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Editorial

A Bámaca el tiempo se le acorta

Tantas han sido las arbitrariedades con las que se ha manejado la dirigencia del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), Sección 7 y su brazo ejecutor, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), que los chiapanecos ya no se asombran cuando los aguerridos maestros anuncian que sostendrán manifestaciones y protestas bajo el argumento de que quieren una mesa de diálogo con el gobierno federal para resolver sus añejas demandas.

Desde hace mucho tiempo, el eco amenazador del sindicato encabezado por Pedro Gómez Bámaca -el nuevo maestro rural que entró en las filas de los hombres más ricos de la entidad, producto de su gestión en la presente gestión sindical-,  parece no interesarle a la ciudadanía, que por muchos años ha sido objeto de atropellos  en sus derechos ciudadanos por las protestas violentas del gremio que prefiere estar en las calles que en las aulas, impulsando la educación de niños y jóvenes.

Los chiapanecos aún recuerdan con estupor cómo tomaban las plazas comerciales, bloqueaban carreteras, tomaban las casetas de cobro, golpeaban a periodistas que les eran incómodos, injuriaban a los parroquianos que tuvieron la mala suerte de atravesárseles en su camino. El horror en toda la extensión de la palabra.

Por ello, cuando la CNTE sale a las calles para inconformarse, la ciudadanía esquiva su encuentro, los comerciantes bajan sus cortinas para garantizar sus productos, y ante los gritos de atención, la mayoría ya emboza una sonrisa en señal de que los dirigentes no tienen vergüenza para seguir viviendo del erario, y peor aún, burlándose de la necesidad del gremio magisterial a quien le “exprimen” sus cuotas sindicales.

No por eso varios líderes opositores a Bámaca han hecho público la razón del por qué no quiere dejar el poder que ya se le terminó desde hace más de un año y medio, y que por la pandemia, se decidió posponer: el jineteo de  más de 2 mil 500 millones de la Caja de Ahorro y del FABES.

La semana pasada, durante dos días, un minúsculo grupo encabezado por Pedro Gómez Bámaca, marcharon hacia el centro de la ciudad capital, bajo el pretexto de que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador ha hecho “oídos sordos” a sus peticiones relacionadas con la salud, educación, empleo y derechos laborales.

No resulta extraño que las decenas de protestas para echar abajo la Reforma Educativa impulsada en el gobierno de Enrique Peña Nieto, cumplida por la administración de AMLO, no les haya convencido y sigan con las mismas artimañas.

Exigen solución a las minutas firmadas con el gobierno federal, un alto a las acciones unilaterales de las autoridades educativas, así como la operatividad inmediata de la Caja de Ahorro y Fabes, y la reincorporación inmediata de los docentes cesados del comité seccional.

Lo cierto es que como el gobierno le movió el tapete en el manejo de los recursos de las cajas de ahorro que tenía secuestradas Bámaca, movilizó a sus achichincles, aunque habría que decirlo, ya no son aquellas mega marchas por la sencilla razón de que los maestros y maestras se han dado cuenta que el “líder” sindical sólo los ha utilizado para sus fines aviesos.

En redes sociales, la ciudadanía ha hecho eco a las quejas que circulan respecto a que Bámaca está dando “patadas de ahogado” al ver que su mina de oro se está acabando, pero, sobre todo, que está perdiendo poder entre sus agremiados.

Al interior de la Sección 7, los maestros que aspiran dirigir los destinos del sector, han denunciado la intimidación que sufren a través de personal contratado al interior de la CNTE. A los cuestionamientos de por qué no denuncian, explican no tiene caso un expediente más a las cuatro o cinco demandas que tiene la Fiscalía General del Estado contra Bámaca por fraudes en el manejo de las cajas de ahorro.

Lo cierto es que el tiempo se acorta para el dirigente sindical y su camarilla, pues por más marchas y plantones que haga, llegará el tiempo en que tenga que rendir cuentas no a la sociedad, sino a sus propios compañeros, quienes suponemos lo siguen porque están esperanzados en una plaza, además de que si no responden les descuentan al triple.

El tiempo siempre será el peor enemigo para quien su actuar no es transparente. Maestros contrarios suponen que las manifestaciones continuarán, y los desmanes de los jóvenes normalistas serán parte del show mediático, pero esto tendrá que terminar cuando el gobierno se decida a poner orden en un sindicato que debería ver por su gente no para mancillarlo.

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