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Sí sabemos qué pasó en Iguala

Razones

Jorge Fernández Menéndez

¿Qué sucedió con los jóvenes de Ayotzinapa? Las autoridades, las anteriores y las actuales, los familiares de las víctimas y sus cada vez más numerosos asesores, lo saben desde fines del 2014 con toda claridad. Lo publicamos en 2018 en el libro La Noche de Iguala (Cal y Arena). El relato es largo, excede en decenas de páginas este espacio, pero terriblemente contundente. Allí están desde los testimonios de los sicarios hasta las capturas de pantalla de la DEA de la que ahora tanto se habla. Se explica también el contexto, los móviles, las razones. Poco después la Comisión Nacional de Derechos Humanos que encabezaba entonces Luis Raúl González Pérez publicó el informe más detallado, preciso y exhautivo que se tiene sobre ese crimen. Es un documento impecable. Por supuesto todo eso fue ignorado por Alejandro Encinas, y sobre todo por el fiscal especial Omar Gómez Trejo y por el GIEI. Pero la realidad ha sido tan terca que incluso en ese contexto se ha abierto paso.

¿Qué pasó la noche de Iguala? Se lo vamos a contar en las palabras de los sicarios confesos, que ahora están libres por la muy negligente actuación de Gómez Trejo, algunos convertidos en inútiles testigos protegidos para tratar de inculpar a otras autoridades y crear el crimen de Estado. Parte de este relato lo publicamos por primera vez en septiembre de 2017. Hace seis años.

El 16 de enero del 2015 Felipe Rodríguez Salgado, alias El Cepillo o El Terco, uno de los jefes de sicarios de Guerreros Unidos, contó cómo, la noche del 26 de septiembre les avisaron a las nueve y media de la noche que les llevarían unos “paquetes” (así les dicen a las víctimas). Iban ocho patrullas municipales, con entre 30 y 35 policías y entre 38 y 41 “paquetes detenidos amarrados con mecates, algunos con esposas y otros ensangrentados”. Se fueron con una parte de ellos en un camión de tres y media toneladas al basurero de Cocula. “Antes del llegar al basurero pateé a uno de los estudiantes que iba debajo de mí y le pregunté que quién los había mandado y me dijo que los mandó El Carrete (jefe del cártel de Los Rojos) de Cuernavaca y en ese momento le marqué un X en la espalda con pintura en aerosol”.

Dice el Terco que cuando llegaron al basurero “los de abajo” (iban todos apilados) estaban muertos por asfixia y que quedaban vivos unos 18 jóvenes.
Agustín García Reyes, El Chereje, detenido desde octubre del 2014, cuenta que “al llegar al basurero El Jimy estacionó la camioneta y ambos empezamos a bajar a los estudiantes que traíamos atrás, los jalamos de los pies y los arrojamos al piso boca abajo y los cuatro (que iban en la camioneta pequeña) estaban vivos”.

Enseguida, dice el Chereje, “llegó la camioneta grande y el Cepillo (el Terco), el Jona, el Pato, el Chequel, el Güereque y el Primo, así como el Bimbo y el Pajarraco (todos estaban identificados y todos fueron detenidos y luego liberados por la fiscalía especial) empiezan a bajar a los estudiantes que iban amontonados y estaban acostados a lo largo unos sobre otros, boca abajo. No iban amarrados y los comienzan a bajar los dejan a todos acostados boca abajo y los amontonan… les empiezan a preguntar a qué venían a Iguala. Y los estudiantes, dice, al principio no respondían nada, pero los mismos estudiantes nombraron a una persona apodada el Cochiloco…el Terco y el Pato le empiezan a preguntar al Cochiloco a qué habían venido. Y él respondió que por la esposa de Abarca…le disparan en la cabeza a unos veinte. El Terco nos dice a mí y al Bimbo que empecemos a jalar los cuerpos que ya estaban muertos y los ponemos a la orilla del basurero…el primo del Bimbo y la Rana los agarran de pies y manos y los arrojan al basurero…”. Los testimonios de los sicarios detenidos, coinciden en que los que aún estaban vivos fueron muertos a palazos.

“Comenzamos a amontonar muchas piedras y empezamos entre todos a acarrear los cuerpos hacia el círculo y los vamos acomodando. El Terco les echa diésel o gasolina de un galón de veinte litros, les prende fuego con un encendedor y les vamos echando leña y plástico…comienzan a arder y yo, dice el Chereje, sigo juntando botellas, llantas, cualquier plástico para que no se apagara el fuego”.

Cuando los están quemando, cuenta otro sicario, Salvador Reza Jacobo, El Lucas que “le echaron relajo a El Jona y que le dijeron “a que te rajas Jona a comerte un pedazo de carne humana” y el Jona agarró un pedazo de carne y se lo comió. Dijo el Jona, cuenta El Lucas, que sabía bueno y El Pato dijo que cuando se están quemando huele mejor que la carne asada”.

Cuenta el Chereje y coinciden los demás sicarios que “permanecimos cerca de quince horas, hasta que nos dieron las cinco de la tarde…esperamos que se enfriaran las cenizas y los recogimos con la mano y unas botellas. Sólo había una pala. Ocupamos cerca de ocho bolsas de basura…llegamos al río San Juan como a las seis de la tarde y empezamos a arrojar las bolsas completas al río y de ahí nos regresamos”. Ahí murieron constató la CNDH pasada, 19 jóvenes. De los demás no hay información fidedigna.

Por supuesto que hay muchos más ángulos, pero esta es la terrible historia, relatada por los victimarios, confirmada por pruebas y peritajes, de lo ocurrido la noche del 26 de septiembre del 2014. Lo saben las autoridades, los padres y sus representantes.

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