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Las lacras impresentables

En lo dicho, la política dio el salto, pero para atrás. Del pasado hay que aprender lo bueno y desechar lo que está mal, pero Morena se ha contaminado. De ser un partido que ilusionó a millones con un cambio de liderazgo, con una forma diáfana de hacer las cosas para cambiar el sistema mexicano, hoy, con las listas de los nuevos representantes populares, la decepción, el desengaño, la desilusión y la burla, se la enjaretan a todos aquellos personajes que han luchado a brazo a tambor batiente para impulsar a su partido, y como recompensa, tener un escaño donde aterricen sus proyectos que han prometido en campo.

Pero oh decepción tan grande la que se demuestra cada día, a cada paso que dan los llamados partidos que abogan por la democracia. Suponemos que ésta debe estar solo en la mente de los dirigentes partidistas pues en la práctica, lo único palpable es el tráfico de influencias, el pago de favores o cualquier argumento que usted crea que sirva como pretexto para darle una patada en el trasero a los morenistas de hueso colorado, dejados atrás por el arribismo de priistas disfrazados de guinda o de morenistas que se han servido con la cuchara grande cuando tuvieron el cargo de alcalde y ahora cargan sobre sus espaldas denuncias por corrupción.

Justo ese es el tema, cómo es posible que la política sea hoy considerada parte del estiércol por las obras de personajes que aspiran a cargos públicos sólo para transar, para abusar del poder. En eso se ha convertido Morena cuando da entrada a personajes que no pueden iluminar con luz propia.

Nos referimos a dos impresentables “morenistas” de cepa: Joaquín Zebadúa Alba, por una parte, quien siendo diputado volvió a ser propuesto para reelegirse, pese a que su desempeño gris en la legislatura federal que está por irse, fue evidente, sin resultados, sin demostrarse el beneficio para el sector que representa en la jurisdicción chiapaneca.

Tampoco hay que dejar citar que trae pisada la cola por su gestión fraudulenta al frente de la alcaldía de Berriozábal, donde existen denuncias penales, pero que la autoridad judicial ha hecho como que la “virgen les habla”.

Y otro peor, el segundo caso, el de la tómbola, el que no sabe ni cómo se llama, anda alzando el cuello de que seguirá succionando de la teta presupuestal. A Guillermo Santiago no le importa que le llamen parásito del mal ni se inmuta cuando en las redes le recriminan que es un sujeto de la peor calaña, que lo único bueno que ha hecho en su vida es haberse sacado la lotería sin haber comprado cachito. Las dos lacras impresentables que estarán rezando que por el efecto ERA, el voto les favorezca.

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