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Cuando las palabras no son suficientes. La crisis del agua

Carlos Matute González

Samuel García, gobernador de Nuevo León, en su cuenta de Facebook, el martes pasado, nos confirmó que no era Tláloc. Esto sorprendió a muchos quienes esperábamos que hiciera llover con su estrategia de bombardeo de los cielos y la instrucción a las nubes para que dejaran caer la lluvia durante más de 6 o 7 horas sobre la Sierra de Santiago para que la presa La Boca aumentara su nivel y se pudiera abastecer de agua a la sedienta zona metropolitana de Monterrey.

El mandatario neoleonés aprovechó para reclamar que el resto de la República los dejó solos y nadie los apoyó en respuesta a la declaración de AMLO quien “exhortó al gobierno estatal… a actuar pronto y tomar decisiones sobre el tema, así mismo señaló que el asunto es un tema estatal” (Infobae, 27-06-22). La escasez de agua, según el presidente, deriva la entrega de permisos sin ningún control para la instalación de industrias por los gobiernos locales y en Nuevo León esto se agrava porque “hay grupos de interés que dominan incluso medios de comunicación que han ayudado a todas estas atrocidades y abusos por la influencia en la vida pública de esa entidad, al grado de imponer a candidatos y gobernantes” (Infobae, 01-07-22).

La zona metropolitana de Monterrey tiene sed y las acciones gubernamentales, federales, estatales y municipales son paliativas. La negociación de CONAGUA con 64 empresas privadas para que proporcionen agua de los pozos someros que explotan con permisos, una barcaza con bombas sumergibles de diseño regio que extrae agua de la presa La Boca y un bombardeo de nubes no sustituyen los más de 30 años sin construir la infraestructura suficiente para dotar de agua a más de 6 millones de personas.

La realidad es el razonamiento actual y futuro del líquido, que afecta con mayor intensidad a las colonias más pobres y marginadas. La estructura jurídico-administrativa de las zonas metropolitanas es obsoleta en la medida que está basada en una red de autoridades territoriales con competencias propias y excluyentes, que suelen no coordinarse por intereses políticos y diferencias partidistas.

Los temas de movilidad, agua, cambio climático y seguridad pública, que debieran contar con políticas públicas con diagnósticos precisos con base en el conocimiento técnico y la participación ciudadana y con un periodo de aplicación de largo plazo pretenden resolverse con promesas de campaña y discursos demagógicos.

Lo cierto es que las palabras son insuficientes para aumentar el flujo de agua a las zonas metropolitanas que entrarán en crisis, como lo anunció Samuel García, en poco tiempo y no tendrán, según el gobernador neolonés, la tenacidad para salir adelante como si los tienen los regiomontanos que sacan “debajo de las piedras el agua, el dinero y el orgullo. No ocupamos a nadie los neoloneses” (Infobae, 25-06-22).

Entre las bravatas norteñas y los delirios de persecución de las mañaneras presidenciales, Monterrey sigue teniendo sed y no se visualiza una solución hacia el futuro. Es necesaria la creación y consolidación de autoridades metropolitanas (varios municipios) con autonomía técnica no dependientes de los procesos políticos en la designación de sus integrantes y en la operación que garantice -con independencia de la orientación ideológica de los gobiernos- para que haya planeación de largo plazo en la infraestructura básica hidráulica, entre otros temas.

La estrategia basada en agencias independientes metropolitanas es lo que ha permitido el crecimiento y buen funcionamiento de los servicios básico en las grandes urbes del mundo como Tokio, Nueva York, Paris y otros mega conglomerados humanos. No es necesario ser un sabio para comprender que la garantía del derecho al agua reconocido en la Constitución se hace efectiva con una red de presas debidamente administradas, circuitos hídricos sin fugas por falta de mantenimiento, incentivos económicos para el ahorro en el consumo de agua, una red de plantas de tratamiento de aguas residuales y un largo etcétera que no se construyen simplemente con palabras evasivas de la responsabilidad o invitaciones a la paciencia colectiva.

La crisis del agua es un momento para reflexionar colectivamente y analizar con otras dimensiones, por ejemplo, la falta de mantenimiento mayor en el metro de la Ciudad de México que provocó la tragedia de la Línea 12 y la obsolescencia de la Línea 1 a la que se le dará la primer “manita de gato” después de medio siglo de operación y 25 años de gobiernos de izquierda encabezados por Cárdenas, López Obrador, Ebrard y Mancera. También hay que mencionar la falta de conclusión del circuito hídrico del Valle de México que afecta a las zonas más pobres que reciben el agua en pipas en el estío. El consuelo de tontos para Samuel García es que los neoleoneses no son los únicos abandonados a su suerte y atiborrados de palabras.

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