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Editorial

En Morena, “el león no es cómo lo pintan”

El cochinero que se presentó en las elecciones celebradas a finales de julio en 20 estados del país, obligó a la Comisión Nacional de Elecciones del Partido de Regeneración Nacional (Morena), suspender, posponer o como usted le quiera llamar, la realización de los congresos estatales debido a que no hay condiciones por las impugnaciones interpuestas, que, incluso, podrían anular los comicios en diversos distritos.

Una decisión que ya se esperaba, a pesar de las declaraciones triunfalistas de los morenistas que presumían que la contienda, salvo algunos imprevistos normales de toda elección, fue transparente.

Después de elegir a los consejeros, la elección para votar por los nuevos presidentes estatales debería efectuarse el 13 y 14 de agosto, situación que se canceló, si se toma en cuenta que dos días antes de dichos comicios, habría de publicarse la lista de los resultados de los ganadores. En este proceso también se elegiría a nivel estatal a los titulares de la secretaría general; de finanzas; de organización; de comunicación; de educación, capacitación y formación política y de las mujeres.

Lo habíamos comentado en otra entrega, lo primero que tiene que realizar a profundidad el partido guinda es una operación cicatriz para curar todas las heridas, traducidas estas en diferencias por la forma en que fueron impuestos muchos de los hoy consejeros.

En su momento, Mario Delgado, líder nacional de Morena, sólo había reconocido anomalías menores en un número aproximado de 19. Un dato que quizás omitió o le fue mal informado, pues no se compara esta cantidad con las más de 400 que finalmente se registraron y que debe resolver la Comisión de Honestidad y Justicia por acarreo, compra de votos, riñas entre los militantes y quema de urnas.

Las decisiones que obligaron a Morena a suspender la elección es una prueba de lo que le viene en el futuro. No es lo mismo llenarse la boca de espuma y presumir de ser un partido recto, diferente, honesto, transparente, que no comete los mismos yerros de partidos que hoy son oposición, a comprobar en la realidad que estos postulados están lejos de cumplirse.

Sólo hay que recordar que los métodos para que la actual dirigencia nacional de Morena llegara al poder fue cuestionada. El procedimiento de las encuestas ha sido la vía fácil y manipuladora para que los allegados al poder se hayan encumbrado en las lides de las decisiones.

El ejemplo más reciente se tuvo con Delfina Gómez Álvarez, hasta ayer secretaria de Educación Pública, quien en una encuesta “robusta” de 4 mil 500 entrevistas telefónicas aplicadas a los habitantes del Estado de México -como la calificó el dirigente nacional-, ganó la candidatura para ser la representante del partido guinda en la elección programada para el 2023.

Esta declaración de que fue un escrutinio “robusto” es en realidad una tomada de pelo para los militantes del partido y para la sociedad en general, pues no tiene ninguna comparación ante el grueso de 17 millones de habitantes del Estado de México, de los cuales casi 11 millones están en la lista nominal, es decir, que pueden ejercer su voto.

Si se hace la división por afiliados, donde sólo hay cerca de 467 mil afiliados al partido en el poder en dicha entidad, la perspectiva cambia. Lo que pasa es que en la encuesta no contempla tal diferencia, pues ésta se realiza de manera general, sin que se conozca si al que llaman por teléfono es militante o simpatizante de Morena.

Claro está, no toda esta población es afín a Morena, pero los datos estadísticos se citan para ejemplificar que muchos de los adversarios dentro del mismo partido guinda están en contra del procedimiento tramposo que realizan las huestes morenistas.

Por ello, Morena debe currar heridas internas, de no hacerlo a la brevedad, el mundo se le puede venir encima. Si ayer fue una “carnicería” en la elección de los consejeros, no nos imaginamos qué pasará para cuando haya votación para los nuevos cuadros estatales. Esto de que no se quiere que arriben “consejeros a la mala” o candidatos que “quieren afectar” al partido, es el resultado de las imposiciones y la forma de dirigir a un partido que se jacta de ser hegemónico en sus acciones “transparentes”. Bien dicen que el “león no es cómo lo pintan”.

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