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Canasteras, apenas y sobreviven

•          Están siendo desplazadas por el ambulantaje; las mujeres vendedoras de dulces tradicionales, sobreviven en los pocos espacios que les dejan libre; están condenadas a desparecer 

José Salazar / Diario de Chiapas

Desplazadas por el ambulantaje, conocidas como canasteras, mujeres vendedoras de dulces tradicionales, sobreviven en los pocos espacios que deja libre el ambulantaje que se ha apoderado del primer cuadro de la ciudad, y que las ha condenado a desaparecer.

Herederas de un legado gastronómico, las vendedoras de dulces tradicionales han sobrevivido por el arraigo en los tuxtlecos, costumbres transmitidas de padres a hijos por generaciones, o por el consumo del turismo.

Aunque son contadas con las manos las vendedoras que aún permanecen en las calles, son pocas las que han encontrado un lugar digno para vender Caballito, Nuégados, dulce de Higo, de Camote, Chimbo, Gasnate, Turulete, Nanchi y Jocote curtido, Dulce de Coyol, Cupapé Suspiro, Garbanzo, Puxinú y los dulces de temporada.

UNA TRADICIÓN HEREDADA

El logro más importante es que este esfuerzo que para algunas llevó más de 40 años, siga vigente, así lo recuerda Rocío del Carmen Gómez Álvarez, hija de doña Eulalia Álvarez Hernández “Tía Eulalia”, quien se retiró hace no mucho, dejó su legado a su hija.

Ella, Rocío, quien tiene más de 30 años en el negocio, hoy con alegría recuerda que esta actividad ayudó para que su mamá las sacara adelante, y con esta misma actividad, les brindara la misma satisfacción a sus hijos, pero no fue fácil, su madre inició con una canasta en la calle, ella junto a su hermana le tocó vivir esa etapa difícil, hasta tener un lugar establecido.

La mayor parte de los dulces son comprados, los dulces de temporada y Puxinú son los que prepara su mamá para su venta, este último que forma parte de la etnia zoque, es producido en los campos del rancho que tiene en la parte alta de Cerro Hueco y que la señora “Eulalia” prepara en su hogar.

CON UN CANASTO Y UNA REJA

Cuando doña Eulalia decide retirarse -hace 15 años- la señora Roció se queda para continuar con esta noble labor, antes de eso se desempeñó en otros empleos, pero ninguno la llenó del todo, además dice que no podía abandonar a la clientela que por años han preferido los dulces que ella vende.

Recuerda que su mamá vendía en la calle central con una reja y su canasto, caminaban casi todo el centro, sin un lugar fijo, hasta que por azares del destino obtuvieron un pequeño, mismo que conservan hasta hoy.

Los dulces son los preferidos de los señores de la tercera edad, niños y personas que llegan de fuera -turistas- además que las redes sociales han jugado un papel, para ampliar sus clientes, vende para bodas y bautizos.

La unión familiar los ha sacado a flote.

Rocío asegura que esta actividad les ha permitido sacar a flote a sus hijos, darles una carrera profesional, pero la base de todo, se centra en la unión familiar, además que todos colaboran y se involucran en la preparación de los dulces.

Han formado un equipo, lunes, martes y miércoles se encarga de la venta su hermana menor Edith, “yo me quedo en la casa haciendo los dulces, así trabajamos para podernos apoyar, porque la clientela busca producto fresco”.

Estar en la calle, vender dulces en la vía pública es un esfuerzo enorme, “mi madre realizó esta actividad en un lapso de 10 a 15 años, para ganarse un sustento y llevar el gasto a la casa de manera honrada, los tiempos han cambiado, existe el miedo de que varios dulces se dejen de vender es importante que se herede la forma de prepararlos.

Los hijos están creciendo, estudian una carrera eso hace que esta herencia no pase de generación en generación lamentablemente, ese factor está haciendo que se pierda la elaboración de los dulces tradicionales.

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