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Editorial

Tiempo de recapacitar

“El respeto al derecho ajeno es la paz” es la máxima que dijo Benito Juárez, el llamado indio de Guelatao, Oaxaca, hace más de 200 años y que hoy sigue rigiendo el ir y devenir de los mexicanos. Esta frase del Benemérito de Las América está registrada en el Manifiesto expedido el día que entró a la Ciudad de México el 15 julio de 1867, después de cuatro años de lucha contra la intervención francesa y el Imperio de Maximiliano, y refleja el carácter universal de este mexicano.

Hoy, en los tiempos modernos, la polarización entre los grupos por conservar o, en su caso, alcanzar el poder, se hace más vigente. Juárez, ejemplo de América, murió en el mes de julio del año de 1872, cuando aún fungía como presidente de México. De él se destaca el haber impulsado las Leyes de Reforma que separaron a la Iglesia del Estado, la antesala de lo que se conoce como las instituciones civiles actuales.

Fue un presidente que luchó y encabezó la lucha por la soberanía e independencia de México. Dentro de 15 días será su aniversario luctuoso y seguramente será recordado por su gran amor a México.

Hoy en día, queriéndose comparar con esta gran figura, el presidente Andrés Manuel López Obrador ha adentrado su política para estar presente en cada uno de los rincones de Oaxaca, entidad de donde era originario el estigmatizado personaje por el que en los “centros de convivencia social” se escucha mucho decir, cuando alguien no le tiene miedo a nadie, “me hace los que el viento a Juárez”.

Los extractos relacionados al singular personaje vienen a cuento por el desencuentro que el mandatario ha tenido con la Iglesia Católica, a raíz del asesinato de los dos jesuitas el pasado mes de junio, en un poblado de la sierra del estado de Chihuahua, donde la presencia del crimen organizado es la ley que predomina y por la cual, se ha criticado al presidente por no hacer frente con una estrategia certera a las organizaciones que han crecido y que cada día tienen secuestrado al país.

Al Presidente AMLO se le reprende que su frase célebre -nada comparable con la de Juárez, la de “abrazos no balazos” para enfrentar a los cárteles-, permita que haya impunidad. Él asegura que el tiempo le dará la razón pues está convencido que la violencia no se combate con más violencia. Sin embargo, sus adversarios dicen que confunde el término, ya que lo se quiere es que se aplique la ley contra los criminales, que se les detenga, que se encarcele a los líderes, que se les juzgue,

La política contra el crimen organizado es un fracaso, “los abrazos ya no nos alcanzan para vivir con los balazos”, había dicho el sacerdote jesuita Javier “Pato” Ávila Aguirre durante la homilía de cuerpo presente de los jesuitas Joaquín César Mora Salazar y Javier Campos Morales. Lo que desató la bomba fue cuando dijo que AMLO debe revisar su política y estrategia de seguridad.

“Es grande el dolor que dejan con su muerte, pero no se debe olvidar qué hay miles de muertes en el país que siguen manteniendo el dolor y la tristeza en sus familias”, había sentenciado el párroco.

¿Qué quieren entonces los sacerdotes? ¿Que resolvamos los problemas con violencia?», «¿Por qué esa hipocresía? Eso no se debe permitir a nadie y mucho menos a un religioso, sea pastor o sacerdote. Cuidado con la politiquería (…)». ¿Vamos a apostar a la guerra? ¿Por qué no actuaron (los sacerdotes) con Calderón de esa manera?, fue la inédita respuesta del mandatario a los reclamos de justicia.

El papa Francisco, desde Roma, expresó, por su parte, su dolor y tristeza por el asesinato de los dos religiosos, hermanos míos jesuitas, y un laico. ¡Cuántos asesinatos en México!”

Lo cierto es que algo está pasando que debe corregirse, pues no puede pasar el tiempo, y el rencor y el odio, sigan predominando como los máximos obstáculos para no permitir el crecimiento de un país que se va quedando estancado, propio de los gobiernos tercermundistas que existen en Centro y Sudamérica.

No más peleas, queremos que se gobierne, que haya solución a los conflictos. Dejemos atrás lo que hizo Carlos Salinas, Felipe Calderón, Vicente Fox, Enrique Peña Nieto, Diego de Cevallos, lo que haya hecho Televisa; los desencuentros con el EZLN, con la familia, con la oposición, con exgobernadores, con los medios de comunicación, con los órganos desconcentrados como el INE, con presidentes de otros países. Centremos la encomienda en razonamientos, en diálogo, en dispensas.

Son tres años y medio que pareciera se están echando a la basura. Estamos a tiempo, en una de las máximas del verdadero Mesías, de “amar los unos a los otros”, de fomentar la reconciliación y el progreso. El poder por ahora está garantizado, no hay que “ponerle tres pies al gato”. Lo que hay que hacer es gobernador con la ley en la mano. No más.

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