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El otro gran ganador de la elección

Letras Desnudas

Mario Caballero

En la dinámica del poder, las elecciones democráticas son la piedra de toque que sirven para conocer las fortalezas de los partidos políticos, de sus cuadros, de sus proyectos y resultados como gobierno. Ahí una de las principales ganancias de llevarlas a cabo. La principal, como todos sabemos, es entregarle al pueblo el poder de elegir los gobiernos.

En las elecciones del domingo pasado, hubo una evaluación de los partidos en cuanto a la claridad de sus propuestas, nivel de aprobación y confianza entre los ciudadanos que los votaron o que dejaron de votar por ellos. Según los resultados, Morena sigue siendo la institución política de mayor preferencia entre los electores, que le dieron la confianza para dirigir el gobierno en los estados de Hidalgo, Oaxaca, Quintana Roo y Tamaulipas, dos de ellos viejos bastiones del PRI.

Tras estas votaciones, Morena pasa a tener el control de 22 estados de la República, siendo gobierno para 68.3 millones de mexicanos, es decir, más de la mitad de la población total del país. Asimismo, avanza en su conquista del sur de México, donde sólo le falta la gubernatura de Yucatán para alzarse con el dominio absoluto de la región.

Si hay un claro ganador de las elecciones a gobernador es Morena. El vencedor indiscutible. Exhibió que los esfuerzos de los partidos tradicionales han sido insuficientes para reconquistar la confianza de los electores y está prácticamente borrando del mapa político a la oposición, pintando de guinda a los estados del país y estableciendo una nueva hegemonía política.

Pero en todo este complejo ejercicio democrático también fueron puestos a prueba los liderazgos. El de Ricardo Monreal es, sin duda alguna, el que resultó mejor calificado y el que mayores frutos entregó para Morena y para el movimiento del presidente Andrés Manuel López Obrador.

EL LIDERAZGO DEL ZACATECANO

El líder de los morenistas en el Senado de la República no fue un turista electoral en los seis estados donde hubo elecciones. No fue un espectador más en las campañas políticas de los candidatos de Morena. Tampoco llegó sólo a acompañarlos en sus recorridos y mítines, buscando el foco de atención mediática que le diera sus cinco minutos de fama, como sí hicieron otros para hacerse visibles y generar la nota.

Todo lo contrario, fue un miembro más del equipo de los candidatos, a los que acuerpó, asesoró trazando líneas de acción estratégica y cuya presencia abonó para el fortalecimiento de los proyectos que resultaron ganadores.

Un líder político no es aquel que nada más lleva la batuta de un partido o de un grupo a fin. Es aquel personaje que motiva a sus seguidores a meterse a la batalla con las armas bien puestas y cargadas, que los llama a la acción, especialmente en la promoción o defensa de las mejores causas sociales. Invita a sus aliados a ser testigos y partícipes de su tiempo, bajo el entendido de que al lograr beneficios para la población también ellos se verán beneficiados con la aquiescencia y confianza de la gente.

Así es el liderazgo de Ricardo Monreal. Hay que recordar que él es de esos políticos que se hizo a sí mismo peleando las batallas, registrando la desigualdad, apuntando el dedo hacia el orden oligárquico que en muchos rincones del país nos quitó la paz, las oportunidades y, en algunos casos, hasta la esperanza.

Por tanto, no es extraño que para él la política sea la permanente construcción de benefactores sociales y acuerdos. La entiende como la plaza de las conciliaciones, donde sus aliados deben ser agentes de cambio, candidatos que no buscan aparecer una mañana en la boleta sino ser parte de un movimiento que finque un precedente en la historia de los municipios, de los estados y del país mismo. De ahí su concordancia con Morena, partido que ayudó a fundar, y sobre todo con el proyecto del presidente López Obrador.

LOS ALIADOS

En esa larga lucha, de décadas enteras, se rodeó e hizo equipo con gentes que simpatizan con sus ideales de transformación, también inspirados por el tabasqueño, entre ellos Salomón Jara Cruz, Julio Ramón Menchaca Salazar y Américo Villareal Anaya, quienes en los próximos meses serán los encargados de dirigir los destinos de Oaxaca, Hidalgo y Tamaulipas.

Para ellos, Monreal es más que un amigo, es un líder. Los tres formaron en el Senado un equipo compacto en torno al zacatecano para sacar adelante las iniciativas de reforma del presidente Andrés Manuel López Obrador, cabildearon acuerdos frente a la oposición y promocionaron los ideales de la llamada 4T.

Tanto Jara como Menchaca y Villareal obtuvieron sus postulaciones por sus méritos personales y profesionales, pero también bajo el impulso incondicional de Monreal, quien destacó sus logros, sus capacidades y sus perfiles hacia dentro y fuera del partido. No sería un error decir que pasaron de ser sus copartidarios a sus aliados bajo su ejemplo, instrucción y apoyo.

No por nada, ni el huracán Agatha detuvo al senador Monreal para llegar a Oaxaca a acompañar a Salomón Jara en su cierre de campaña y del que dijo que tiene una cita con la historia para refrendar los compromisos y responder a la confianza ciudadana depositada en el proyecto de la Cuarta Transformación y en el presidente de la República.

En el caso de Mara Lezama, los une la confianza, el trabajo y la concordancia de ideales. Fue precisamente en un mitin de la hoy gobernadora electa de Quintana Roo, que Monreal fue coreado por los simpatizantes de Morena como “¡Presidente! ¡Presidente!”. Esto forja aún más las alianzas y las lealtades, y refleja una sincera pasión entre ambos personajes por el servicio de los intereses del pueblo y una guerra contra la corrupción y la falta de oportunidades para millones de personas.

DEMOSTRACIÓN DE PODER Y CAPACIDAD

Seamos honestos, con este tipo de resultados Ricardo Monreal está demostrando ser el aspirante idóneo para tomar la estafeta que entregará el presidente en 2024.

Será obviamente, una estafeta muy difícil de llevar, pues AMLO logró lo impensable después de haber sido acusado como el gran peligro para México y después de doce años de violencia, ingobernabilidad y corrupción: acabó con el régimen impuesto por dos partidos políticos que de manera alternada gobernaron al país por cerca de noventa años y logró devolverle a los ciudadanos las ganas de volver a creer en la política y en la posibilidad de un cambio verdadero.

Si alguien puede llenar los zapatos del presidente es Monreal. A diferencia de los demás aspirantes a la candidatura presidencial de Morena, ha probado sus fortalezas, tener una estructura política fuerte, sólida, contar con aliados efectivos y tener la capacidad no sólo de ser un digno representante del partido y del movimiento lópezobradorista, sino de hacerlos ganar ahí donde otros simplemente fallaron. En las gubernaturas de Oaxaca, Hidalgo y Tamaulipas, que ya son de Morena, están las pruebas. Se propuso ganar tres estados para su partido y ganó los tres.

yomariocaballero@gmail.com

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