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Proyecto de reconciliación

Letras Desnudas

Mario Caballero

La postura de Ricardo Monreal es percibida desde dos opuestos puntos de vista. El primero, que su aspiración por la candidatura presidencial de Morena, aunque legítima, es un desafío abierto al presidente Andrés Manuel López Obrador, quien desde mediados del año pasado hizo entrever que su favorita era y sigue siendo Claudia Sheinbaum, la malograda jefa de Gobierno de la Ciudad de México.

El segundo punto es que es el político con mayor capacidad para darle una inteligente continuidad al proyecto en curso. La ruta obligada, pues.

Considero que los dos puntos de vista son acertados. La aspiración de Ricardo es un embate al oficialismo que se resiste caprichosamente a establecer piso parejo para que todos los aspirantes a dicha candidatura puedan participar en igualdad de condiciones.

Asimismo, Monreal es por mucho, entre todos los aspirantes, el que más batallas ha ganado en el campo electoral, el que más ha fortalecido al gobierno de López Obrador mediante las distintas reformas legislativas que han sido aprobadas por su interlocución con las demás fuerzas políticas en el senado, el que tiene mayor arraigo como político de izquierda y cuyas propuestas van en el sentido no de darle una simple continuidad a las políticas de la 4T, sino mejorarlas con el propósito de lograr mayor desarrollo económico, mayor seguridad y, especialmente, la reconciliación del país.

El asunto es que Ricardo Monreal es demasiado inteligente y buen político para no saber en lo que se está metiendo al querer luchar contracorriente por la candidatura presidencial de Morena. Y, por consiguiente, sería muy tonto de su parte que sucumbiera a su aspiración por temor a no confrontarse a los caprichos de los que mandan en Morena y en Palacio Nacional, sobre todo cuando tiene mucho con qué pelear.

ADVERSIDAD

Él sabe que es un sobreviviente de la política. Con esta nueva embestida, no sería la primera vez que pasa por una adversidad.

A finales de los noventa, en 1998 para ser precisos, el presidente Ernesto Zedillo se opuso tajantemente a que obtuviera la candidatura del PRI al gobierno de Zacatecas. Esto, sin embargo, no lo amedrentó y se fue al Partido de la Revolución Democrática a invitación expresa del ahora presidente de la República Andrés Manuel López Obrador, entonces líder del PRD. Así que cargó sus maletas, se mudó de partido, ganó la elección y gobernó su estado natal, donde dejó importantes obras de infraestructura, un clima de seguridad y las bases para el desarrollo económico y social.

En 2018 le pasó algo similar. Esta vez no se le puso en su camino un presidente de México, sino el presidente nacional de Morena, AMLO, quien lo traicionó al negarle la candidatura a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México cuando esto era un plan que entre ambos habían trazado tres años antes.

Recordemos que en 2015, Monreal aceptó ser lanzado como candidato a jefe de la Delegación Cuauhtémoc. Una nominación que a todo mundo sorprendió debido al peso de su currículum. Había sido gobernador, senador, diputado y ser jefe delegacional después de todo esto le quedaba muy chico.

Sin embargo, aceptó bajo el entendido de que al convertirse en delegado empezaría a construir su proyecto para ser el próximo jefe de Gobierno de la capital del país. Así, en 2018, con el apoyo de Morena, que venía en ascenso en popularidad, ganaría sin problemas la elección a jefe de Gobierno y López Obrador le dejaría la operación electoral de la Ciudad de México para que él se concentrara en hacer campaña en otras partes del territorio nacional.

Sin duda, un plan perfecto para Ricardo. En el caso de que AMLO ganara la presidencia él se convertiría en el candidato natural a la presidencia en 2024, incluso si éste perdía él sería el morenista con más poder en el país, lo que lo llevaría al mismo objetivo. Pero no fue así.

Por una extraña razón, el dedo de AMLO apuntó a Claudia Sheinbaum, quien en un proceso opaco y mal organizado resultó supuestamente como la candidata ganadora. Y para que no quedara duda de que el tabasqueño estaba obstaculizándole el paso, se anunció que Martí Batres había quedado en segundo lugar, siendo el tercero para Monreal.

Fue así que terminó en el senado, pero como líder de los legisladores morenistas. Desde ahí, lejos de amilanarse y pese a la ingratitud del presidente, de las campañas de odio en su contra por parte de Sheinbaum y de otros morenistas que fungen como sicarios políticos, tal como la gobernadora de Veracruz, Layda Sansores, Monreal se ha fortalecido. Por cada golpe en su contra, crece su reconocimiento, su prestigio, tanto dentro como fuera del partido y el régimen. En estos tiempos que nuestra política se caracteriza por la falta de prestigio, él se ha ganado la aprobación y el respeto de muchos.

CERTEZAS

Como podemos percatarnos, Monreal ha sido un político que ha sabido navegar en aguas turbulentas. Por eso no es extraño que hoy día, frente al poderío avasallante de López Obrador, la falta de contundencia de la oposición y la inexistencia de opciones reales para la sucesión presidencial, esté en el senado lo mejor que hay en la política y en todos los partidos, con Ricardo Monreal encabezando la lista.

Decíamos que Ricardo es demasiado buen político para no saber que al enfrentarse a AMLO está enfrentándose a un monstruo político. No obstante, ya le ha ganado varias batallas importantes. Como en la renovación de la presidencia del senado y en evitar que se celebrara en una misma fecha la revocación de mandato y la elección intermedia.

Para ello fue vital el consenso de Monreal con las otras fuerzas partidistas en el senado para tomar la decisión de proteger la equidad en la contienda e impedir la manipulación oficial de los comicios, que fueron legítimos.

Igualmente, ante la campaña de denostación por parte de Layda Sansores, Monreal recibió el respaldo de la mayoría de los senadores morenistas y de todos los legisladores del PRI, PAN, PRD y Movimiento Ciudadano. Esta, señal inequívoca, de que el zacatecano es bien recibido por la oposición.

PROYECTO DE RECONCILIACIÓN

Monreal le está apostando a la reconciliación como proyecto de nación. Ciertamente, es lo que México necesita después de cuatro años de polarización, de insultos a la oposición, de falta de respeto al que piensa distinto y de descalificaciones y acusaciones a rajatabla al que no comulga con la 4T.

“Sí podemos y debemos reconciliar a México, hagámoslo, respondamos a cada provocación con propuesta de reconciliación… Una vez que lleguen los tiempos legales nos vamos a inscribir para contender a la presidencia de la República y suceder al presidente López Obrador. Queremos ganar a la buena, con el pueblo, con la verdad, con la actitud directa y honesta de convencer a México… Tenemos las mejores propuestas”, dijo durante la presentación de su proyecto ante una Arena México repleta, y ese es el mensaje que necesita este país divido.

Ha dicho muchas veces que él no quiere dejar a Morena ni abandonar el camino de la Cuarta Transformación, pero la ruta para Monreal parece estar en la oposición. Sí, encabezar un proyecto de reconciliación nacional en un marco de gobierno de coalición.

@_MarioCaballero

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