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La evaluación del quehacer científico

Gerardo Gamba

Los resultados que recientemente publicó el Journal of Citation Reports sobre el Factor de Impacto 2021 de las revistas científicas, invitan a una reflexión profunda sobre la forma en que los científicos somos evaluados. Como es un asunto complejo, lo presento en lo que me parece que será un editorial en dos o tres partes.

Los científicos somos de los profesionales que más frecuentemente son evaluados por diversas instancias. Nos evalúa nuestro Instituto o facultad. Nos evalúa la instancia que esté por arriba, lo que no sucede con ningún otro profesional de la institución. Por ejemplo, en el caso de la Secretaría de Salud es la Dirección General de Políticas de Investigación en Salud (DGPIS) o en el caso de la UNAM, la Coordinación de la Investigación Científica (CIC). Estas evaluaciones son quíntuples, porque las hacen para determinar si merecemos ingresar, si podemos conservar nuestro trabajo, si merecemos subir el nivel de nuestra plaza, si alcanzamos derecho a estímulos que complementen el salario y si merecemos ser eméritos. Nos evalúa el Sistema Nacional de Investigadores, también con objetivos similares: para ingresar, para permanecer, para subir y para ser eméritos. Si decidimos participar en alguna competencia, como el Premio Nacional de Ciencias, nos evalúan y nos comparan con los otros participantes.

La investigación científica se basa en buena parte en estar seguro de que las variables que queremos determinar, las estemos midiendo en forma precisa y confiable, porque de eso depende el resultado. Por esta razón, buena parte del tiempo que ocupa un científico en su trabajo es en hacer lo necesario para estar seguro de que lo que está midiendo, es lo que quiere medir. Por esta razón, siempre me ha llamado la atención que la evaluación del que hacer científico es un proceso que, en general, es poco confiable. Las instancias evaluadoras y los propios científicos que evalúan a científicos utilizan más o menos este orden, las autorías en artículos publicados, las citas, el índice h, el factor de impacto de las revistas, los alumnos graduados, las conferencias o clases, la difusión y la divulgación. Emiten con frecuencia juicios basados en estos datos que, si no son cuidadosamente analizados, no son útiles para evaluar el trabajo y calidad de un investigador y menos aún, pueden serlo para comparar un investigador con otro.

Emitir un juicio sobre el trabajo de un investigador con base en una variable es un error tan grotesco, como suponer que un montón de azúcar y de plomo pesan lo mismo, solo porque se ven igual. La aproximación más cercana se puede obtener solamente al combinar el análisis profundo de diversas variables. Analicemos algunas de estas.

La autoría en artículos publicados. Para entender las autorías en los artículos científicos utilizo una analogía con los créditos de las películas. Ser autor en un artículo no lleva implícito ser investigador, como aparecer en los créditos, no lleva implícito ser actor. En el artículo el primer nombre es el autor principal, el que hizo y condujo el estudio. Generalmente un estudiante de posgrado y con frecuencia es su trabajo de tesis. En la película, el primer nombre es el del primer actor o actriz y es el más importante. Es al que le dan el Óscar por mejor actor o actriz. Luego vienen los coautores. Son quienes también hicieron algo por el proyecto, pero no es de ellos. Ayudaron en algo que se considera que fue valioso para que el trabajo llegara a la versión que se presenta. Se presume que el segundo hizo algo más que el tercero y así. En la película, son los autores de reparto y el orden generalmente es por lo intenso de su participación. Al segundo en aparecer es al que de le dan el Óscar como actor de reparto.

En los autores del artículo puede haber personas que no son investigadores, pero cuyo trabajo contribuyó al resultado final. Es el caso, por ejemplo, de los técnicos de laboratorio o de las personas en la clínica que recolectaron los datos para el estudio. En la película equivalen a quienes no son actores, pero hicieron algo importante por la película: la fotografía, la música, la escenografía, el vestuario, la edición, etc., sin lo cual, la película no sería lo que es. En el artículo se cita en otra sección la fuente del recurso para haber podido hacerlo: Conacyt, Fundaciones, el NIH, etc. En el caso de la película son los productores, o sea, los que pusieron el recurso.

El último autor del artículo generalmente es la mente maestra atrás de todo. Es el investigador responsable. Es el o la jefa del grupo. Es quién generó la idea, consiguió el recurso, entrenó al estudiante, montó un laboratorio o clínica, analizó los datos y, junto con el primer autor, escribió el artículo. Es el que lo envía a la revista y toma responsabilidad de todo lo que dice el artículo, incluyendo la transparencia y la ética del trabajo. Se le reconoce como el autor de correspondencia. En la película es el director. Entonces, los más importantes son el primer actor y el director. La gente se puede referir a una misma película al decir “acabo de ver una película de Tom Cruise o de Francis Coppola”.

Todos los que intervinieron en el trabajo, pero en un papel mucho menor, y que podían haber sido sustituidos por otro, vienen en la parte final del artículo, en el apéndice. Se dan mucho en estudios grandes internacionales que recolectan datos o muestras de pacientes alrededor del mundo. Como en la película, vienen en los créditos de hasta el final. Los extras, los choferes, los peinadores, los que montaron el set, etc. Entonces, si uno de los 15,000 extras de la película de Ben-Hur fue Richard White, nadie se refiere a Ben-Hur como una película de Richard White.

Para evaluar correctamente las publicaciones de una persona hay que analizar con detalle su participación en cada una. Un investigador cuyo mayor porcentaje es como autor correspondiente es diferente que aquel que aparece mayoritariamente en los apéndices. El análisis de las autorías es complejo y es tan solo una variable.

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