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Ana Frank: una vida digna, un final indignante

Luis R. Gordillo
Tuxtla Gutiérrez, Chiapas
Diario de Chiapas
El 4 de agosto, del terrible año 1944, la policía nazi irrumpió en un pequeño edificio ubicado en un lugar común de la ciudad de Ámsterdam, en Holanda: les habían denunciado la presencia de judíos escondidos en su interior.
En efecto: tras un estante que simulaba ser simplemente un librero, había una puerta tras la cual, en habitaciones ocultas, encontraron a 8 personas: eran 2 familias y un dentista. Una de esas familias, era la familia de Ana Frank.
Su nombre completo era Annelies Marie Frank y vivía ahí junto a sus padres: Otto y Edith Frank, su hermana mayor Margot, el dentista Fritz Pfeffer, el matrimonio formado por Hermann y Auguste van Pels y el hijo de ambos: Peter, poco mayor que Ana.
La familia Frank (judía) llegó a Ámsterdam procedente de Alemania, huyendo de los nazis. Pero pronto, esta no sería una ciudad segura: el 5 de julio de 1942, recibieron un citatorio para Margot, con fines de deportación a un campo de trabajo. Cuando las cosas se pusieron peligrosas en Holanda, Otto Frank ideó la manera de esconderse: usarían una parte oculta de un viejo edificio de oficinas.
4 días después (9 de julio), la familia Frank abandonó su casa y se trasladó a las oficinas que les servirían de refugio. Su casa quedó en desorden, con la intención de simular una fuga repentina. Otto Frank dejó notas donde sugería que la familia se había trasladado a Suiza.
De modo que, desde el 9 de julio de 1942, hasta el 4 de agosto de 1944, la pequeña Ana vivió escondida tratando de salvar su vida. Esa fatídica mañana del 4 de agosto, la policía nazi hizo presos a todos los ocupantes del refugio y el 2 de septiembre fueron conducidos al tristemente célebre campo de concentración de Auschwitz.
Ana Frank era un pequeña inquieta, vivaz, inteligente. Apenas unos días antes (el 12 de junio), al cumplir 13 años, su padre le regaló una libreta para autógrafos que ella le había señalado en una tienda. Tenía una pequeña cerradura y Ana decidió usarla como diario: ahí escribió día tras día durante los años de encierro.
En sus escritos, la pequeña Ana Frank relataba desde los hechos cotidianos, hasta sus más íntimos sentimientos. Planeaba ser escritora. Incluso comenzó a reescribir su diario con el fin de publicarlo al término de la guerra; pero al ser trasladada a Auschwitz, todos sus sueños se frustraron: la familia fue dividida y nunca más volvió a ver a su padre, pues hombres y mujeres fueron separados. Ella creyó que había sido asesinado, pero irónicamente, él fue el único sobreviviente de los 8 habitantes hechos presos el 4 de agosto.
Tras un mes en Auschwitz, Ana y Margot fueron enviadas a Bergen-Belsen, donde pronto enfermaron: eran obligadas a tareas forzadas, vivían completamente desnudas, fueron rapadas a causa de la infestación de piojos y comían poco. Una epidemia de tifo se propagó por el campamento matando a 17,000 reclusos y finalmente acabó con la vida de ambas hermanas: se dice que Margot estaba tan débil, que cayó de su litera y murió a consecuencia del golpe; Ana murió pocos días después, el 12 de marzo de 1945… a tan sólo unas semanas de que, el 15 de abril, las tropas británicas recuperaran Bergen-Belsen y liberaran a los presos. De haber sobrevivido, Ana hubiera visto florecer sus sueños.
Al terminar la guerra, Otto H. Frank recuperó los escritos de su hija. Al inicio de su diario, Ana había escrito con toda claridad su deseo de que nadie lo leyera. Su padre no respetó este deseo y tras eliminar algunas cosas que eran totalmente íntimas (como rencillas familiares y la incipiente sexualidad de Ana), buscó que se imprimiera para dar a conocer los horrores de la guerra tal como ella los plasmó en sus páginas.
Hoy, el Diario de Ana Frank es un documento valiosísimo y es conocido en todo el mundo, en todos los idiomas. Ana Frank, una pequeña niña judía alemana que vivió su transición a la adolescencia en el peor de los escenarios que se pueda imaginar: oculta en plena guerra, hacinada, con toda clase de carencias. Y fue hecha prisionera de guerra por la locura discriminatoria de un régimen irracional, ese fatídico 4 de agosto de 1944.

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