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Una Ventana Literaria

Fabiola Toledo
Un espacio dedicado a la Asociación de Escritores y Poetas Chiapanecos, A.C.

Jorge Éver González Domínguez aepchchiapas@alex

EN CASA

Entonces ella le dijo:
-Puedes sentirte libre aquí, yo no te voy a limitar en nada, ni celar con nadie. Puedes mensajearte con quien quieras, si te es necesario, así te voy a aceptar, no te revisaré el teléfono ni querré saber con quién hablas, solo te pido respetes los tiempos y las horas que pases conmigo y, sobre todo, que no te entregues a nadie más que no sea yo. Eres libre. Solo quiero que seas feliz, si esa es tu forma de serlo, está bien.
Si decides quedarte, está bien, si decides irte, está bien. Puedo envejecer sola, leyendo, creando, escribiendo… y morir tranquilamente en mi cama mientras duermo con paz en mi rostro.
Si te quedas, entiendo que eres una grata compañía. Nuestras vidas ya están hechas, estamos completos para acompañarnos en este viaje, no para competir entre nosotros, mucho menos para limitarnos en nuestras pasiones. Puedo acompañarte en tus locuras y puedes permanecer en las mías, si lo deseas.
He aprendido a disfrutar cada respiro con un gozo diferente al común de la gente. Puedo ver entre líneas situaciones que nadie más puede ver. Y yo siempre te he querido, te he sabido así, como eres, con todos tus matices y así me gustas, no te cambiaría nada.
Si es tu complacencia ser diferente conmigo, es tu decisión. Si ya te cansaste de la vida que has llevado y quieres que te conozca otra faceta, también puedo aceptarte. Lo que tú quieras ser, serás conmigo. Quiero que disfrutes la vida, has sufrido mucho cargando todos tus pesares durante estos años lejos de mí. Te mereces ya, una vida tranquila y feliz. Y yo deseo lo mismo a tu lado.
Fumemos puros, tomemos vino, nos embriaguemos de vez en cuando, hagamos el amor constantemente, platiquemos con un café, leamos juntos, salgamos a correr (o más bien a caminar), escuchemos canciones, comamos manjares, respiremos aire limpio, viajemos a lugares no conocidos, riamos como locos y lloremos incontenibles, curemos nuestras enfermedades, sanemos nuestras heridas y dejemos crecer nuestras alas. Volemos, solo volemos, sin cannabis.
Si después de eso no deseas seguir en mi vida, te despediré con un beso incondicional. Pero me habrás regalado una de mis pasiones favoritas a tu lado: disfrutarte. Y eso estará bien.

(Inerte, él sentía vehemencia de ella, solo veía sus gestos y ademanes entre tanto palabrerío que no escuchó. En cuanto la vio, se supo en casa).

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