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Editorial

La de Telmex, una huelga para la reflexión

En los tiempos actuales se han ido desterrando las huelgas de trabajadores, debido a que los empresarios aceleran las negociaciones para impedir que los reflectores los enfoquen negativamente por no cumplir con las demandas de las plantillas laborales.

Ahora que en Teléfonos de México estalló la huelga de brazos caídos, unos 60 mil hombres y mujeres en todo el país aducen que Telmex no les ha cumplido sus demandas desde hace más de tres años, situación por la que arrastran un déficit en la atención al ciudadano.

Desde hace una década, las empresas han buscado por todos los medios desarticular o minar la fuerza de los sindicatos. No les conviene que el trabajador haga antigüedad. Al contrario, buscan formas alternas para ir haciendo a un lado a la fuerza sindical.

En México, la de los electricistas, del magisterio y de Teléfonos de México, son de los sindicatos más fuertes que mantienen la hegemonía sobre los patrones. La SNTE, por ejemplo, se mantiene unida para ejercer un control casi total sobre el gobierno en la respuesta a las demandas que le plantean cada año.

Lo que denuncian los trabajadores de Telmex, en el sentido de que la subcontratación con mano de obra barata sin la capacitación adecuada, desplazando a los sindicalizados y dejando al recurso humano sin la protección a la que tienen derecho, es una realidad que se vive a diario en todas las empresas.

En la mayoría, no permiten las agrupaciones y quien se esté pasando de listo organizando a la plantilla laboral, simplemente les cortan el trabajo. Miles de casos se mantienen engavetados, pues las alianzas patrones con los funcionarios de la Junta de Conciliación y Arbitraje, ha sido una realidad. El que pierde siempre ha sido el trabajador.

Carlos Slim, el hombre recto de este gobierno, tiene una bomba de tiempo en sus manos, resolver este conflicto laboral que ha paralizado prácticamente a todo el país.

Justo lo que replicamos al inicio, Telmex intenta desaparecer del Contrato Colectivo de Trabajo la jubilación de los trabajadores de nuevo ingreso. Un derecho consagrado en la Constitución y que no sólo Teléfonos de México se quiere pasar por el arco del triunfo. En Chiapas y en cualquier parte del país, las empresas entregan contratos por tres meses con el fin de que el empleado no haga antigüedad o lo más insólito, hay quienes se blindan contratando a la plantilla laboral, pero desde un inicio les hacen firmar la renuncia adelantada “voluntaria”.

El panorama ha cambiado. Pocas, muy pocas son las empresas que velan por los derechos de sus trabajadores. La necesidad que tienen las miles de familias o cabezas del hogar hacen que se acomoden a lo que la compañía establece como su política empresarial.

Por lo pronto, en lo que se realizan las negociaciones, el tema del paro laboral da motivo a reflexionar sobre las condiciones laborales que imperan en el país y es acá donde el mexicano se cuestiona el trabajo que desempeña el legislador o senador para defender a la ciudadanía.

En los últimos tiempos no ha habido un solo diputado que se desgarre las vestiduras para encabezar un movimiento de apoyo a los trabajadores que dan todo. La política de sumisión impera en todos los partidos. Antes fue el PRI, después el PAN y ahora Morena, pero nadie, ningún representante político ha subido a tribuna para lanzar iniciativas que destierren los métodos leoninos de la clase pudiente.

Es cierto, existen excepciones, pero éstas son apenas contadas con los dedos de las manos. Quizás para cuando este material se publique, la consagrada huelga se haya conjurado. Lo importante es que haya preocupado a más de uno de los representantes del pueblo para empezar a defender los derechos laborales de los mexicanos. Aunque lo dudamos, fijemos nuestra esperanza de que así será pues la huelga en Telmex llama a la reflexión.

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