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Editorial

Por la hepatitis aguda, hablar con la verdad

Primero fue la pandemia del COVID, que pegó fuerte y hoy parece que ya se ve el final del túnel. Por lo menos en Chiapas tenemos la esperanza de que ya no habrá otro golpe certero con eso de las nuevas cepas. Y efectivamente, no hemos salido de una, cuando la psicosis emocional se centra en la salud de los niños. En varias partes del mundo y de México, ya se habla de la aparición de un extraño caso de hepatitis en los niños, cuyos orígenes son totalmente desconocidos para los científicos que están trabajando para detectar su procedencia.

Mientras se investiga, se especula que los casos registrados en niños mexicanos en las últimas cuatro semanas podría ser una secuela al Covid-19, cuyo virus se resguarde en el área intestinal y posteriormente se desarrolle. Los médicos han reportado que en algunos casos el bebé presenta elevación de transaminasa, que es una característica que hace diferente a los otros tipos de hepatitis viral A, B, C, D, E.

En realidad, el sector Salud no ha dado a conocer oficialmente el número de casos con estas características en los bebés hasta en personas de 16 años. Por la trascendencia del caso, y por la ingrata experiencia que se tiene en el manejo de la información desde que apareció en México el COVID, el gobierno federal debe hablar claro y no esconder ni cifras ni consecuencias. Al contrario, debe ser preciso y transparente para que la sociedad sepa a qué atenerse.

Claro, no se trata de entrar en pánico, pero a diferencia del coronavirus, esta extraña enfermedad pega en donde más le duele a un padre, a una madre: en sus hijos. Con el COVID los niños estuvieron “blindados”, pues por sus altas defensas no fueron objeto central para que contrajeran el virus, pero hoy la hepatitis empieza a causas escozor, a preocupar y ocupar a los mexicanos y en este caso, a los jefes de familia.

Por ello, el subsecretario Hugo López Gatell debe cambiar de chip, debe anteponer la política del suspenso y no seguir engañando con el cuento, para el caso de la hepatitis aguda, que “se descarta que se trate de un número “inusual”, que “no hay evidencias de que sea una enfermedad de rápida propagación”, como lo afirmó en una de las mañaneras de la semana pasada. El 17 de mayo dijo que “no hay ninguna indicación de que se trate de una enfermedad infecciosa, tampoco se descarta, lo vamos a estar estudiando”. Palabras huecas que rayan en la especulación.

Al día de hoy hay casi una treintena de casos y tal como empezó con el COVID, el funcionario estrella en este gobierno en materia de salud vuelve a desestimar que la enfermedad pueda causar estragos. No tiene por qué hacerlo si efectivamente desconoce los efectos que pudiera tener. Al contrario, debe alertar a la población para estar pendiente de cualquier síntoma que presenten los niños.

Es sabido que dependemos de las investigaciones científicas de países de primer mundo, y por ello debemos estar atentos de lo que diga la Organización Mundial de la Salud sobre los avances de las investigaciones. El protagonismo en estos menesteres debe ser cosa del pasado y ojalá López Gatell haya aprendido la lección con el      COVID.

Lo anterior lo decimos porque con tanta alharaca se anunció cuando estaba en su apogeo el COVID, que los científicos mexicanos ya estaban a punto de terminar la vacuna que contrarrestaría el virus. A dos años y medio, ya cuando al parecer se está saliendo de la crisis, no hay tal Patria, nombre que se le dio a la vacuna para los mexicanos.

Por lo pronto, urge aprovechar espacios masivos, por ejemplo, la mañanera, para que en lugar de abordar el tema de los conservadores o el pleito que se tiene con los comunicadores, se difundan campañas objetivas de información sobre lo que se tiene y se sabe de la hepatitis aguda. Remarcar las recomendaciones a las que haya lugar, pero, sobre todo, hablar con la verdad para saber a qué atenerse.

Aunque se diga a nivel mundial que los riesgos en detrimento de la salud de los niños son bajos en relación al número de casos y a las causales mortales existentes, las autoridades de la Secretaría de Salud deben poner sus barbas a remojar, pues en este mundo volátil y de cambios inesperados provocados por el mismo deterioro que el hombre le ha causado al medio ambiente, todo puede suceder.

Es cierto, a lo largo de la existencia de la vida ha habido enfermedades catastróficas que han provocado muchas muertes, aunque también es cierto que en este siglo XXI el avance de la ciencia ha maravillado. Sin embargo, no está demás salvaguardar la vida de los mexicanos con políticas de salud informativas y transparentes.

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