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Editorial

Morena, el poder por el poder

En esto de la política, el presidente Andrés Manuel López Obrador se la sabe de todas, todas. Ha sabido tener el control de la agenda política. Un día sí y otro también se pelea o discrepa con sus opositores. Cuando todos piensan que el tren se empieza a descarrilar se mete en política exterior y lo mismo le da por contradecir en apariencia lo que dice el presidente Joe Biden, o se mete con España, Panamá, Cuba, Venezuela, Nicaragua o lo más reciente, Colombia. El objetivo es llamar la atención, que se hable de él.

Sus oponentes se desgarran las vestiduras para criticar la forma en que conduce los destinos del país, pero cuando piensan que ya han acorralado al mandatario y creen haberle dado un golpe al hígado, éste les regresa el gancho a la quijada.

Hace un año, en julio destapó a sus corcholatas rumbo a la presidencia de la República, es decir tres años antes de la elección rumbo al 2024. Ningún gobernante lo había hecho con tanto tiempo de anticipación. Por ello el mandatario se consagra en el manejo de las cartas.

Desde el 2021, el tema de los destapados está vigente. Lo que AMLO quería es que todos hablen de ellos. Bien o mal, pero ahí están, en boca de todos. Son tema de sobremesa y en tanto el presidente, sonriente, desde Palacio de Gobierno, sigue operando su juego de ajedrez.

Al maquinar desde la mañanera a una docena de corcholotas como las probabilidades para sucederlo, López Obrador da de qué hablar y mantiene a distancia a la oposición, que no acaba de entender que o se junta con todo desde ya o conforme vaya pasando el tiempo se irán debilitando, dándole toda la posibilidad de triunfo arrasador al partido que creo el presidente. No es que seamos magos, no. Morena repetirá en la presidencia.

La operatividad de AMLO lo garantiza, pero para que no sea un triunfo de cabo a rabo, la oposición tiene poco tiempo para armar su estrategia que lo lleve a mejorar la presencia en las cámaras Baja y Alta, donde pueda tener mayor contrapeso a las acciones en las que están incurriendo los legisladores y legisladoras del partido guinda, muchas de ellas de forma atropellada, sin que haya margen de negociación a lo que presentan las bancadas opositoras.

Aunque el Presidente tenga el control, el riesgo de fractura en el partido Morena sigue latente pues todos quieren el poder y su disputa, como ya se ha visto, será encarnizada. Los pronunciamientos y acciones de los presidenciables están enfrentándolos entre sí y esto continuará hasta donde AMLO, claro está, lo permita. Es parte del show.

Eso sí, el dominio absoluto que ejerce el presidente se acaba de reflejar en el reciente destape que el canciller mexicano Marcelo Ebrard realizó el fin de semana pasado desde Jalisco. Dijo que ahora sí lo dieran como un precandidato, que buscará llegar a ser el bueno por Morena y para ello iniciará recorridos por el país para darse a conocer. El destape oficial no estaba en los planes del mandatario federal, prueba de ello es que no habían pasado ni 24 horas del anuncio que sorprendió a todos, que el titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores se reportó con COVID. ¿Lo regañaron? ¿Su pronunciamiento no estaba avalado por el Presidente? Lo que sea, una regla no escrita que corrobora que el que manda y dice lo que se hace es el presidente mexicano.

La decisión de Ebrard movió las extrañas de su mayor adversaria a la vista: la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, quien ha de haber hecho la bilis de inicio de semana. Las intrigas, los golpes bajos, los pronunciamientos, acusaciones mutuas se irán dando poco a poco.

“Yo no me voy a distraer, no voy a dejar de hacer todo lo que tengo que hacer, pero sí es muy importante que, conforme se van determinando las reglas, pues estemos ahí presentes”, dijo el canciller. En respuesta Sheinbaum, quien también tiene Covid, sólo se limitó a decir que (Ebrard) está en todo su derecho a manifestarse.

Como los réferis, el dirigente del partido guinda salió al paso para decir que las corcholatas no rompan la unidad, que no dividan. Lo cierto es que este circo como se hacía hace varias décadas revivió con otros colores, pero en el fondo, los que representan el poder les sobresale la afinidad política que distinguieron la forma de operar el sistema que ahora tenemos y que se esfuerzan en desterrar con dichos y prácticas del ayer.

La diferencia es que hoy, pregona Morena, no se viola la ley electoral con eventos adelantados, no, ahora es una democracia abierta, sin hipocresías. No hay duda, los tiempos no han cambiado para hacer política, la cual cada vez se parece al pasado. Pero eso no importa, lo que interesa es pelear el poder por el poder.

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