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Una Ventana Literaria

Mario Bermúdez

Un espacio dedicado a la Asociación de Escritores y Poetas Chiapanecos, A.C.

Jorge Éver González Domínguez aepchchiapas@gmail.com

Leer la poesía escrita en Clamor de Luz, me trasladó a lugares que jamás he visitado, pero que existen en algún punto de mi inconsciente. El lenguaje de Uberto Santos es particular e incluso se ve matizado en la parte III del poema “También los muertos saben regresar”, donde el tsotsil de su tierra, Venustiano Carranza, está muy presente: Ch’ul me’tik ta vinajel/cantan los muertos/ch’ul me’tik ta banamil/¡ay, de tan contentos!/balamil su carne/balamil su canto/vinajel su alma/vinajel su sueño.

De tal modo, estas líneas en lenguaje maya-tsotsil hacen una especie de homenaje a aquellos autores en lenguas originarias; es decir, escritores como Mikel Ruiz, Ruperta Bautista, Concepción Bautista o Mariano Reynaldo Vázquez, entre varios más. Resaltan el tema de la naturaleza, la vida y la muerte entre sus principales escritos. Quizás aquella persona que se dedique a leer la poesía de Uberto Santos se lleve esta sorpresa muy agradable, pues el camino de la serpiente emerge en su terruño cañero y se desprende en esa búsqueda de consolidación que el poeta expresa con un lenguaje sutil, directo y sobretodo, libre, sin detenerse.

Bien lo escribe en el prólogo de la obra Yadira Rojas León, “(…) la ruralidad y la vida campesina, entre voces indígenas y personajes bíblicos, como otro punto de su estilo”. En este sentido, el autor se distingue de los de su generación por preocuparse en exaltar la naturaleza de su terruño sin poner obstáculos, divide su obra en tres partes: en la primera, sus líneas claman por una identidad a través de este camino de la serpiente; después se consolida con sus sentencias y cierra a lo grande, realizando un homenaje a Joaquín Vázquez Aguilar, su confidente y amigo -audaz poeta de los versos libres- para no opacar su sentir y dejar fluir esta poesía que muy pocos logran realizar con cuidado y satisfacción, porque la libertad es para todos pero muy pocos saben aprovecharla al escribir.

Epílogo V

Déjeme hablar, reír, llorar,
como si fuera
cierto que estoy vivo,
como si fuera
realidad que estoy
borracho y que al gritar
no estallo sino en vidrios.

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