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Educación y Cultura, para reducir el uso de armas

Pablo F. Chávez Mejía
Tuxtla Gutiérrez, Chiapas
Los recientes tiroteos en los Estados Unidos, que provocaron trágicas muertes en la ciudad de Buffalo, N.Y y en la localidad de Uvalde, Texas, fueron causadas por jóvenes de 18 años de edad.
La Constitución Política de los Estados Unidos de América, dispone en la enmienda XXVI, que: “El derecho a votar de los ciudadanos de los Estados Unidos, de dieciocho años de edad o más, no será negado o menguado ni por los Estados Unidos ni por ningún Estado a causa de la edad”.
Esta mayoría de edad a los 18 años, no faculta a los jóvenes adquirir “bebidas alcohólicas” en los Estados Unidos, pero sí los faculta para comprar armas de fuego. Estas disposiciones son verdaderamente incongruentes; si bien algunas legislaciones estatales son más restrictivas, lo cierto es que son permisivas para la adquisición de armas, ya que su propia Constitución dispone en la Segunda Enmienda que: “Siendo necesaria una milicia bien ordenada para la seguridad de un Estado Libre, no se violará el derecho del pueblo a poseer y portar armas”.
En México también existe el derecho constitucional de que los habitantes posean armas de fuego (Art. 10), pero para poder portarlas hay muchas restricciones, de conformidad a la Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos.
Esto es, en Estados Unidos existe una libertad casi absoluta para la compra, posesión y portación de armas de fuego, que hoy por hoy la unión americana está siendo víctima de sus propias libertades y prerrogativas ciudadanas. Ahora bien, el uso y portación de armas en México es restrictivo; y a la vez, la propia Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos, en su artículo 5° establece que: “El Ejecutivo Federal, los Gobiernos de los Estados, del Distrito Federal y los Ayuntamientos, realizarán campañas educativas permanentes que induzcan a reducir la posesión, la portación y el uso de armas de cualquier tipo”.
Para fomentar la reducción del uso de armas, se necesita educación y cultura desde la niñez, si bien la Ley de la materia faculta a que las autoridades lo hagan, también es tarea de las propias familias. Para concluir el tema de la violencia y las armas, contaré una anécdota propia (Storytelling), que me hizo reflexionar y les deseo compartir:
En los años 80´s del siglo pasado, mi tía Nena en ocasiones regresaba en el verano a Tuxtla Gutiérrez, a visitar a la familia. A los sobrinos nos traía algún regalito de la Ciudad de México, ella trabajó como médico por años en el Hospital “La Raza”.
Con mis padres la llevábamos a visitar a algún familiar o a pasear a un pueblo, pero cuando subía al carro y arrancaba, decía: “Niños, pónganle seguro a las puertas”; esa actitud de mi tía, lo confieso, me encabronaba mucho, con mi hermano nos quedábamos viendo y decíamos: “¡Qué exagerada, la tía!”.
Una vez, con mi hermano subimos al carro unas pistolas de fulminantes y veníamos apuntando a la gente de la calle; ¡Uuuuta! ¡Para qué nos fue a ver la tía Nena! En ese momento nos decomisó las pistolas y dijo: “No deben jugar con armas de fuego, genera violencia”.
En fin, la tía Nena, vivía aturdida de la violencia y la delincuencia que se vivía en el entonces Distrito Federal y con esa experiencia, nos quería proteger a los sobrinos; pero en ese entonces yo no comprendía el alcance de su proceder, que en verdad me parecía ridículo para el Tuxtla de los ochentas.
Hoy, a mis cinco décadas de vida, volteo a ver las portezuelas del auto y les digo a mis hijos: “Pónganle seguro a las puertas”…
¡Cuánta razón tenía la tía Nena, que en paz descanse!

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