Elecciones 2024: Expresiones, lecciones y enseñanzas

Roger Heli Díaz Guillén

A días de realizado el proceso de votación donde los mexicanos elegimos por mayoría a la primera mujer presidenta de la república en nuestra historia donde se percibió una aparente mayor participación ciudadana, considerando que en las elecciones intermedias del 2021 sin la figura de presidente de la república en la elección la participación fue de casi el 52.5% de la lista nominal, considerada la de mayor participación en los últimos 20 años en elecciones intermedias, seguida en participación de la elección del 2012 cuya participación fue de 50.3 millones de votantes. Un dato importante de destacar es el hecho que AMLO fue electo por votación histórica de 30 millones 113 mil 483 votos que en su momento fue reconocido como inédito en nuestra historia democrática, que en este 2024 fue rebasado por Claudia Sheinbaum Pardo con 35.9 millones de votos en un proceso sin precedente cuantitativamente al motivar la participación de 58 millones, 510 mil, 313 votos que representa el 59.75% del total del padrón electoral integrado por 98 millones, 329 mil, 591 electores; que comparado con la elección del 2018 la participación fue menor al destacar que cuando fue electo AMLO la participación fue del 63.4% de los ciudadanos de la lista nominal, no más de 57 millones de votantes que representó un abstencionismo del 36.6%, rebasando esta elección 2024 con poco más de un millón de votantes históricos y consolidación del gobierno con casi 6 millones más de votos que la elección pasada, aunque el abstencionismo perdura y se traduce en ventana de oportunidad en el trabajo político hacia adelante. Los resultados de la elección en medios periodísticos fueron interpretados como una aplanadora que enterró a la izquierda cuyo bloque opositor demostró desorganización y falta de oficio electoral, que no atendió como equipo el proyecto de sostener las banderas de “elección de estado” y “fraude electoral”; ya que por un lado los dirigentes nacionales de los tres partidos opositores anunciaban para confundir que habían ganado varios estados de la republica como Yucatán y la ciudad de México y muchas diputaciones y senadurías; mientras que ante el aplastante resultado el pan con su candidata presidencial se adelantaron a reconocer el mismo dos de junio por la noche el triunfo de la candidata de la transformación, resultando no consecuente ni ético la determinación de impulsar el conteo voto por voto y consecuente nulidad de las elecciones ante la inmensa diferencia de votos, manteniendo el clímax de polarización. La oposición debe reconocer que se desprendió de la ciudadanía y continuó con sus sectores sociales, que son los menos, y población “anti transformación” que no reciben beneficios de programas o apoyos de gobierno como lo reconoce vocera de la oposición; que también destaca que como aprendizaje necesitan definir que banderas deben enarbolar como “mensaje público” que a la ciudadanía le importe y; aduce, “nosotros consideramos que la seguridad era lo que le importaba a México, pero no impacto en la conciencia del ciudadano para la elección”.

En este marco una voz autorizada dentro de los politólogos de la oposición, Denise Dresser, expuso en entrevista; “me entristece saber que la mayor parte de mis compatriotas volvieron a colocarse las cadenas que les quitamos en los ochentas y los noventas…la defensa de la democracia no fue el argumento ganador en esta elección y esa democracia que nosotros defendimos, de contrapesos, no es lo que la mayoría quiere, ni necesita o le parece importante…nos esperan años difíciles donde va haber mala gobernanza…ante la llegada de un autoritarismo disfrazado de democracia verdadera…políticamente es una regresión”; reconociendo como oposición, “necesitamos cambiar nuestras palabras y nuestro vocabulario…”. Retomando lo expresado por la politóloga destaca el irracional manejo del lenguaje y de la historia acomodándolo en una narrativa de caudillos que le dicen al pueblo que se ha equivocado al no atender el “modelo de democracia” que ellos proponen y que ya vivimos por décadas; aunque la izquierda por sus voceros retoman como aprendizaje y rumbo el construir nuevas banderas traducidos en mensajes políticos basado en el cambio de “palabras y vocabulario” que se traduce en cambios de pensamiento y plataformas políticas. Planteando y observando Morena que la oposición no se acercó ni habló con la gente. “Vieron el árbol y no el bosque. El voto se logra con proyecto y corazón. La oposición no tuvo una plataforma ideológica, política, electoral”. Un tema sustantivo que nos hereda para la vida pública el resultado de las elecciones se relaciona con la teoría de la división de poderes de John Locke y Montesquieu, donde las decisiones no deben concentrarse en poder absoluto, debiéndose autocontrolar como un sistema de contrapeso y equilibrios como lo establece la constitución. El tema de fondo es el “pecado” que un mismo partido tenga control mayoritario en dos de tres poderes, el ejecutivo y el legislativo en sus cámaras de diputados y senadores; que en momentos de transición donde la oposición ha actuado cerrando pasos a reformas constitucionales y legales propuestas sin argumentos sólidos y fundados, si resulta estratégico y benéfico el que estos poderes tengan coincidencias y compromisos con el pueblo de México que los eligió, debiendo actuar en su beneficio en el marco de su autonomía o que el pueblo se los reclame. Concluimos que las campañas 2024 fueron dirigidas por la polarización, denuncia, denigración, insulto, quedándonos a deber proyectos y formas de como se ve México y el reto que representa gobernarlo; donde el cuento de la democracia no ha concluido dejándonos un panorama de 40 millones de votantes que no participaron en la presente elección; que nunca han participado o; tienen dudas, indefiniciones, falta de información o interés, que resulta ser una ventana de intervención que puede impactar al 2027 y 2030 con estrategia y trabajo político que no sea de gabinete, fotos y redes sociales. 

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