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Juan Eduardo Martínez Leyva

Se puede decir que el nacimiento de Aquiles, de acuerdo con algunos textos mitológicos, estuvo rodeado de circunstancias extraordinarias o especiales. Incluso mucho tiempo antes de estar en el vientre de su madre, existían ya profecías en torno a su destino.

Se cuenta que Zeus y su hermano Poseidón pretendían el amor de la hermosa deidad marina, Tetis. Ambos fueron advertidos por la titánide Themis, diosa de la justicia y la equidad, que el niño que un dios engendrara con Tetis sería más poderoso que su padre y llegaría a manejar con mayor destreza el arma predilecta de cada uno, en este caso, el rayo o el tridente.

En la versión contada por Ovidio se dice que la predicción había sido hecha por el dios marino, Proteo, a la propia Tetis. De cualquier manera, Zeus, que sabía perfectamente lo que ese vaticinio significaba, pues él mismo había vencido y destituido a su padre, Crono, desistió de la conquista amorosa de Tetis y convocó a una asamblea en el Olimpo en la que se decidió que su casamiento debía ser con un mortal.

El hombre que los dioses escogieron para desposar a Tetis fue Peleo. Un héroe legendario perteneciente a los temidos guerreros conocidos como los mirmidones. Entre las acciones heroicas de Peleo se cuenta haber ayudado a Heracles a derrotar a las Amazonas y a rescatar el Vellocino de Oro en la expedición de los Argonautas dirigida por Jasón.

De la unión de Tetis y Peleo nació Aquiles. El matrimonio no resultó fácil de consumar porque no era deseo de Tetis unirse con un mortal. Fue resultado de una persistente persecución que el héroe hizo de la nereida, hasta que, con la ayuda de Zeus, logró atraparla.

Tetis anhelaba que su hijo hubiese sido inmortal, pero, debido a la naturaleza humana de Peleo, eso no fue posible. Entonces buscó, con ayuda de la magia, hacerlo al menos invulnerable a los peligros de la vida y eternamente joven.

Algunos relatos hablan de que, siguiendo los consejos de Deméter, diosa de la agricultura, todas las noches Tetis pasaba al pequeño Aquiles por la hoguera para quemar las debilidades de su cuerpo. Por las mañanas, untaba en su piel quemada una substancia melosa que lo reconfortaba. Peleo vio una noche, aterrorizado, cómo su hijo ardía en llamas, lo jaló del tobillo derecho ya carbonizado para liberarlo del fuego y le prohibió a Tetis continuar con la cruel hechicería. La nereida abandonó a su pequeño hijo, el cual fue enviado por su padre con el centauro Quirón, de quien recibió una instrucción de calidad, tanto en asuntos de la cultura como de la guerra.

La historia más conocida y aceptada dice que al nacer Aquiles, Tetis lo sumerge de cabeza en las aguas mágicas del río Estigia y, de esta forma, todo su cuerpo se hace invulnerable a las heridas, excepto por lo que se refiere al talón derecho, que es el lugar del cuerpo que el Estigia no alcanza a cubrir porque de esa parte lo sostiene la mano de su madre.

En la Guerra de Troya, Aquiles es un guerrero implacable, pasa por su espada a infinidad de troyanos. Entre ellos a Cicno, Mnemón y Troilo, hermano de la princesa Políxena. Sobre Aquiles pesaba también la muerte de Héctor, el más grande de los héroes troyanos y, sobre todo, nunca se olvidó el trato indigno que le dio a el cadáver producto de su incontrolable carácter iracundo.

Poseidón y Apolo nunca le perdonaron a Aquiles la soberbia e injusticia en su actuar en la guerra y ambos se confabularon para propiciar la muerte del invencible guerrero. Se dice que fue Apolo el que buscó al príncipe Paris para que, en medio de un combate, dirigiera su flecha a la parte vulnerable del cuerpo de Aquiles. Algunos señalan que fue el propio Apolo, disfrazado de Paris, el que dirigió la flecha envenenada hacia su talón, causándole una muerte dolorosa.

En otra versión, se relata que el rey Príamo de Troya y Aquiles habían hecho un trato: Príamo permitiría el matrimonio entre Aquiles y la princesa troyana Políxena, de quien estaba enamorado, a cambio de que Aquiles renunciara a combatir del lado de los aqueos. Políxena, usando ciertos artilugios, hizo que Aquiles le revelara cuál era la parte de su cuerpo que estaba expuesta. Le pidió entonces que se presentara descalzo al Templo de Apolo, en donde se realizarían los sacrificios correspondientes a la boda. Políxena no le había perdonado a Aquiles el asesinato de su hermano Troilo. Aquiles acudió al templo como la novia lo había requerido y París, que se ocultaba detrás de la imagen del dios, le lanzó al talón derecho una flecha envenenada.

Actualmente usamos la expresión “talón de Aquiles” para referirnos metafóricamente a la parte débil o vulnerable de algo o a alguien. A aquello que está expuesto al peligro o al daño irreparable y que no cuenta con defensa, antídoto o mecanismo que revierta el inevitable deterioro o muerte.

En el caso de Aquiles, su debilidad física era su talón derecho, esa parte de su cuerpo que Tetis no pudo sumergir en el Estigia; pero se puede decir que lo que hacía realmente vulnerable al héroe era su carácter soberbio e irascible. La incapacidad para controlar su cólera lo llevó a cometer actos de venganza y violar las reglas y códigos más elementales de la guerra. El trato indigno dado al cadáver de Héctor, al atarlo a su carro, arrastrarlo rodeando a la muralla de Troya y dejarlo a la intemperie durante doce días, produjo el enojo de los dioses y fue lo que propició que Poseidón y Apolo se confabularan para destruirlo.

Se dice que nada es eterno y que todo tiene un principio y un fin, sin embargo, desde tiempos inmemoriales ha sido obsesión humana buscar, como lo hizo Tetis para Aquiles, un imposible: el elixir de la vida, la piedra filosofal, o la fuente de la inmortalidad. En el ciclo de la vida y de la muerte hay cosas que llegan a su fin como producto de un ciclo natural y otras por su talón de Aquiles.

Para ubicar en el contexto electoral la metáfora que tiene su origen en la mitología griega terminaría preguntando: ¿cuál es el talón de Aquiles de la democracia? Acaso es la demagogia populista que logra que el voto ciudadano se decante mayoritariamente, como flecha envenenada, por opciones políticas que propician su muerte prematura.

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