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50 años de “Las momias de Guanajuato”

 El Universal

Ciudad de México. Tinieblas proviene de una época en que la lucha libre y el cine trabajaban juntos para entretener a la gente. Tanto es así, que sus pasiones y oficios, la de luchador y la de actor de películas, se originaron prácticamente durante las mismas fechas.

Hace más de 50 años, el joven Manuel Leal Peña probaba suerte en ambas disciplinas con una buena racha de aceptación; hasta que le llegó el momento de decidirse por un camino.

“Creo que como actor sí la hubiera hecho, sinceramente, porque las partes que llegué a hacer en dos o tres películas trabajé con Gabriel Figueroa, el fotógrafo de María Félix; también con Alberto Mariscal, que fue actor, y ya después se hizo director de cine”, explica el luchador en entrevista.

Con “Luis Alcoriza hice una película que se llamó La puerta y la mujer del carcelero, y ahí me van a ver, soy una silueta. Me felicitó el productor. Entonces yo iba sembrando, y dije: ‘Tarde o temprano los voy a ir a ver para que me den la oportunidad de algo, un coestelar’”, añade esta figura del pancracio de 83 años.

Parte de su vida

Incluso antes de debutar en la lucha libre, la actuación ya era parte de la vida de Leal Peña. Por eso Mariscal se atrevió a recomendarlo con un productor cuando se dirigía a buscar a Rogelio Agrasánchez, con quien había trabajado en algunos títulos de cine de luchadores.

La oportunidad que le dio Mariscal pudo haberle cambiado la vida.El productor de cine dijo a Tinieblas: “Me gusta el muchacho. Usted va a ser el galán de mi próxima película”, vaticinó entonces. Había, sin embargo, un problema. Al preguntar sobre el inicio del rodaje, el luchador se dio cuenta de que esa fecha ya tenía otros planes. “Coincidía cuando yo hacía mi debut. No lo acepté. Así es la vida, vas por un camino y hay veces que te tienes que desviar, pero puede ser para bien o para mal. Fue un volado”, rememora.

Sin embargo, con las cintas en las que sí llegó a participar logró hacerse parte de una época que es ahora icónica de la cinematografía mexicana. En Las momias de Guanajuato apareció como Satán, uno de los villanos, y fue Tinieblas quien se abrió paso para participar en la cinta. “Cuando terminé de hacer una película con Rogelio Agrasánchez le dije: ‘Oye, ¿qué más sigue?’ Yo ya había escuchado que iban a hacer Las momias de Guanajuato el Santo, Mil Máscaras, Blue Demon. Me dice: ‘No, pues voy a hacer una película en Guanajuato’”, recuerda.

“Ay, qué gacho eres”, le reprochó Tinieblas al productor. “Me hubieras metido. Entonces me dice, ‘Pero hay una momia, una momia gigante’. Él se ha de haber creído que no lo iba yo a aceptar. Yo estaba próximo a debutar en la lucha libre. Y le digo, me la echo”, señala el todavía corpulento hombre de un metro 91. Le tomaron las medidas para hacer su vestuario y la máscara que utilizaría. “Fue algo increíble, fue un éxito”, celebra.

“Hay nostalgia”

Durante mucho tiempo, Tinieblas permaneció en silencio sobre su participación en Las momias de Guanajuato, pero un día decidió hacerlo público y pronto llamó la atención. Cincuenta años tras el estreno de la exitosa película, el luchador volvió a Guanajuato, donde el título es homenajeado por su medio siglo como parte de los festejos del segundo Festival Internacional de Cine del Bajío (BJX).

En su paso por la capital guanajuatense, Tinieblas no sólo ha saludado a la gente y se ha tomado fotografías, también ha revivido momentos. “Sí hay nostalgia, porque nos mandaron a un chofer, y le pregunté: ‘Oye, ¿y el Hotel Real de Minas?’ Respondió: ‘Ahí sigue señor, ahí sigue’. Y eso me acarrea muchos recuerdos, como del productor Rogelio Agrasánchez, que en paz descanse, y de otros artistas que conocí aquí en Guanajuato”, narra.

Estar en un festival de cine por su antiguo papel de Satán es para el luchador también una manera de honrar a las figuras con quienes compartió sets y rings. “Para mí, son los compañeros que recuerdo, de trabajo. El que existe ahorita es Mil Máscaras, de ahí en fuera los demás ya murieron”, señala Tinieblas, quien junto a El Santo, Blue Demon y Mil Máscaras se volvió figura del deporte nacional.

Aunque ha hecho otras apariciones en el cine, fue la lucha libre la que se volvería su principal actividad y orgullo durante más de 50 años. “A mí, yo digo que me fue muy bien en esa película. Dentro de las luchas, sea lo que sea, me ha ido bien. Tengo dos hijos que son promotores full. Uno es empresario, y el que viene conmigo es el presidente de lo que pasa los sábados de lucha libre. Han aprendido y tienen su carrera. Yo les dije: ‘Antes de ser luchadores, ustedes tienen que prepararse con una profesión’. Lo hicieron. Me dicen: ‘Aquí está mi titulo’, porque yo me fregué a costalazos y a trancazos para darles una carrera, y se las di”.

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