Letras Desnudas

Mario Caballero

¿Ha visto usted alguna vez una imagen que le diera asco? Y no hablo de fotos de comida podrida infestada de gusanos, charcos infectos con légamo maloliente, contendores de basura repletos de cucarachas, heridas purulentas, cadáveres descompuestos, ni de hervideros de moscas alrededor de animales muertos. Me refiero a las estampas de los funcionarios públicos en poses cínicas. Yo acabo de ver una en Twitter.

La fotografía es reciente. Publicada el pasado ocho de agosto por la misma persona que aparece en ésta. Se trata de Francisco Garduño Yáñez, comisionado del Instituto Nacional de Migración.

Viste un traje gris despampanante. Está muy sonriente y su sonrisa es la de un funcionario que refleja estar satisfecho con su labor. Lo acompaña una mujer, muy elegante. Es Dana Graber Ladek, Jefa de Misión en México de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

¿Dónde está el asco? En el descaro.

Garduño se atrevió a escribir en el tuit que junto con Graber “analizamos las propuestas de innovación para las estaciones migratorias del INAMI”. Lo dijo cuando todo mundo sabe que él es uno de los principales responsables de la muerte y múltiples violaciones a los derechos humanos de los migrantes. ¡Asqueroso!

TERROR

Nadie me dejará mentir que el actual sexenio ha sido el peor en mucho tiempo en cuanto a la atención del fenómeno migratorio.

A pesar de que el presidente Andrés Manuel López Obrador ha hecho propuestas importantes para regular la migración mediante políticas, estrategias y programas sociales en conjunto con las autoridades estadunidenses, México es hoy en día un terror para todas las personas que cruzan por nuestro territorio intentando alcanzar el sueño americano. Es decir, obtener mayores oportunidades para una mejor calidad de vida, oportunidades que no tienen en sus respectivos países.

Culpable de ese clima de terror es sin lugar a dudas Francisco Garduño, un optometrista de 74 años que llegó a ocupar el cargo sin tener ninguna experiencia en cargos relacionados con asuntos migratorios, pero sí en puestos que tienen que ver con el sistema penitenciario. En otras palabras, es experto en cárceles.

Asumió la titularidad del INAMI el 16 de junio de 2019, en el contexto de la súbita llegada de las “caravanas migrantes” con miles de personas a la frontera sur de México. Fue entonces que empezó el terror.

Nosotros, los chiapanecos, sabemos de primera mano los crímenes cometidos contra los migrantes, donde ni los niños de pecho se han librado. Y no sólo por parte de las bandas criminales que los secuestran, asesinan y utilizan para la explotación sexual en todas sus formas, sino por desgracia también por las autoridades migratorias a cargo de Garduño.

Somos testigos de las golpizas que los agentes de migración propinaron en contra de centroamericanos, haitianos y africanos, a plena luz del día, en vías públicas y ante la vista de todos, incluyendo medios de comunicación.

También somos testigos de cómo Garduño convirtió la estación migratoria de Chiapas en una auténtica mazmorra, donde los migrantes eran hacinados como animales, sin agua, sin alimentos, incluso expuestos a contagiarse de Covid, ya que eran encerrados en áreas reducidas y sin ventilación. Por lo mismo, también estuvieron en riesgo de morir de calor o por sofocación.

Todo esto atestiguamos. Asimismo, la tragedia en la que cincuenta y cinco personas perdieron la vida, casi todas guatemaltecas, en el accidente donde un camión que transportaba unos 166 migrantes de cinco nacionalidades diferentes volcó en la carretera Tuxtla Gutiérrez-Chiapa de Corzo.

Este accidente ocurrió el nueve de diciembre de 2021, y es considerado como una de las tragedias más mortíferas de migrantes en México durante la última década.

¿Qué dijo Garduño al respecto? Nada. Ni siquiera dio la cara. Igual que en la muerte de siete migrantes, entre ellos una mujer, dos bebés y un niño pequeño, quienes perdieron la vida a causa de la deshidratación y el calor extremo en el verano de junio de 2019, después de que habían cruzado la frontera mexicana con Texas. Ningún agente de migración los vio cruzar, sólo recogieron los cuerpos.

De la misma forma reaccionó ante la muerte de trece personas, entre mexicanos y guatemaltecos, que murieron cuando el vehículo en el que viajaban amontonados junto con otras 12 personas chocó con un tráiler a pocos kilómetros de la frontera de California. Le valió. Ni siquiera mostró un poco de solidaridad con las familias de los compatriotas.

Ese episodio sucedió en marzo de 2021, y cinco meses después murieron otros cuatro migrantes al volcar la camioneta en la que viajaban, esta vez en una carretera en el estado de Veracruz. De este accidente ocho personas más resultaron gravemente heridas. Un año antes, en la autopista de ese mismo estado, un autobús que transportaba migrantes volcó provocando la muerte a una persona e hiriendo a 81.

No quiero alargarme con esto, pero la sonrisa de garduño me produce arcadas. Es más, sólo estoy trayendo los casos más dolorosos. Como el acaecido en febrero de este año, en el que 17 personas fallecieron cuando el autobús que trasladaba migrantes de Venezuela, Colombia y América Central, se estrelló en el meritito estado de Puebla. ¡En el centro del país! ¡Por Dios!

¿Nadie revisó ese camión? Vaya, ¿nadie lo vio pasar?

GARDUÑO DIO LA ORDEN

A la sazón, ¿por qué sonríe Francisco Garduño? Peor todavía, ¿cómo puede decir, a través de un tuit, que está analizando las propuestas para mejorar las estaciones del INAMI cuando frente a sus narices hay un doloroso y repugnante drama migratorio?

Salir con esa chorrada y en suma sonreír de satisfacción, es no tener madre.

Como no la tuvo en el incidente de marzo de este año en Ciudad Juárez. ¿Lo recuerda?

Ese día, 40 migrantes murieron quemados en el incendio de la estación migratoria de señalada localidad. Las imágenes de CCTV, publicadas después del acontecimiento en muchos medios de comunicación del país, muestran a los guardias del lugar alejarse sin abrir las puertas de las celdas donde están encerradas las personas. Los guardias huyen mientras el fuego se propaga. Una escena de horror.

¿Sabe quién dio la orden de encerrar a los migrantes? Garduño. ¿Por qué? Por capricho: abuso de poder.

Las autoridades dijeron que los habían encarcelado porque estaban protestando. ¿Y por qué protestaban? Porque en el INM les daban largas y largas y largas sobre la fecha de expedición de la carta de asilo humanitario.

¿La revuelta era suficiente para arrestarlos y dejarlos morir en el incendio? Obviamente, no.

NO HAY JUSTICIA

Para taparle el ojo al macho y calmar un poco la indignación social, la Fiscalía solicitó que Francisco Garduño fuera separado del cargo para enfrentar un juicio en su contra por este último suceso. Empero, sigue en funciones y libre, bajo el argumento de que los cargos que enfrenta son considerados como “no graves” de acuerdo con el Código Penal mexicano.

Sólo en México la muerte de 40 personas que fueron abandonadas por las autoridades durante un incendio es algo no grave.

Garduño es responsable de esas muertes porque entre sus funciones está salvaguardar y proteger a los migrantes, así como vigilar que las instalaciones del instituto estén en óptimas condiciones. Y, sin embargo, sonríe de satisfacción.

Twitter: @_MarioCaballero

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