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Viacrucis, educación para niños autistas

No hay espacios adecuados y adaptados a sus necesidades especiales, un hecho que reveló la muerte del pequeño Damián, ocurrida el pasado 7 de febrero en la alberca del kinder Piguin&Babe

Marco Alvarado / Diario de Chiapas

Los padres y madres de menores con autismo viven un viacrucis cuando tratan de integrarlos al sistema educativo.

No hay espacios adecuados y adaptados a sus necesidades especiales, un hecho que reveló la muerte del pequeño Damián, ocurrida el pasado 07 de febrero en la alberca del kinder Piguin&Babe.

De hecho, Amparo Moreno, madre del pequeño, compartió para Diario de Chiapas que lo inscribió en este lugar, que posteriormente se supo tampoco contaba con personal capacitado ni instalaciones seguras, porque su hijo no fue recibido en otras escuelas.

La comunicadora Bárbara Zucker, madre de Nicolás, un joven de 18 años de edad, asegura que esto es común para los padres y madres de menores con esta condición. Ella también tuvo un “peregrinar” para encontrar un lugar adecuado, ya que el sistema educativo público y privado ofreció, en la mayoría de los casos, más barreras que puertas de acceso.

“La realidad es que no hay una escuela especializada, es el sueño de todos los padres de niños con autismo; no hay maestros capacitados y tampoco se les permite a los terapeutas intervenir en los centros escolares para dar indicaciones”, comentó en una entrevista.

En su caso, Nicolás cursó su formación en escuelas particulares, porque el sistema público, con la saturación que tiene, no ofrecía las condiciones para el menor, ni para el docente.

“Si una maestra ya debe tener el control de un salón con 40 alumnos, ahora imagina que tiene uno más, con necesidades especiales que, por la característica de su condición, tampoco puede estar en espacios con muchas personas alrededor”.

La incapacidad del sistema público para ofrecer lugares de formación adecuados a menores con autismo, agrega un lastre económico a los padres, que se suma a los gastos médicos y terapéuticos, es decir, una familia que apenas percibe ingresos suficientes está condenada por el Estado mexicano a no brindarle oportunidades de desarrollo a su hijo o hija.

Si bien hay un avance en el acompañamiento médico, el mayor obstáculo para estos niños y niñas es el sistema educativo, donde falta personal acreditado y certificado, recalca Nidia Alcalá Garcés, neuropsicóloga del Centro de Desarrollo Integral El Árbol.

“Estas escuelas deben tener personal capacitado, con una especialidad, una maestría, y esto principalmente en las maestras que estarán a cargo de los menores, por lo menos tener un referente de las manifestaciones clínicas que puede tener un menor con autismo”.

Para hablar de educación especial, agregó, los espacios físicos también deben cubrir ciertos requerimientos de seguridad, algo que lamentablemente dejó exhibido el caso de Damián.

El efecto de estas carencias condiciona su incorporación futura al entorno social, acrecienta las brechas de los sectores vulnerables y violenta el derecho que los niños y niñas con trastorno del espectro autista tienen para desarrollar una vida plena en la edad adulta.

Como lo señala Bárbara Zucker, también integrante del Grupo Autismo Chiapas “lo que debe preocuparnos es que sean parte de la sociedad, porque eso necesitan, que la sociedad los integre ya que a ellos les cuesta mucho la interacción, pero hemos visto lo que sucede con otras discapacidades, que en las escuelas son atacados y señalados”.

Si la capital del estado no cuenta con los entornos para menores con necesidades especiales, la realidad es aún peor en las zonas rurales e indígenas, en donde apenas y tienen información sobre esta condición neurológica.

Algo que ha visto en consulta Nidia Alcalá Garcés, quien habla de un “peregrinar de los padres entre diagnósticos, aunque la mayoría de los diagnósticos se hacen en la edad preescolar”.

Sin embargo, lamentó que la parte educativa esté “atorada” en temas administrativos, en lugar de hacer valer los cambios planteados en la última reforma educativa “que tiene bases neurocientíficas y reconoce que está de fondo el neurodesarrollo”, algo que hace falta en la educación pública, donde no han terminado por acabarse las barreras contra la inclusión.

Lo ocurrido con Damián encendió las alarmas, es por eso que padres y madres exigen no solo justicia, sino una revisión exhaustiva de todos los centros en donde dejan a diario a sus hijos.

Actualmente organizaciones como Grupo Autismo Chiapas, y especialistas como Nidia Alcalá Garcés, ofrecen una mano amiga para aquellos padres y madres que inician en este recorrido en busca de las mejores condiciones para ayudar a sus hijos con esta condición.

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