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Editorial

El del Socoltenango, un edil cínico e insolente

Cuando un alcalde, como el de Socoltenango, Juan Carlos Morales Hernández, se atreve a mentir aun teniendo todas las pruebas en contra, no nos imaginamos la clase de servidor público que es para un pueblo esperanzado de tener representantes populares honestos y transparentes en su actuar.

El martes pasado, el edil fue protagonista de un accidente automovilístico, donde una niña de 13 años que viajaba en un colectivo, tuvo que ser llevada de emergencia a la capital Tuxtla Gutiérrez para que recibiera atención médica especializada. El presidente negó el hecho.

Es más, sobre el percance se aprecian en unos videos que circulan en redes sociales y que Diario de Chiapas dio cuenta de ello, cómo el mandatario municipal en completo estado de ebriedad o bajo los efectos de alguna droga, no puede controlar sus movimientos. Tan es así que, sin camisa, con el pantalón a media nalga, al descender de la camioneta siniestrada, pierde el equilibrio y cae. Una docena de personas atestiguan cómo intenta agredir al conductor del colectivo con el que tuvo el percance y que le reclama su proceder.

Este como cualquier otro, son accidentes automovilísticos que se registran a diario y que forman parte de las estadísticas de pérdidas humanas o de millones de pesos en materiales. Nadie está exento de sufrir una calamidad como la que protagonizó el alcalde de Socoltenango.

Lo que es lamentable, es que a pesar de que se accidenta, el edil niegue su estado inconveniente en el que se encontraba, y lo que es peor, conduciendo una camioneta en esa condición se convierte en un asesino potencial. Las facultades no son las óptimas y aunque no nos toca decirlo, lo más seguro es que el responsable del percance haya sido él.

Su condición de servidor público lo obliga a respetar las formas y la convivencia social. No decimos que no eche trago o que se embrutezca con alguna droga, es muy su problema. Lo que se cuestiona es que, en estas condiciones, en un día hábil, donde debería estar trabajando, se le descubra hecho un guiñapo, como un andrajoso ser humano que no cumple con su función por la que fue elegido.

Además, el munícipe en su defensa, responsabiliza a su chofer de ser quien venía conduciendo la camioneta donde se transportaba. Lo malo es que la evidencia dice lo contrario. Se ve como es el propio Juan Carlos Morales Hernández el que desciende de la unidad en el asiento del conductor.

El alcalde, quien debería haber sido destituido de su encargo por el Congreso del Estado, no por el percance, sino por la desfachatez de mentir sin pena alguna, ya que se aprecia cómo se dirige de forma agresiva contra quien al parecer es el chofer del colectivo, a quien intenta agarrar del cuello, pero éste logra librar la agresión y se aleja unos metros, acompañado de una dama que con sus movimientos lo invita a no confrontarse.

Insistimos, el remedo de alcalde se burla no sólo de las personas afectadas, sino de toda la sociedad y de la clase política, ya que, con su respuesta en su cuenta de Facebook, tilda a todos de valemadrismo, de ser una persona que utiliza todo lo que esté a su alcance para engañar. No nos imaginamos cómo debe tener la administración municipal. 

Decíamos, en su cuenta personal de face, agradece las muestras de cariño de su gente pues “afortunadamente se encuentra bien, tranquilo y bendecido”. Confirmó el accidente, pero culpó al chofer del colectivo de atravesarse en su camino. Es más, a pesar de que se le ve bajar del asiento del conductor, niega que él manejara. Responsabiliza a su trabajador que desempeña tal labor.

Responsabilizó a los medios de comunicación, los que mal informan a la ciudadanía para obtener dinero, “no estábamos en estado de ebriedad, eso es totalmente falso; fue un accidente en la que no tenemos culpa alguna…”.

La sarta de mentiras promovidas por el edil lo exhiben tal y como es, un ser cínico, deschavetado y siendo así, representa un peligro para el municipio de Socoltenango. Qué debería hacer el Congreso del Estado en este caso, ¿llamarlo a cuentas, pedirle que no sea mentiroso, que responda por los daños ocasionados o lo obliguen a renunciar?

Lo cierto es que los chiapanecos no merecemos a esta clase de parásitos como gobernantes. El tema hace alusión a lo que hace ya casi tres lustros sucedió con el entonces diputado local, Édgar de León Gallegos, quien en un accidente murieron tres personas. Estaba en completo estado de ebriedad y aun así no admitía responsabilidad alguna. Lo bueno es que el tiempo pone a cada quien en su lugar.

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