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El Bullying y la pérdida de autoridad

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Letras Desnudas

Mario Caballero

El 15 de marzo, Norma Lizbeth fue enterrada en el panteón San Juan Evangelista de Teotihuacán. Apenas tenía 14 años. Ahí, sus padres, familiares y amigos le dieron el último adiós entre lágrimas de dolor e impotencia.

Pero ese día no sólo su cuerpo fue enterrado, sino también sus sueños de convertirse en enfermera. Le gustaba hacer el bien a los demás.

Tal vez usted que me lee no lo sepa, pero ella perdió la vida a consecuencia de las lesiones provocadas en su cerebro por los golpes que una de sus compañeras de clase le dio con una piedra en la cabeza.

Estudiaba en la Secundaria Oficial 0518, ubicada en San José Teotihuacán, Estado de México, donde sufría bullying por otra estudiante del mismo plantel que desde hacía tiempo la acosaba y violentaba de mil maneras por su color de piel y su condición económica humilde.

Ella y su madre acudieron a la directora Elizabeth Hernández Rosales para darle a conocer la situación y pedirle que interviniera. Obviamente, no lo hizo. Le valió. Como no era su sangre, dejó que las cosas siguieran su curso hasta que su compañera, que cierto día la retó a los golpes a varios metros de distancia del plantel, la tundió a golpes, golpes que le arrebataron la vida días después.

La directora fue destituida, pero también debería ser encarcelada por su omisión. Porque de haber actuado en el momento que se lo solicitaron, Norma Lizbeth estaría viva. Pero por su indiferencia hoy México tiene una niña menos, que era la alegría de su familia y que en un futuro no muy lejano pudo ser un elemento valioso del honroso personal de salud.

Algo más. Preocupa la violencia –y la sed de violencia- visible en la conducta de nuestros niños y adolescentes. Cosa que quedó manifiesta en los videos de los estudiantes que grabaron con sus teléfonos celulares la golpiza que le dieron a Norma Lizbeth… y sin que ninguno de ellos interviniera. ¡Por Dios!

Al contrario, en los videos se logran escuchar gritos de “¡Dale, dale! ¡En la cabeza!”. Increíble.

BULLYING

Como era de esperarse, el hecho adquirió una dimensión nacional y el presidente Andrés Manuel López Obrador anunció que se implementarán medidas para combatir y erradicar este tipo de acciones en las escuelas.

Pero a pesar del anuncio, nuevos casos surgieron en el país. Como el de un estudiante de la escuela John F. Kennedy, en Tehuacán, Puebla, al que dos alumnas golpearon en repetidas ocasiones cuando él sólo buscaba alejarlas, sin la intención de agredirlas. Este caso se dio a conocer mediante una grabación difundida en redes sociales que hasta el pasado viernes acumulaba más de 471 mil reproducciones.

Días antes, un nuevo video registró la golpiza que estudiantes del CETIS 132, en el municipio de Chiautempan, en Tlaxcala, le dieron a su compañero hasta dejarlo inconsciente. Este joven recibió varias patadas en la cabeza y hasta este momento se desconoce su estado de salud.

¿Qué nos está pasando como sociedad? ¿Cuándo fue que perdimos los valores? Y, peor todavía, ¿cuándo fue que nos dejamos de interesar por lo que les pasa a nuestros niños y adolescentes en las instituciones educativas?

Esto, claro está, se trata del llamado Bullying, que en español significa hostigamiento o acoso escolar, que no es, por cierto, una práctica novedosa en México, pero sí un fenómeno antisocial que se ha intensificado en los últimos años.

¿Y por qué preocupa tanto? Por la sencilla razón de que sucede con mayor frecuencia, y con desenlaces cada vez más fatales, en las escuelas, que deberían ser centros para la correcta formación académica y social de los alumnos, no donde estén a expensas de maltratos y violencia por parte de sus semejantes e incluso de sus maestros.

Para mayor preocupación, el Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México reportó que el bullying ha incrementado en 13% y estudios de la Universidad Nacional Autónoma de México y del Instituto Politécnico Nacional informan que 70 por ciento de los estudiantes de nivel básico ha sufrido algún tipo de violencia y acoso escolar.

¿Sabe qué? Desde 2014, México tiene el primer lugar en el mundo de casos de bullying, según investigaciones de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico, con cerca de 19 millones de alumnos de primarias y secundarias públicas y privadas que han sufrido insultos, o amenazas, o violencia física o maltrato a través de las redes sociales.

Si usted, apreciable lector, quiere darse una idea del tamaño del problema, lo invito a que se dé una vuelta por internet. Ahí encontrará toda clase de actos violentos en contra de estudiantes. Desde el niño que murió en Jalisco en 2013 por los daños ocasionados en sus pulmones a causa de que sus compañeros metieron su cabeza en un sanitario, hasta el niño de 12 años, oriundo de Ciudad Victoria, que murió por las lesiones en su cabeza provocadas por cuatro de sus compañeros, quienes lo golpearon contra la pared en pleno salón de clases y ante la presencia de su maestra.

¿Y LA AUTORIDAD?

Bien, gracias.

Estos casos, sin lugar a dudas, ponen en evidencia el fracaso de nuestras instituciones y creencias para socializar a las nuevas generaciones en valores de respeto y cuidado de los demás. Lo peor: el bullying se trata de conductas antisociales difíciles no sólo de comprender y explicar, sino también de revertir y evitar.

Que nuestros niños y adolescentes graben con su celular las agresiones contra sus propios compañeros y no hagan nada por defenderlos, indica el bajo grado de integración que hoy vive la sociedad mexicana y anuncian el tipo de futuro que vamos a tener.

Y no se trata nada más del gran número de niños y jóvenes lesionados, sino asimismo de las consecuencias emocionales que sufren, tales como depresión, baja autoestima, bajo rendimiento escolar e incluso suicidio.

Por ejemplo, el 17 de junio del año pasado, el alumno Aldo Clavel se quitó la vida por las burlas, humillaciones y el maltrato psicológico de su maestra de Matemáticas y Cálculo. Los padres del menor dijeron que en cinco ocasiones acudieron a los directivos del Bachillerato Vespertino Octavio Paz, en Puebla, para pedirles que atendieran al acoso de la maestra contra su hijo, que meses antes del suceso comenzó a padecer insomnio, dolor de cabeza, ansiedad y falta de apetito. Pero sus quejas no fueron escuchadas.

Es duro reconocerlo, pero desde la llegada de la democracia, entendida como igualdad de condiciones, se comenzó a perder la legitimidad de la autoridad. Puesto que, por este afán igualitario, es muy evidente que los padres de ahora tienen menos autoridad sobre sus hijos que los padres de antes.

Cierto, la familia no es la única institución donde se incuban las conductas antisociales, pero sí es una de las principales y la que más ha sufrido las consecuencias indeseadas de la llegada del mundo moderno e igualitario.

Creo que ahí está una de las claves de lo que nos pasa y una de las raíces del bullying. Y aunque sea políticamente incorrecto, hay que reconocerlo.

Twitter: @_MarioCaballero

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