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Del monopolio a la inclusión, en la Cultura y el Arte

Roger Heli Diaz Guillén
Chiapa de Corzo, Chiapas
En días pasados, circuló un artículo de Susan Crowley sobre “250 intelectuales que se auto consideran la cúpula cultural” de México, encabezados por el otrora célebre Roger Bartra, que lideró previo a las elecciones, la firma de un manifiesto firmado por 250 personajes en abierta oposición a la continuidad de gobierno iniciado en el 2018 y en apoyo al bloque hoy perdedor, que se resisten a aceptar y seguir en el pensamiento del ‘yo esperaba’, apoyados de mentiras y argumentos que ya no convencen a la mayoría de ciudadanos con interés de la vida pública de México. Destacando y exhibiendo el articulo las canonjías por este gremio perdido, apoyando a una oposición sin sentido y rumbo, construyendo las banderas de “regresión autoritaria” y “gobierno autoritario”, invocando que el PRI, PAN y PRD representan para ellos la democracia, sin trabajar a qué democracia se refieren; aunque Denise Dresser sí lo precisó, que es la democracia de los gobiernos anteriores al del 2018.
En el mercado se habla de “competencias imperfectas” como el monopolio, que es la estructura donde un solo productor o vendedor tiene el control total del mercado y él determina los beneficios; en este caso, un grupo que se asume como representante social de la cultura y el arte y obtiene el control de los recursos públicos y beneficios destinados a esta política pública, como fue el caso de muchos sexenios; cuya historia de control monopólico terminó en junio del 2018, llevando seis años el duelo y resistencia de adaptación al nuevo ecosistema existente en la sociedad mexicana, que requiere de un cambio.
Vivimos tiempos de cambio donde la cultura y el arte nacional requieren de atención como contenido humano y social, donde los responsables operativos no deben ser políticos sino culturalistas, con claridad de la incertidumbre que vive la cultura en la armonía necesaria de los derechos ciudadanos con los derechos colectivos de los patrimonios culturales, como forma de propiedad de pueblos y comunidades. La cultura y el arte deben liberarse y ser inclusivas, trascendiendo al estado-gobierno como la estructura de mercado identificado como monopsonio, donde existe un único comprador y muchos vendedores y/o agentes culturales que buscan estar en círculos convergentes de expresión, vinculados a subsidios públicos sin orden, prioridad, cobertura, alcances y objetivos cumplibles; siendo hoy el reto, observar que la plataforma donde partir es el ocaso de un grupo que controlaba y monopolizaba, así como la inclusión necesaria de la riqueza cultural y producción artística de la diversidad social existente en México.
Las mesas y foros promovidos previos a las elecciones 2024, dejaron ver otras voces y rostros con arte y cultura que exigen espacios de participación en las acciones de gobierno, planteando escenarios posibles basados en ideas que en su momento seguramente han de ser valoradas; lo cierto es que al nuevo gobierno le queda claro que la apertura, inclusión y la pluralidad basados en el bienestar social de los agentes culturales, es una directriz que favorece la distensión y suma la voluntad ciudadana; a ello, hay que seguir trabajando en formas de acompañamiento para el desarrollo cultural y florecimiento del arte que no rompa identidades, sino que se construya con respeto al derecho originario de la expresión misma, como una variante.

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Roger Heli Diaz Guillén

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