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12 agosto 2020

Editorial


La industria de la comida chatarra


En México se estableció desde hace mucho tiempo una industria, la de la comida chatarra a la que ahora se le atribuye el problema de la obesidad, y que incluye además de las famosas “Sabritas”, los refrescos embotellados y los jugos.


De esta industria dependen miles de familias en el país, y forman parte de todo un proceso de producción, que va desde su elaboración hasta su comercialización.


En el plano nacional fue una sorpresa mayúscula: Oaxaca prohíbe la venta de comida chatarra a infantes, so riesgo, de sanciones, multas, clausura y hasta cárcel a los infractores.


El ejemplo podría cundir en otras entidades. El 6 de agosto, el gobernador de Tabasco, Adán Augusto López, anunció que la próxima semana enviará al Congreso de esa entidad una iniciativa para reformar la Ley General de Salud en términos similares a lo que se hizo en Oaxaca, para prohibir la comida chatarra.


Cuando la batalla del gobierno federal en contra de la comida chatarra estaba enfocada en la inminente entrada en vigor del etiquetado frontal de advertencia —que tanta inconformidad ha generado entre los industriales de bebidas y alimentos procesados—, de pronto cae como “bomba” la aprobación de esta iniciativa en la entidad que gobierna Alejandro Murat.


Al menos 15 organismos de la iniciativa privada rechazaron la medida que aprobó el Congreso de Oaxaca de prohibir la venta de bebidas y alimentos chatarra a niños, ya que no hubo apertura ni disposición para establecer mesas de trabajo en conjunto.


Se pronunciaron las cámaras industriales “Lamentamos que no hubo apertura ni disposición de establecer mesas de trabajo en el Congreso del Estado a efecto de trabajar conjuntamente, por lo que rechazamos la prohibición votada, sin tomar en cuenta a las partes afectadas”.


México es el segundo país del mundo con más personas obesas –solo por detrás de EE UU– y ocupa el sexto lugar en muertes causadas por diabetes. El Gobierno implementó el año pasado un impuesto especial para gravar alimentos hipercalóricos y refrescos azucarados. Y esta misma semana estrechó el círculo de la comida preparada –sándwiches, hamburguesas, burritos o sopas instantáneas– con una subida del IVA. El objetivo es desalentar su consumo, que cayó un 6% el año pasado.


Una realidad es cierta y verificable, en el país con las prohibiciones podrían quedar sin empleo miles de trabajadores directos e indirectos involucrados en la industria chatarra.


Las empresas productoras y distribuidoras de comida chatarra y refrescos artificiales tienen como personas consumidoras meta a los niños y niñas. Estos productos se comercializan en diferentes puntos de ventas, entre ellos, las cafeterías de los centros escolares públicos.


Este tipo de alimentos y bebidas se caracterizan por un contenido excesivo de azúcares, grasas y sal; inclusive existe incertidumbre sobre la presencia de trazas transgénicas en dichos productos. Por lo general, tienen buen sabor, son baratas y su empaque permite ingerirlas en cualquier lugar.


Las estrategias de publicidad de estos productos están dirigidas principalmente a la niñez y adolescencia, utilizando los recursos de imagen y sonido que son atractivos para estos grupos. El bajo precio y el fácil acceso a la comida chatarra lleva, a muchas madres y padres de familia, a considerarla como parte de la “lonchera escolar” o a incluirla en la misma dieta de las niñas y los niños, en sustitución de frutas y verduras.


Según estudios a nivel mundial las dietas basadas en alimentos industriales, tienen incidencia en el aumento de la tasa de sobrepeso, obesidad y anemia, así como el riesgo de padecer enfermedades crónicas, como la diabetes, problemas cardíacos, hipertensión arterial entre otras. Aunado a la posible presencia de trazas transgénicas, que pueden provocar alergias y resistencias a antibióticos.


El impacto económico va a ser decisivo, si las aprobaciones de los congresos estatales se van a dar de manera contundente como en Oaxaca, y como puede suceder en Tabasco. La industria dela comida chatarra se vendría abajo arrastrando a la industria refresquera.


Veremos.