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Guillermo Santiago, el “chairo fifí”

El aspirante al Distrito 6 de Tuxtla Gutiérrez, que pregona ser un “luchador social”, vive como todo un burgués

Enrique Buenrostro / Diario de Chiapas

Dice el dicho “el pez muere ahogado por su propia boca”: ahora en el contexto electoral, ante las pifias de quienes pregonan la lucha social y el marxismo, pero al llegar al poder demostraron ser más “pipiris nais” que muchos provenientes de familias acomodadas; por lo tanto, el dicho actual sería: “el chairo muera ahogado por su propio discurso”.

            Uno de estos ejemplos patéticos, sin duda es el del ex director de Instituto Nacional de la Juventud y ahora candidato a la diputación del Distrito 6 de Tuxtla Gutiérrez, Guillermo Santiago, quien es egresado de la licenciatura en Ciencias de la Comunicación de la Facultad de Humanidades de la UNACH.

            Durante su estancia universitaria, este personaje representó a cabalidad ese estereotipo negativo del luchador social: rebelde ante las autoridades sin aparente causa, que ante su fervor de joven que quiere cambiar el mundo, desconoce el funcionamiento de las instituciones, sus inclinaciones radicales de izquierda, le hicieron ganarse el mote de “chairo”, término para referir a esos fanáticos del marxismo e izquierda radical, que son del total desprecio de la clase política.

            Como buen chairo, sus huelgas terminaron afectando a terceros: en 2014, cuando Jaime Valls Esponda buscaba la reelección como rector y con ello mejorar la infraestructura, aparece este chairo a arruinar todo.

En noviembre de ese año, a finales de curso, decide tomar facultades para protestar por dicho acto; desde luego, este chairo no midió las consecuencias, afectando la calendarización de actividades, la entrega de promedios, convocatorias y comercias en las facultades. Lo anterior, le ganó el desprecio de la comunidad de administrativos, docentes y alumnos.

Finalmente, culminó sus estudios en ese ciclo, pero no encontró un trabajo acorde con sus aspiraciones, tan solo fue capaz de trabajar en una recepción de un hotel. No obstante, el destino o mejor dicho la tómbola de Morena en el proceso electoral de 2015, le dio la oportunidad de ser diputado plurinominal, lo que le permitió su ascenso social: esto fue muy criticado, ya que su nula experiencia lo hacia un representante incapaz, que el mismo se encargó de demostrar.

En esa legislatura, sólo se recuerda su gran campaña “La gran robadera”, donde se encargó de exhibir los sinsabores y errores del gobierno de Chiapas al frente de Manuel Velasco, junto con los de sus colaboradores. Justo en ese tiempo, Santiago comenzó una férrea lucha contra el actual candidato a la gubernatura, que terminó en una reconciliación incómoda para el chairo.

La llegada de la 4 T le cayó como anillo al dedo, ya que fue nombrado como director del Instituto Nacional de la Juventud, donde realizaría una campaña a favor del grupo Bienestar de Morena, premiando a jóvenes que sólo obedecían a sus designios y poco aportaban a la sociedad. De acuerdo a gente cercana del mismo, a raíz de este cargo empezó a vivir como rey y dándose lujos de burgués: si lo observan en lonas o en redes sociales, es muy evidente su transformación, de hecho muchos especulan que recurrió a la liposucción, que gustosamente se pago con nuestros impuestos.

 Un caso muy evidente, fue la premiación (imposición) de Ismael Brito Nájera, el vástago del ex secretario de gobernación en Chiapas, mismo que Getsemaní Moreno quiso imponer en su dependencia en 2021 para el Premio Estatal de la Juventud, pero el jurado de ese entonces no la dejó.

Respecto a su cercanía con Zoé Robledo y el evidente proselitismo de Guillermo Santiago hacia el director del IMSS, era un invitado recurrente a esos eventos de promoción. He aquí lo incomodo de Santiaga, cada vez que tomaba el micrófono no sólo abusaba de sus tiempos, sino que saboteaba con su discurso de lucha social, los logros de sus propios compañeros, cumpliendo a cabalidad su estigma de “chairo”, siendo un perfecto bocón: En dichos eventos, más de uno torcía lo boca al escucharlo y murmuraban que debían apagarle el micrófono, ya que su discurso estaba fuera de lugar.

Esa misma situación se repitió cuando asistía como invitado a las ceremonias de los premios de la juventud, tanto el municipal de Tuxtla Gutiérrez como el estatal, esto le servía como plataforma para reclutar adeptos, que condicionados con el galardón de mala gana asistían a sus eventos o al de sus aliados.

Tampoco debemos omitir, el desprecio que le tiene la sociedad coleta, que no se dejó embaucar con su candidatura a alcalde de la Ciudad Real, que al ser una sociedad muy conservadora, no iba a permitir que un “chairo bocón” los gobierne.

El colmo de este personaje, fue su designación como candidato a diputado federal por el Distrito VI de Tuxtla Gutiérrez; si bien vivió ahí durante su estancia universitaria, él no es originario.  Esta situación despertó muchas molestias en la militancia de Morena, ya que mejores perfiles merecían dicha candidatura.

Una de las contradicciones de Guillermo Santiago y que le debería dar vergüenza, es su falso apoyo al candidato a la gubernatura; este ultimo se ha mostrado paciente y benévolo, contra quien mucho tiempo fue su más grande detractor. Varias veces ERA lo ha respaldado, sobre todo en esta campaña, pero más de uno no olvida las desavenencias de Santiago.

Por último ¿Creen capaz a este chairo de legislar bien? ¿Es acaso un buen perfil o sólo es el dedazo del actual presidente? ¿Acaso aprenderá a cerrar el hocico y ser más institucional? No lo sé, lo cierto es que va muy bajo en las encuestas y la gente de Tuxtla Gutiérrez no lo quiere; incluso, Emilio Salazar puede salir vitorioso en este distrito.

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