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Anexos: ‘infiernos’ que nadie vigila

CUESTIONAN MÉTODOS

  • La muerte de un joven en Arriaga, en el centro “El Despertar”, evidencia una vez más que algunos de estos lugares son un peligro
  • Testimonios de familiares indican que en dicho anexo abusan física, psicológica y hasta sexualmente de los enfermos
  • Así rehabilitan: “Dan comida en mal estado, cruda o casi descompuesta; si la rechazan o vomitan entonces los castigan con golpes y torturas”
  • Rehabilitar requiere un enfoque integral, con base médica y científica: Dr. Guillermo Flores Flores
  • El Estado debe intervenir para regularizar y proteger el derecho a la salud de los pacientes

Marco Alvarado/ Édgar Castillo / Diario de Chiapas

Mientras trataba de superar su adicción a la marihuana, la vida de Luis Manuel Rodríguez se apagó en un lugar donde sus familiares confiaron en que tendría un despertar.

“No tomaba alcohol, pero sí fumaba marihuana”, recordó su hermano Abimelec, quien atestiguó cuando a su hermano lo “anexaron” en el centro “Despertar”, en el municipio de Arriaga, donde sobrevivió 15 días.

Fue un lunes, en la madrugada, cuando vía telefónica les pidieron que llegaran al centro porque Luis Manuel había sufrido un paro cardiaco. Tenía 29 años de edad.

Sin embargo, el manejo del caso generó muchas dudas porque los directivos trataron de sacar lo antes posible el cadáver, y que este fuera presentado de inmediato en una funeraria sin dar más detalles.

Pero la presión de la familia pudo más y vieron el cuerpo con moretones, rasguños y lesiones en la boca, que los hizo pensar en una muerte más violenta que una simple parada cardiaca.

A partir de la muerte del joven surgieron testimonios de que ahí dentro, en el “anexo Despertar” de Arriaga, están dadas las condiciones para que los enfermos por el alcoholismo o el consumo de drogas sufran malos tratos, y no la vía que les permita recuperar sus vidas.

Según el testimonio que los familiares de Luis Manuel compartieron al corresponsal Édgar Castillo, en este lugar abusan física, psicológica y hasta sexualmente de los enfermos.

“Les dan comida en mal estado, cruda o casi descompuesta; si la rechazan o vomitan entonces los castigan con golpes y torturas”.

Al hacer público lo sucedido, los familiares comenzaron a recibir llamadas de este centro para que dejaran de hablar de lo que pasó, porque familiares de otros enfermos comenzaron a solicitar su retiro, alertados por las condiciones en que “ayudan a curar”. Sin embargo, “Despertar” sigue en funciones, sin que hasta el momento alguna autoridad haya iniciado una investigación.

Esto pese a que los familiares del joven muerto aseguran que, como resultado de un internamiento por seis meses, como lo piden los directivos, han sabido de otros casos de enfermos que egresan con problemas de salud por mala alimentación, con lesiones físicas o incluso fallecen al poco tiempo.

¿QUIÉN VIGILA ESTOS CENTROS?

La falta de personal con el conocimiento científico y médico, en áreas como la rehabilitación neurológica y física de los enfermos por adicciones, sucede en muchos de estos lugares, a donde llevan a personas gravemente afectadas que requieren de un tratamiento especializado, alertó el médico con especialidad en patología y oncología, Guillermo Flores Flores.

Dr. Guillermo Flores Flores

Para el también especialista en Derecho y docente de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Chiapas (Unach), es preocupante que haya lugares, los llamados “anexos”, que operen bajo sus propias reglas, con el mando de personas que, en el mejor de los casos, se guían por la buena voluntad creyendo que así es posible sanar una adicción.

“No es posible que existan lugares improvisados, con gente sin formación, que tal parece están en esto para ganar dinero, pero no para ayudar en una rehabilitación integral con base médica y psiquiátrica, que permitan reintegrar a una persona cuyo consumo tiene efectos sociales más allá de las afecciones personales”.

Opinó que hace falta una vigilancia del Estado para que, a través de las direcciones y secretarías que tiene, haga valer la protección y derecho a la salud, proveyendo mecanismos de rehabilitación integrales, en lugar de permitir que surjan espacios donde nadie sabe cómo es que ayudan a superar una adicción.

Sobre esto insistió en que “urge revisar la ley para que una rehabilitación no sea un invento de alguien, sino que existan reglas y protocolos que ayuden al enfermo y a la sociedad”.

Como lo describió en uno de sus artículos, publicados en esta casa editorial, los “anexos” o “granjas” empezaron a establecerse en nuestro país en los años ochenta. “Generalmente se lleva a las personas a estos lugares a la fuerza y están ahí en contra de su voluntad. Aparte de ser ilegal, esto va totalmente en contra de los derechos humanos más fundamentales.

Normalmente estos centros dicen manejar un programa de 12 pasos de Alcohólicos Anónimos (AA). Sin embargo, la misma organización mundial de Alcohólicos Anónimos se deslinda de las prácticas realizadas en estos sitios”.

En cambio, comentó que un tratamiento de rehabilitación, es un proceso de ayuda, en el que primero se minimizan los efectos y dolencias por dejar el consumo, especialmente en las primeras horas de ingreso, más un acompañamiento con vitaminas y minerales que ayudan a restablecer y fortalecer el cuerpo para que la persona se sienta más estable, pueda dormir y comer bien.

Luego sigue la desintoxicación. “Esto se hace para quitar los residuos de drogas atrapados en el tejido adiposo que, en muchas ocasiones, son lo que causa la dependencia física”.

Por último, y lo más importante de todo, la persona comienza a recibir herramientas para permitirles tener un mayor control de su vida, para aumentar su nivel de responsabilidad para que puedan tomar las decisiones necesarias para tener una vida feliz, libre de adicciones, destacó.

PROBLEMAS SOCIALES

Flores comentó además que es preocupante la incorporación de nuevas sustancias como la marihuana, en un perfil socialmente aceptable, sin conocer los efectos que tendrá, como ocurre con el alcohol.

“El consumo de alcohol es un defecto socialmente modelado, al que se le excusa, pese a que vemos los efectos en algunas personas, que padecen alcoholismo, o que por sus efectos matan y afectan a otras personas; incorporar otras sustancias abre la puerta a nuevas adicciones sin tener idea de los efectos que esto traerá, porque nadie puede asegurar qué consumidor podrá controlarse y quién desarrollará una adicción”.

De acuerdo con la Central Mexicana de los Servicios Generales de Alcohólicos Anónimos, hay un aumento en la venta de bebidas alcohólicas y el consumo a edades cada vez más tempranas.

Solo en el periodo de pandemia, la frecuencia de consumo de alcohol se incrementó en un 14 por ciento, mientras que los problemas con el abuso del alcohol aumentaron en un 39 por ciento, incluso se detectó un incremento en la venta de alcohol tanto en tiendas como en línea.

Mientras que la Comisión Nacional contra las Adicciones (Conadic) alertó que las condiciones de distanciamiento social por la pandemia y el cambio en las rutinas cotidianas podrían generar efectos en la salud mental de la población, que podrían aumentar el consumo de sustancias nocivas.

Es por eso que Flores insiste en el abordaje médico y científico de este problema, en lugar de permitir que haya centros improvisados, dirigidos por personas de las que no se sabe nada, que están al frente de personas que sufren por sus adicciones y están luchando por salir de su propio infierno, aunque muchas veces terminan en estos lugares más oscuros y profundos.

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