fue el caso de Eduardo Robledo, quien fue obligado a renunciar por Ernesto Zedillo. No hubo una explicación oficial, pero trascendió que el obispo Samuel Ruiz pidió la cabeza del exgobernador bajo el argumento de que éste era incompetente para resolver el conflicto zapatista. A tal efecto, Robledo fue nombrado secretario de la Reforma Agraria y al poco tiempo fue enviado a Argentina como embajador.
Así funcionaba antes el poder.
Empero, el gobierno morenista aparenta no darse cuenta que está dándose un tiro en el pie, cometiendo los mismos errores de los gobiernos priistas y panistas, que también protegieron a mandatarios denunciados por corrupción y nexos con el crimen organizado.
Como Javier Duarte, exgobernador de Veracruz, que a pesar de las denuncias en su contra por corrupción, el expresidente Peña Nieto lo presentó como un ejemplo de renovación generacional y el PRI lo apoyó en su campaña.
Otro es Tomás Yarrington, quien fue detenido en Italia por acusaciones de corrupción y lavado de dinero. Aunque el PRI lo expulsó del partido, la medida se consideró como una acción vacía, ya que el exmandatario de Tamaulipas tenía cinco años de haberse fugado del país con la presunta complicidad del tricolor.
Lo mismo pasa con Rubén Rocha, y no sólo con él. También con las gobernadoras y gobernadores morenistas de Guerrero, Michoacán, Sonora, Zacatecas, Baja California, Veracruz y Morelos, donde ha incrementado la violencia y hay severas acusaciones de corrupción. No obstante, ninguno de ellos ha recibido siquiera un jalón de orejas. Todo lo contrario, son aplaudidos, defendidos y hasta protegidos.
Desde luego, no se trata de satanizar a los gobernadores, ni de ponerlos de patitas en la calle de manera arbitraria. Pero Morena y el oficialismo deberían actuar con mayor congruencia, con rectitud, con honestidad moral.
La presidenta Sheinbaum cuenta una legitimidad y un respaldo ciudadano históricos que no puede echar por la borda. Tiene todo para ser una gran presidenta.
Por tanto, si en verdad quiere recuperar la gobernabilidad y la seguridad del país, no podrá hacerlo apoyando a gobernadores del tipo como Rocha Moya, que con el estigma que ahora carga no puede ayudarla a alcanzar sus propósitos. Al contrario, sólo le estorba.
Lo mejor que puede hacer es deslindarse y exigir la rendición de cuentas a la justicia, sea quien sea. Con ello no sólo estaría dando muestra de integridad y compromiso, sino también alejaría a su gobierno del mismo error que cometieron los del pasado. Ya sabemos dónde quedaron el PRI y el PAN.










